Cuidando Tu Salud

¿Qué debemos saber sobre los cánceres ginecológicos?

Jorge Aarón Bonifacio Flores / Corrector, redactor y traductor / celerisfugatemporum@gmail.com

Hace unas semanas, el Baylor St. Luke’s Medical Center transmitió una sesión más de su Health e‑Chat, en la que se habló de cánceres ginecológicos. En el evento participaron Claire Hoppenot, especialista en oncología ginecológica, y la doctora Flora Duarte, fundadora y directora del Centro de Cáncer Emma Romero de Callejas. A partir de sus explicaciones y de la información obtenida de otras fuentes confiables, he preparado este texto para ti. Sin importar tu sexo biológico, por tu salud o por el bienestar de nuestras mujeres queridas, lee y comparte este artículo sobre los datos básicos que debemos saber de los cánceres ginecológicos.

Cáncer de cérvix

El 26 de marzo es el Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino. La enfermedad que nos recuerda esta fecha comienza con la multiplicación desordenada de las células de la parte inferior de la matriz, se propaga hasta órganos tan lejanos como los pulmones y provoca la muerte de una enorme cantidad de mujeres.

Este cáncer es uno de los cuatro más comunes en la población femenina y predomina sobre los otros cánceres ginecológicos en Centroamérica. En 2019, el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGSR) informó que cada año se diagnosticaban más de 550 mil casos de cáncer de cérvix, un 85% de ellos en países en vías de desarrollo, y que en 2018 se registraron 311 mil decesos por culpa de este mal. La fundación Vencer el Cáncer afirma que el virus del papiloma humano (VPH) es responsable de la mayoría de los casos, pues “el 80% de las personas sexualmente activas se infecta de VPH en algún momento de su vida” y, si el virus no desaparece, “puede producir cáncer de cuello uterino, de vulva, anal o de orofaringe”.

Los síntomas o signos más comunes del cáncer cervical son el flujo vaginal, los trastornos urinarios, el sangrado uterino no atribuible a la menstruación, los trastornos fecales y el dolor pélvico o abdominal; sin embargo, estas señales también están asociadas a otros cánceres ginecológicos o problemas de salud y, en las fases iniciales de muchos casos, son leves o no existen.

Los factores que aumentan el riesgo de desarrollar el padecimiento son el temprano inicio de la vida sexual, el número elevado de partos, el tabaquismo, las enfermedades de transmisión sexual, el uso excesivo o prolongado de anticonceptivos hormonales, la genética, la anulación de las defensas del organismo, las deficiencias nutricionales y las prácticas sexuales sin protección.

Para reducir el riesgo, las mujeres deben controlar o evitar los factores mencionados, mantenerse atentas a los síntomas, vacunarse contra el VPH entre los 9 y los 26 años y someterse a las pruebas periódicas de Papanicolau o citología vaginal, a partir de los 21, y de VPH, desde los 30.

La vacuna, que también está aprobada para los hombres, previene infecciones, pero no cura las ya existentes, así que sus beneficios disminuyen conforme las personas postergan su aplicación y se exponen a una mayor cantidad de cepas del virus. Por eso se recomienda la vacunación a una edad temprana. Dos son las dosis necesarias para los menores de 15 años y tres para quienes tienen entre 15 y 26. Aunque la vacuna es segura, no debe aplicarse a mujeres embarazadas o personas con enfermedades o alergias graves. En gente sana, los efectos secundarios —molestias en el sitio de la inyección, mareo, desmayo, dolor de cabeza, náuseas, vómito, fatiga o debilidad— suelen ser leves.

En las pruebas de citología vaginal y VPH, el profesional de la salud usa un instrumento de plástico o metal (espéculo) para ensanchar y mantener abierta la vagina mientras examina tanto esta como el cuello uterino y recolecta con un cepillo suave o una espátula plástica las muestras (células y moco) que se enviarán al laboratorio, donde se revisará que sean normales o que no tengan VPH. La mujer debe programar las pruebas para cuando no esté menstruando y, en los dos días anteriores a cualquiera de ellas, no debe realizarse lavados vaginales, utilizar tampones, tener relaciones sexuales o aplicar productos anticonceptivos, medicamentos o sustancias en la vagina.

La prevención y el diagnóstico temprano son esenciales para evitar el peor escenario. El cáncer de cuello uterino es 100% prevenible y podría ser erradicado, pero se requiere que todos creemos y mantengamos las condiciones necesarias para ello. Fernando Moraga explica que la estrategia 90‑70‑90 para la eliminación del cáncer de cérvix, aprobada por la OMS en 2018, descansa en tres pilares que deben fortalecerse de manera simultánea entre 2021 y 2030:

  1. Vacuna contra el VPH y campañas informativas. Se debe proteger con un esquema de vacunación completo al 90% de las mujeres menores de 15 años y se necesita proporcionar información adecuada sobre salud sexual y reproductiva y sobre factores de riesgo de cáncer cervical.
  2. Detección precoz del cáncer de cuello uterino. Se requiere examinar al 70% de las mujeres con una prueba de alta precisión antes de los 35 años y una vez más antes de los 45.
  3. Diagnóstico, tratamiento y seguimiento adecuados del cáncer de cérvix. Se debe aumentar la supervivencia y calidad de vida del 90% de la población afectada, para lo cual se necesita mejorar su acceso a cuidados paliativos y a una atención médica digna, oportuna y satisfactoria.

