José Moya Crosetti / Director general, Vantevo Claims Advisors Perú jmoya@vantevoclaims.com
Con el paso de los años y con la evolución tecnológica, nuestro estilo de vida ha cambiado por completo. De la agenda y el lapicero pasamos a la tableta o el ordenador; de la correspondencia y el cartero llegamos al internet y las redes sociales. Sin embargo, los riesgos siguen existiendo y los siniestros continúan ocurriendo, así que deberíamos contar siempre con una póliza. Podemos adoptar un estilo de vida “seguro”, evitar situaciones riesgosas y tratar, en todo momento y dentro de lo posible, implementar medidas que reduzcan la posibilidad de sufrir un siniestro o que aminoren las consecuencias graves de un evento dañino. Sin embargo, llega un punto donde no es posible hacer nada más y el evento inevitable que escapa totalmente de nuestro control se materializa.
A lo largo de mis casi cuarenta años de recorrido por el mundo de las pólizas, he pasado por los escritorios de las aseguradoras, los corredores y el asesor del usuario ante la ocurrencia de un siniestro. Este recorrido me ha permitido gestionar el riesgo desde tres aristas diferentes: el antes, el durante y el después del evento dañino. Esta perspectiva me ha llevado a concluir que la mejor decisión es vivir seguro y vivir asegurado. Pretender solo “vivir seguros” nos limita ante determinadas circunstancias y nos impide tanto disfrutar de cada momento como existir plenamente, porque siempre hay cierto componente de riesgo inherente a cada situación. “No subo a una montaña rusa porque se puede caer”, y “no pruebo platillos distintos porque me pueden caer mal” son ejemplos de cómo nos frenamos para no enfrentar nuevos retos cuando hay un exagerado estilo seguro de vida.
Por el contrario, sentir el respaldo de una póliza nos permite asumir aventuras, probar cosas diferentes y explorar lugares desconocidos. Además, muchas veces adoptamos, sin darnos cuenta, ciertos patrones de vida influenciados por una póliza, pues contar con un seguro nos obliga a seguir ciertas medidas de prevención que poco a poco se convierten en una rutina natural, aunque al comienzo nos hayan parecido un fastidio o una carga.
Mantengamos nuestro niño interno y usemos bien la mente de adulto, tomando la mejor decisión y teniendo la tranquilidad de saber que, detrás de cualquier nueva experiencia, un papelito con el título de “Póliza de Seguro” nos acompañará para ayudarnos a enfrentar cualquier evento que se escape de nuestro control.
