MBA Act. Dolores Armenta G. / Consultora independiente especialista en seguros, CAPA SJ
México experimenta una transición demográfica acelerada, su población de adultos mayores está aumentando. Se proyecta que las personas de 60 años o más pasen de 8.2 millones en 2015 a más de 30 millones en 2050, representando importantes desafíos, especialmente en el ámbito de la salud.
Las enfermedades crónicas no transmisibles son el mayor reto para este grupo, abarcan padecimientos del sistema circulatorio, diversos tipos de tumores y problemas nutricionales, endocrinos, metabólicos, digestivos y respiratorios, además de demencia y deterioro cognitivo que afectan al 8 % de esta población, y la anemia, considerada un problema de salud pública relevante.
La falta de un sistema formal de cuidado a largo plazo en México y la ausencia de apoyo para los cuidadores familiares informales hacen que la carga financiera de este tipo de cuidado sea más alta en México que en otros países de la OCDE, los adultos mayores requieren quince veces más servicios de cuidado que los niños y más del 20 % de las personas mayores de 60 años sufre algún trastorno mental o neural (principalmente demencia o depresión).
El envejecimiento poblacional ha impulsado a instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), a tomar medidas activas al promover el envejecimiento saludable, que es el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. La tendencia mundial apunta hacia un enfoque más holístico e integrado, reconociendo que el envejecimiento saludable va más allá de la ausencia de enfermedad, abarcando el bienestar físico, mental y social a lo largo de la vida.
En este contexto, la iniciativa denominada la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) de la OMS, puede fomentar la colaboración multisectorial y mejorar la calidad de vida de las personas mayores, sus familias y sus comunidades. Sus objetivos principales son transformar nuestra percepción y acción frente a la edad y el envejecimiento, enfocándose en estas áreas clave:
• Combatir el edadismo. Cambiar la forma en que pensamos, sentimos y actuamos respecto a la edad, desafiando estereotipos y prejuicios sobre la vejez.
• Crear entornos amigables con las personas mayores. Desarrollar comunidades que fomenten el envejecimiento activo y saludable, con espacios accesibles, seguros e inclusivos para todas las edades.
• Fortalecer los sistemas de salud. Con atención integrada y centrada en las personas con servicios de salud primaria que respondan a las necesidades específicas de los adultos mayores (prevención de enfermedades crónicas, detección temprana de síndromes geriátricos y el apoyo a la salud mental), por ello:
• La atención primaria debe ser el pilar del cuidado de los adultos mayores y poner énfasis en la prevención, diagnóstico temprano y manejo de enfermedades crónicas. • Desarrollar modelos de atención integrada que conectan los servicios de salud, la atención social y el apoyo comunitario, para abordar necesidades complejas de esta población.
• Es fundamental la formación de profesionales en geriatría y gerontología para brindar atención especializada. • Explorar el uso de la telemedicina, tecnologías de asistencia y soluciones digitales para mejorar la atención, el monitoreo y la conexión social.
• Promover el envejecimiento activo y saludable.
• Enfatizando la importancia de los hábitos de vida saludables: alimentación balanceada, realizar actividad física regular, evitar el tabaco y el alcohol, y mantener la salud mental y emocional a lo largo de la vida.
• Fomentar la participación en actividades sociales, culturales y recreativas, para prevenir el aislamiento y promover el bienestar.
• Apoya la educación continua y las oportunidades laborales para adultos mayores que deseen mantenerse activos en el mercado.
• Asegurar el financiamiento y la sostenibilidad.
• Explorando diversos modelos para garantizar la sostenibilidad de los sistemas de atención a largo plazo, con la participación gubernamental, los seguros y los aportes individuales.
• Reconociendo y apoyando el papel de los cuidadores familiares, brindándoles capacitación, recursos y, en algunos casos, apoyo financiero.
No todo es un panorama sombrío. La clave radica en reconocer que el envejecimiento saludable es un objetivo alcanzable y una responsabilidad compartida por todos nosotros.