Cáncer de útero

Si la enfermedad se origina en el músculo y los tejidos que sostienen la matriz, se llama sarcoma uterino; si surge en la capa de células del revestimiento del útero, se llama cáncer de endometrio. Este último es el más frecuente y se diagnostica con un ultrasonido pélvico o una biopsia del endometrio.

Los factores de riesgo son la edad mayor a 50 años; el consumo de estrógeno solo, sin progesterona, durante la menopausia; la obesidad; los problemas previos para embarazarse; los escasos periodos, menos de cinco por año, antes de empezar la menopausia; la ingesta de tamoxifeno, medicamento usado para prevenir y tratar el cáncer de mama, y los antecedentes familiares de cáncer de útero, ovario o colon. Para reducir el riesgo, las mujeres deben controlar o vigilar estos factores y estar alertas ante el flujo o sangrado vaginal anormal y el dolor pélvico.

Cáncer de ovario, de trompas de Falopio y de peritoneo (revestimiento de abdomen)

De acuerdo con la doctora Hoppenot, las tres enfermedades actúan de manera similar y no se pueden prevenir o detectar de manera temprana, pero las mujeres que tienen un riesgo genético elevado pueden elegir quitarse las trompas y los ovarios para eliminar casi toda amenaza.

Los posibles factores de protección para evitar alguno de los tres tipos de cáncer son el uso de anticonceptivos orales por cinco años o más, el embarazo, la lactancia y ciertos procedimientos quirúrgicos, como los señalados por la especialista Hoppenot.

Algunos factores de riesgo son los antecedentes familiares de alguna de las tres enfermedades; ciertas mutaciones genéticas; una edad mayor a 50 años; la terapia de reemplazo hormonal (consumo de estrógeno sin progesterona); la endometriosis; la ascendencia norteamericana, noreuropea o asquenazí; la menarquia muy temprana; la ausencia de embarazos; la infertilidad inexplicable, y el inicio tardío de la menopausia.

Entre los posibles signos o síntomas están el sangrado o secreción vaginal anormal, sobre todo después de la menopausia; el dolor o presión en el área pélvica, abdominal o de la espalda; la sensación de hinchazón, saciedad temprana o dificultad al comer; la necesidad de orinar con mayor frecuencia o urgencia, y el estreñimiento.

En caso de presentar factores de riesgo y posibles signos o síntomas, el examen rectovaginal pélvico, la ecografía transvaginal y la prueba de sangre CA‑125 pueden ayudan a confirmar o descartar estos tres tipos de cáncer.

Recomendaciones finales

La doctora Hoppenot recomienda a las mujeres una exploración pélvica o ginecológica (tacto vaginal) cada año. Esta consiste en un examen físico de los órganos reproductivos y el recto. El profesional de la salud observa el área exterior de la vagina; usa un espéculo para revisar el interior de esta y el cuello uterino; obtiene muestras de células si se requiere una prueba o análisis; introduce en la vagina uno o dos dedos cubiertos con un guante y lubricante, mientras presiona con la otra mano la parte inferior del abdomen, para sentir masas y examinar el tamaño, la forma y la posición del útero y los ovarios, y en ocasiones revisa si hay masas o áreas anormales en el recto.

Aunque los signos y síntomas de los cánceres ginecológicos no siempre se presentan o son evidentes, la División de Prevención y Control de Cáncer de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades diseñó un diario muy útil, que aquí te compartimos, para ayudar a las mujeres a identificar las señales en caso de que se manifiesten.

Fuentes

Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva de la SSA del Gobierno de México (agosto de 2019). Hoja de datos sobre cáncer de cuello uterino. https://rebrand.ly/DataCancerCervix2019GobMx.

División de Prevención y Control de Cáncer de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (2021). Cánceres ginecológicos. https://rebrand.ly/CanceresGinecologicosCDC2021.

Instituto Nacional del Cáncer de los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. (2021). Tipos de cáncer. https://www.cancer.gov/espanol/tipos.

Mayo Clinic (18 de septiembre de 2021). Vacuna contra el VPH: quién la necesita, cómo funciona. https://rebrand.ly/VacunaVPHMayoClinic2021.

Moraga-Llop, F. (11 de noviembre de 2020). Un mundo sin cáncer de cuello uterino: la estrategia 90-70-90. https://rebrand.ly/Estrategia90-70-90AEV2020.

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