Ajustes, Daños e Indemnizaciones

Fred, enemigo natural: Siniestro de embarcación en aguas internacionales

“Había utilizado su embarcación para recorridos turísticos antes de que la covid llegara, pero paró de trabajar. ‘¿Qué voy a hacer con mi nave?’, se preguntó. Como se acercaba la temporada de huracanes, decidió asegurarla”. Así comienza el relato de Gwendolyne Gama, quien nos compartió un siniestro de película.

La embarcación de Alexandre llevaba más de un año en desuso. Al aproximarse los primeros huracanes de 2021, él y su esposa Carmen pensaron que la nave estaría mejor fuera de México, pues así evitarían daños. Su idea era traerla de regreso a Cancún cuando volvieran a obtener el permiso para darle un uso turístico, pues a ello la destinaban mucho antes del coronavirus. Aquí no había dónde guardarla porque sus dimensiones eran enormes, 25 m de eslora por 12 m de manga, y no había marinas secas para su tamaño.

La nave para 98 pasajeros y 3 tripulantes había estado asegurada hasta hace dos años, pero la protección ya no se renovó cuando la embarcación dejó de usarse para los paseos turísticos. Por una recomendación, Alexandre se enteró de que Gwendolyne era asesora, así que se comunicó con ella para expresarle su intención de adquirir un seguro para la nave.

En 2020, la temporada de huracanes fue muy intensa en Cancún. La pareja no quería perder el barco, sobre todo después de tanto tiempo sin aprovecharlo. Se requería una marina seca apropiada que no estaba disponible en Quintana Roo y se pretendía llevar la nave al extranjero para guardarla allí hasta que pasara el peligro. Con una manita de gato y los trámites correspondientes, los esposos planeaban volver a ofrecer recorridos turísticos.

Gwendolyne reunió toda la información relevante posible a través de un extenso formulario, para identificar las necesidades reales de la pareja. Además, platicó con Alexandre y Carmen sobre las características de la nave, la cantidad de personas que estarían a bordo, los intereses que pretendían asegurar y muchas otras cuestiones. Luego, realizó con la señora una lectura minuciosa de las condiciones generales de la póliza, pues «en la medida que los interesados entendieran cómo funcionaría el seguro y sus condiciones generales, sería más fácil cotizar y emitir lo que ellos buscaban y necesitaban”.

Ella nunca había leído con un cliente todas las condiciones generales, ya que generalmente los interesados solo solicitan la protección básica. El caso de la pareja extranjera era muy diferente, pues debía discriminar con mucho cuidado qué sería útil y qué no, ya que la embarcación estaba valuada en 9 millones de pesos y cualquier error que impidiera la procedencia de una reclamación significaría tirar a la basura esa enorme suma.

La cotización fue regresada a la aseguradora un buen número de veces antes de ser aceptada. Alexandre y su esposa querían contratar coberturas extras, pero no fue posible por la antigüedad de la embarcación. Al final, la póliza costó alrededor de 130 mil pesos. Los deducibles y coaseguros dependían de cada cobertura afectada.

Gwendolyne nunca había atendido un siniestro como el de la pareja extranjera, pues todas las embarcaciones que había asegurado antes eran pequeñas y no salían de Cancún. En esta ocasión, aplicó todos sus conocimientos y notó que ningún papel está nunca de más.

El siniestro parece sacado de una película. Los clientes se presentaron en la capitanía del puerto para encargarse del papeleo, solicitar el permiso para navegar en aguas internacionales y notificar los puntos de partida y destino. Cuando todo estuvo en orden, decidieron esperarse un par de semanas porque habían empezado las tormentas tropicales. Una vez que hubo buen clima, salieron hacia República Dominicana. Un poquito antes de llegar allí quedaron atrapados por la tormenta Fred. El altísimo mástil se rompió y el barco se partió a la mitad.

Antes de que la nave comenzara a hundirse, Alexandre, su esposa y el tripulante que los acompañaba trataron de comunicarse con la capitanía de República Dominicana, pero cuando esta finalmente atendió su llamado les dijo que no podían atracar allí por la tormenta.

Al romperse el barco, la pareja y el único tripulante que los acompañaba se lanzaron al agua con las llantas y los chalecos salvavidas. Como sabían hacia qué dirección debían nadar, empezaron a moverse. Los esposos alcanzaron unas rocas y se aferraron a ellas, pero el frío, la fuerza del oleaje y la tormenta implacable los hizo pensar que era su fin, así que empezaron a despedirse. Como habían perdido de vista al tripulante, la situación parecía más desfavorable. Por fortuna, a pesar de estar entre seis y ocho horas en el mar abierto, los tres sobrevivieron.

La marina dominicana rescató a los náufragos que, por la rapidez de los sucesos, solo habían rescatado algunos documentos básicos en una bolsita. El tripulante fue encontrado en otro lugar. De inmediato, los tres fueron llevados al hospital naval, donde estuvieron un par de días. Ninguno de ellos contaba con identificación, ropa o dinero. A pesar de que el miedo seguía en sus mentes, Alexandre consiguió ver su correo electrónico, donde encontró el número de teléfono de Gwendolyne, y se comunicó con ella para contarle qué había pasado y solicitar su ayuda.

Gwendolyne llamó a la compañía e informó todo. Tampoco el centro de atención telefónica había atendido jamás un siniestro tan grande de embarcación, pero aún así la respuesta de la aseguradora fue increíblemente rápida. El ajustador asignado al caso vive en Veracruz y al parecer es bastante conocido, pues domina el procedimiento y tiene conocimientos en ingeniería naval.

El caso sigue abierto porque las cuestiones burocráticas en República Dominicana son mucho más complejas y tardadas que aquí. Cabe mencionar que la pareja tuvo que contratar a una empresa para sacar del mar los restos de la embarcación, pues la capitanía de ese país debía confirmar que no existieran daños ecológicos, pues solo tras la liberación de cargos por impacto ambiental se autorizará a los sobrevivientes regresar a México.

Los asegurados están muy agradecidos con Gwendolyne porque no han tenido que preocuparse por casi nada, pues ella los acompaña, ayuda de múltiples formas y orienta sobre qué se necesita y cómo deben solicitar cierto documento. Como la póliza tiene cobertura médica, de daños por huracán, de daños ambientales y de remoción de escombros, se espera que la indemnización sea de al menos 10 millones de pesos.

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