Especial fianzas

Fianzas desde la óptica de un líder

Laura Islas / Directora General Revista Siniestro

Entrevistamos a Gerardo Lozano de León, director general de las aseguradoras Aserta e Insurgentes, para conocer qué significó para él estar al frente de la Asociación Mexicana de Instituciones de Garantías (AMIG) y cómo vislumbra el futuro de las fianzas en México.

¿Qué representó para ti ocupar la presidencia de la AMIG?

Antes de contestar, me gustaría recordar que la AMIG surgió en 2015 de la unión de las que hasta entonces eran las dos asociaciones del sector afianzador mexicano: Afianza y Amexig. Tal y como establece su misión, la AMIG siempre ha buscado que la fianza y el seguro de caución brinden el mejor beneficio y eficiencia a los beneficiarios y los asegurados, promoviendo el uso y conocimiento de estos instrumentos de garantía. La AMIG busca ser la asociación representativa e impulsora del desarrollo del sector de garantías, así como un enlace de comunicación reconocido entre las autoridades y las instituciones que operan estos productos.

Desde mi punto de vista, cualquier directivo de una aseguradora o afianzadora que ocupe la presidencia de la AMIG debe sentirse orgulloso de tener una gran responsabilidad a su cargo y de representar a un sector que durante muchos años ha sido un motor de la economía y el desarrollo de este país, dando certeza y confianza a las transacciones que se realizan. Este fue mi caso, tuve el orgullo y el gusto de ocupar la presidencia durante el periodo 2022-2024, el cual fue particularmente desafiante para el sector de garantías debido a que el Gobierno Federal realizó una gran inversión en proyectos estratégicos de infraestructura.
El reto fue conseguir capacidad de afianzamiento para dar cobertura a los principales contratistas que participaron en esos proyectos, ya que la velocidad de las asignaciones de contratos y anticipos superaba la dinámica de la realización de los trabajos, lo cual dificultó la liberación de la capacidad disponible. Para satisfacer las necesidades de afianzamiento de las obras de infraestructura, hubo importantes negociaciones con fiados, beneficiarios, autoridades y reaseguradores, además de una gran coordinación entre las empresas de fianzas. Puedo decir con orgullo que el sector afianzador mexicano estuvo a la altura de las necesidades y que la AMIG jugó un papel relevante en ello.

La AMIG continúa haciendo enormes esfuerzos para beneficiar al sector de garantías mexicano. Las empresas que la integran y sus funcionarios son ejemplo de la construcción de sinergias para lograr acuerdos. La AMIG es una asociación abierta a la integración y el diálogo con entidades financieras, autoridades, beneficiarios, agentes y fiados. Por tanto, yo y las empresas que represento, Aserta e Insurgentes, seguiremos participando activamente en ella con el mismo entusiasmo que cuando me tocó presidirla.

¿Cuál consideras que será el futuro de las fianzas en México?


El mercado afianzador mexicano es maduro y sólido, tiene 130 años de historia y está integrado por 17 instituciones y casi 3 000 agentes. En todos estos años, compañías y agentes han apoyado a los diferentes niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) y a las empresas del sector privado, ofreciendo garantías a los proveedores y contratistas, bajo un análisis minucioso de las capacidades técnicas, financieras, legales y morales de estos. Si bien el gobierno ha sido un gran generador de la demanda en la historia de Fianzas, la oferta de productos para el sector privado se ha incrementado y puede generar una expansión mayor en los próximos años.a fianza y el seguro de caución ofrecen muchos beneficios a las instituciones públicas y privadas, ya que respaldan el cumplimiento de las obligaciones; coadyuvan a la adecuada conclusión de los contratos; fortalecen, promueven y fomentan la confianza entre las partes que intervienen en las transacciones económicas, y en caso de incumplimiento favorecen la solución de controversias o colman la obligación fiadora, cuya materialización perciben los beneficiarios o los asegurados mediante la entrega de las cantidades pactadas.

En este sentido, considero que la fianza seguirá siendo la figura de garantía por excelencia para la contratación pública, así que corresponde a quienes formamos parte de este sector promover el uso y los beneficios de este instrumento de mitigación de riesgo, que dota de certeza a la celebración de contratos en los sectores público, privado y social.

Quienes participamos en la oferta de garantías debemos buscar e impulsar nuevos productos que satisfagan las necesidades específicas no atendidas. Debemos trabajar como sector para hacer crecer el mercardo de las garantías en México, identificar oportunidades y generar soluciones efectivas. La garantía favorece la inclusión financiera y el crecimiento económico.

En las compañías que represento estamos convencidos de que debemos llevar el uso de las garantías a la economía cotidiana. Ejemplo de ello son los seguros de caución que hemos lanzado para los contratos de arrendamiento y que aprovechan la tecnología para facilitar su contratación inmediata. Otro ejemplo son los nuevos productos que atienden las necesidades específicas del mercado de crédito comercial, los cuales brindan a la persona física que antes no tenía acceso a una garantía el soporte y la confianza que hoy es posible otorgarle gracias a la tecnología.

En Grupo Aserta estamos convencidos de que la innovación y las nuevas tecnologías deben incorporarse a la oferta de garantías y a los procesos de emisión de estas. Existen oportunidades que pueden generar un enorme potencial de crecimiento para el mercado de las garantías en México y debemos ser capaces de aprovecharlas.

En mi opinión, el sector afianzador mexicano continuará presentando crecimiento y resultados favorables en la medida en que nuestra economía, la inversión y el gasto público en proyectos tengan un comportamiento adecuado; sin embargo, para aumentar la escala operativa del sector, debemos ser generadores de cambio, innovar y adaptarnos a las necesidades de las empresas y las personas. Esto implica diseñar productos que resuelvan dichas necesidades y promover el uso de estos en la vida cotidiana, adaptándolos a las formas de contratación que surjan en atención a la evolución y globalización de la economía, para lograr una mucho mayor penetración de la garantía.

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