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¡Cuidado con las mujeres!

Elizabeth Ortiz

La economía del cuidado ha estado, durante siglos, a cargo de las mujeres, quienes no hemos recibido a cambio algún tipo de remuneración. ¿Cuáles ideas están detrás de esta injusta e inequitativa realidad que debemos cambiar?

En términos generales, sin pretender ser radicales, a nosotras se nos ha impuesto la obligación de atender a la familia, incluso a los hombres que tienen plena capacidad de hacerse cargo de sí mismos. Suena absurdo, ¿no? Lamentablemente esto no es ciencia ficción, sino un hecho, pues existe la creencia de que las mujeres nacemos para ello.

Además, por si este estereotipo de género fuera poco, a pesar de que el cuidado de las personas es una condición fundamental de la existencia humana, que genera bienestar, desafortunadamente las labores relativas a esta actividad son menospreciadas porque no producen recursos.

En cuanto a los hijos, una sociedad machista como la nuestra, donde los roles de género se encuentran muy marcados, tiene una infinidad de paradigmas que impiden a los hombres ejercer la paternidad con plenitud, como si ellos tuvieran una especie de impedimento genético para ello. En consecuencia y de acuerdo con las estadísticas, las madres aportan en promedio más de diez horas adicionales por semana a las tareas de crianza y educación, en comparación con el tiempo dedicado por los padres. Ese tiempo extra equivale más o menos a 560 horas al año, en las que los papás pueden cursar algún diplomado, mejorar sus habilidades o generar méritos para conseguir una promoción, pero las mamás no. Esta situación amplía la brecha de género.

En relación con este problema, se han elaborado numerosos estudios cuyos resultados coinciden en que las licencias parentales pueden disminuir la mortalidad de los menores a edad temprana y permiten que la familia se adapte a la llegada de un nuevo miembro, sin el estrés de afectar su estabilidad económica, ya que dichos permisos otorgan a ambos progenitores la posibilidad de convivir con sus hijos, sin que dejen de percibir un ingreso ni pierdan la oportunidad de recibir aumentos de sueldo, ser candidatos a un ascenso o incrementar sus días de vacaciones. Por fortuna, muchos países ya destinan recursos a este fin y apuestan al retorno de su inversión, fomentando la prosperidad de sus ciudadanos.

Sería conveniente que los gobiernos también promuevan el otorgamiento de licencias para el cuidado de los padres y miembros de la familia enfermos, obligación que, por tradición, también se ha impuesto de manera exclusiva a las mujeres. Se ha demostrado que la tasa de recuperación de la salud a través de los cuidados en casa es, por mucho, más alta que en las clínicas u hospitales, así que valdría la pena que el Estado destine parte de su presupuesto a incentivar esta alternativa de rehabilitación y contribuir a la erradicación de la idea de que solo nosotras tenemos la responsabilidad de velar por el bienestar de los seres queridos.

Urge cambiar nuestra legislación. En algunos países, como Colombia, ya se está trabajando en un marco regulatorio que debería imitarse en México, cuyo objeto es incluir en las cuentas nacionales la economía del cuidado, conformada por las tareas del hogar no remuneradas, para medir la contribución de la mujer al desarrollo tanto económico como social del país y tener una herramienta fundamental para la definición e implementación de políticas públicas.

Además de los avances legislativos, es primordial erradicar la miopía colectiva. Hombres y mujeres hemos sido, en algún momento, incapaces de visibilizar la economía del cuidado y pelear por su remuneración.

Queda un largo camino por recorrer, pero cada uno de nosotros tiene la posibilidad de sumar con pequeñas acciones para generar un cambio. La principal de ellas es tomar la decisión de abrir los ojos y valorar la importancia de cuidar a los demás, pues esta tarea es responsabilidad de todos y no solo del sexo femenino. Además, este cambio de mentalidad impulsará el desarrollo de las actividades productivas, permitirá reducir los índices delictivos y fomentará un ambiente de armonía.

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