Jorge Aarón Bonifacio Flores / Corrector, redactor y traductor / celerisfugatemporum@gmail.com
Jorge Carbajo es un reconocido conferencista, periodista y empresario, que se ha desempeñado de forma sobresaliente como consultor en comunicación y asesor político, pues es experto en manejo de crisis institucionales, relaciones públicas y habilidades blandas, por mencionar solo algunas de sus múltiples fortalezas. Como parte importante del VII Aniversario de Revista Siniestro, nuestro virtuoso amigo nos impulsó a modificar la manera en que vemos o enfrentamos la vida y nos demostró que el cambio tiene que venir de adentro hacia afuera, pues si intentamos que este se dé a la inversa inevitablemente conseguiremos un resultado negativo que no jugará a nuestro favor. Para que se materialicen los beneficios de su conferencia «Cambias tú, cambia todo», debemos autoexaminarnos bajo las luces del poder de la palabra, la ley del 80-20, los círculos del poder y de lo absurdo, la impecabilidad como forma de vida, la ruptura del paradigma de pensar y la capacidad de escuchar tres veces más de lo que hablamos.
El poder de la palabra
De acuerdo con Jorge, “el cerebro no distingue lo que es broma de lo que no lo es”, por lo que “acepta lo que le dice la otra persona y lo que nos decimos a nosotros mismos”; sin embargo, si elegimos volvernos conscientes del potencial impacto destructivo o constructivo de las palabras propias o ajenas y preferimos apagar el piloto automático para reflexionar sobre qué decimos y cómo lo decimos, seremos capaces de pasar de un lenguaje reactivo (negativo) a uno proactivo (positivo).
La proactividad es esencial para entender de una manera amena la vida, sentirnos bien con nosotros mismos y enfrentar de forma creativa los obstáculos, pues convierte las odiosas obligaciones (“debo” o “tengo que”) en agradables elecciones, preferencias y manifestaciones de voluntad (“elijo”, “prefiero” o “quiero”), los paralizadores bloqueos o autosabotajes (“no puedo” o “yo soy así”) en enriquecedoras áreas de oportunidad (“intentaré”, “experimentaré” o “cambiar es posible”) y los comentarios negativos (“qué milagro que…”) en refuerzos positivos (“gracias por…”).
Nuestro amigo nos recuerda que el 80% de los pensamientos no sirve para nada, pues una especie de changuito da vueltas en nuestra cabeza y no nos deja elegir lo que necesitamos. Por eso insiste en dejar de actuar en automático, abandonar el lenguaje negativo y avanzar.
La ley del 80-20
Jorge afirma que “el 20% de todo lo que nos sucede no es controlable, pero el 80% depende de cómo reaccionamos a ese porcentaje”, por lo que suele afectarnos más nuestra respuesta o forma de pensar que el evento en sí. Esto significa que en nuestras manos está la posibilidad de minimizar un problema con una reacción adecuada o, en caso contrario, hacer un océano de un vaso de agua derramada y provocar que salga más caro el remedio que la enfermedad.
Los círculos del poder y de lo absurdo
Por un lado, se encuentra aquello que está en nuestras manos hacer; por el otro, los factores que no dependen de nosotros y nos preocupan. Jorge nos advierte: si desviamos nuestra atención hacia el círculo de lo absurdo, que se basa en el tener, dejaremos de lado los cambios que somos capaces de implementar, es decir, el círculo del poder, cuya base es el ser. De aquí que, “cuando pensamos que el problema está fuera de nosotros, esta idea es el problema mismo”, porque es más fácil culpar a todo lo que nos rodea, victimizarnos y justificarnos que aceptar la responsabilidad, admitir un error, corregir la falla y aprender. Por tanto, la invitación es trabajar cada vez más en el círculo del poder, lo cual reduce el de lo absurdo, y no desgastarse en lo contrario, para desarrollar un ser positivo, enfocado y exitoso.
La impecabilidad como forma de vida
Jorge nos recomienda entregarnos por completo a lo que estemos haciendo en un momento determinado, para ser más eficientes, es decir, para evitar tanto las suposiciones como los errores y realizar bien las cosas desde la primera vez. Por tanto, adoptar la impecabilidad como un estilo de vida se traduce nuevamente en enfocar nuestras energías y no desgastarnos, pero esta vez se trata no solo de trabajar en aquello que podemos controlar, sino también de concentrarnos en el ahora y en una sola actividad, lo cual ahorra mucho tiempo y recursos que se pueden utilizar para algo productivo. De acuerdo con el experto, la impecabilidad también nos ayuda a disfrutar lo que hacemos, porque nos quita el peso de las suposiciones, es decir, del changuito que habita en nuestra mente, coloca ante nosotros ficciones y nos provoca ansiedad.
La ruptura del paradigma de pensar
Siempre nos han enseñado que debemos pensar y pensar antes de hacer algo. Muchos nos hemos encontrado alguna vez con la famosa frase de Descartes, “Pienso, luego existo”. Sin embargo, ¿realmente es bueno este paradigma? Cuando nos hundimos en un mar de pensamientos y dejamos de sentir o actuar, el changuito se hace presente y toma el control. Por eso, Jorge nos exhorta a pensar menos, sentir o actuar más y no mezclar pensamientos con sentimientos, pues estos últimos son puros y se contaminan cuando entran en contacto con el marco de referencia que hay en nuestras mentes, provocando caos y decisiones menos efectivas. Cuando la razón cuestiona al instinto, aunque este sea legítimo e infalible, se convierte en un obstáculo que bloquea o entorpece nuestras acciones y no permite que avancemos.
La capacidad de escuchar tres veces más de lo que hablamos
Al escuchar de verdad a nuestro interlocutor e intentar comprenderlo, ambas partes bajamos la guardia y creamos empatía. Bajo estas condiciones, no solo se vuelve más sencillo guiar al otro o convencerlo de algo, sino también aprender de él y forjar una relación mucho más sana. Para desarrollar esta capacidad debemos, en primer lugar, entender cómo ve las cosas el interlocutor y, en segundo lugar, transmitirle de manera adecuada y oportuna nuestra percepción. Esto exige escuchar de manera activa tres veces más de lo que hablamos, preguntar cuanto necesitemos para comprender mejor, respetar posturas o actitudes, esperar el momento oportuno para expresarnos y utilizar un lenguaje proactivo.
Consideraciones finales
Como ya te habrás dado cuenta, hay ciertos vicios que complican nuestra vida y un changuito traicionero administra cada uno de ellos. Algunos están relacionados con ese necio afán humano de controlar absolutamente todo y adelantarse a los posibles escenarios nefastos; otros, con la tendencia de exagerar lo malo o lo que consideramos adverso, en lugar de reaccionar de forma positiva y útil a ello. Por un lado, estamos convencidos de que podemos solos contra el mundo, pero nos desgastamos y quedamos inmóviles al no tener un objetivo claro; por el otro, culpamos al universo o nos enojamos con él cuando las cosas no salen como queríamos, pero ni aceptamos la responsabilidad de nuestras palabras, ideas, decisiones, acciones u omisiones ni estamos dispuestos a aprender. Es muy probable que al menos uno de los vicios abordados te atormente y hasta hoy lo hayas identificado, por lo que te invitamos a preferir erradicarlo y recordar que el cambio es posible, pero debe darse de adentro hacia afuera y no como una obligación, sino como una elección.
