Seguros

Seguro agropecuario, un nicho abandonado

Adriana Oropeza Flores / Directora editorial, Revista Siniestro

Para aproximarnos a las coberturas de la póliza agropecuaria y a los desafíos que este tipo de productos enfrenta en México, entrevistamos al doctor Israel Trujillo, a quien agradecemos por su tiempo y apoyo en el desarrollo de esta nota. Él cuenta con una amplia experiencia en nuestro mercado, pues tiene 14 años de trayectoria y actualmente funge como director corporativo jurídico de un grupo empresarial integrado por seis compañías del sector asegurador.

La póliza agropecuaria es un mecanismo diseñado para dar continuidad a los procesos productivos del campo cuando se presentan obstáculos derivados de factores no controlables por el agricultor, como clima adverso, plagas y enfermedades. Al prevenir, mitigar y proteger de manera efectiva esta clase de riesgos, este seguro fomenta el desarrollo rural mexicano y contribuye al crecimiento de la economía nacional.

Entre los beneficios que ofrece esta protección, se encuentra la compensación de pérdidas de producción y daño a los activos productivos, lo que ayuda a distribuir el riesgo y la carga de la recuperación entre el sector público y el privado, incentivando así la inversión incluso en los cultivos más riesgosos. Para obtener dicha compensación, el asegurado debe dar aviso inmediato a la aseguradora, dentro del plazo establecido, pues está sujeta a exclusión si no se da aviso de forma inmediata a la aseguradora.

Los organismos públicos han buscado que los pequeños agricultores tengan la posibilidad de acceder a un seguro que proteja su inversión. Esto se logra a través de los fondos de aseguramiento, que son asociaciones de productores agrícolas o ganaderos de nacionalidad mexicana que operan bajo el principio de mutualidad, cuya finalidad es autoasegurarse para proteger y dispersar el riesgo. Dichos fondos son reasegurables. La aseguradora pública Agroasemex participa en esta iniciativa con sus productos o servicios de reaseguro.

El desarrollo de los agricultores está ligado a las instituciones financieras que se encargan de otorgar créditos. Antes la Secretaría de Hacienda y Crédito Público lanzaba un programa anual de subsidio de prima de seguro agropecuario. Durante los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto, el productor no pagaba más del 40% de la prima, lo cual fomentaba el consumo de este tipo de póliza. Sin embargo, el subsidio se canceló al iniciar la 4T, lo que provocó una contracción del negocio y un mayor acercamiento de los productores a los fondos de aseguramiento y a Agroasemex, dejando de lado a las aseguradoras privadas. De aquí que la colocación de las primas ha decrecido entre un 60 y un 70%. Pese a este panorama, la penetración del seguro agropecuario en México es mayor que en Argentina y Perú, donde hay muchísimo menos apoyo para los productores.

El doctor Trujillo nos comenta que una de las razones por las que el consumo de este producto no ha aumentado es la falta de difusión y fomento por parte de los gobiernos. Para reducir el desconocimiento de esta protección, él nos indica algunas de las coberturas que se ofrecen:

  • Seguro agrícola a la inversión.
  • Riesgo único y riesgo nombrado.
  • Pérdida de producción, es decir, costos de inversión hasta el momento del siniestro.
  • Pérdidas de rendimiento, según lo esperado y el tope.
  • Seguro forestal contra incendios y otros peligros, enfocado en árboles y madera.
  • Seguros catastróficos paramétricos que cubren riesgos específicos a bajo costo.
  • Seguro agrícola, pecuario, acuícola o pesquero, que se conseguía con el apoyo federal (subsidio).

También nos comenta que se suele buscar una venta cruzada al colocar una póliza agropecuaria, para brindar una mayor protección tanto a las personas como al equipo de trabajo o la maquinaria.

Respecto al rol de los agentes en la comercialización de los seguros agropecuarios, el doctor Trujillo indica que pocos se especializan en estos productos, ya que se trata de una compleja labor de campo, que exige viajar mucho y poseer conocimientos muy técnicos.

“No son buenos tiempos para el sector agropecuario por la pérdida del subsidio y por los riesgos derivados del cambio climático, como la sequía. Por eso los productores ahora buscan opciones que requieran menos agua. El futuro del seguro agropecuario depende mucho del apoyo del gobierno, por lo que sería muy útil que este lo contemplara en el presupuesto anual. El subsidio, más allá de impulsar el crecimiento del sector asegurador en este tipo de pólizas, apoya tanto a los productores como al desarrollo y crecimiento del campo mexicano. El panorama es incierto y poco alentador, pero debemos buscar mecanismos para dar continuidad a este noble ramo que atiende un segmento abandonado”, concluye.

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