Adriana Oropeza Flores, Dir. Editorial Revista Siniestro
Todos sabemos que vamos a morir, pero desconocemos en qué condiciones y cuándo sucederá esto. Imagínate que un familiar, como tu mamá o tu papá, sufre un accidente y, como no cuenta con un servicio público de atención médica, es ingresado de emergencia a un hospital privado, donde finalmente fallece, y que tú ahora debes no solo enfrentar la pérdida humana, sino también pagar una cuenta enorme por los gastos médicos realizados. ¿Qué harías? Hay historias traumáticas que resultan menos difíciles cuando tenemos un seguro. Para demostrarte esto, hoy te platicaremos de una cadena de siniestros, en la que varios personajes estuvieron involucrados, incluyendo al promotor y director de BLIVE Life Solutions Group, Javier García, quien nos narró los hechos en una entrevista.
Hace muchos años, Javier vendió una póliza de gastos médicos mayores (GMM) a la señora Julia, mamá de su amiga Anita, quien se encontraba en excelente estado de salud y tenía aproximadamente 55 años. Tiempo después, la asegurada fue internada una vez por varios dolores intensos de cabeza y otra más por un derrame cerebral, tras lo cual falleció a los pocos días. Los eventos fueron muy repentinos y dejaron tanto una hija muy triste, que por suerte contó con el apoyo emocional de su amiga Mariana, como una cuenta hospitalaria de 800 mil pesos, que por fortuna la aseguradora pagó por completo.
Un par de semanas después de esta muerte, Mariana se comunicó con Javier para decirle que, tras vivir de cerca la situación de Anita y ver la enorme cantidad de dinero que había cobrado el hospital y pagado la aseguradora, quería contratar una póliza para su mamá, pues le preocupaba no tener suficientes recursos para costear, en caso necesario, un tratamiento o una hospitalización. Por eso, Javier conoció y aseguró con una póliza de GMM a la señora Imelda, quien tenía casi la misma edad que la señora Julia y quien, seis meses más tarde, sufrió un accidente al salir del trabajo y cruzar la avenida Insurgentes, en la CDMX, ya que un conductor ebrio la impactó.
Debido a la gravedad del siniestro, la señora Imelda fue ingresada de emergencia en un hospital, donde se observó que tenía fracturado el pómulo y el cráneo, por lo que fue sometida a varias cirugías, entre ellas una de reconstrucción facial, y estuvo internada durante dos semanas para descartar secuelas y aguardar su plena recuperación. Desde entonces, la asegurada debe realizarse un encefalograma anual para confirmar que su cerebro no tiene algún daño y funciona en perfecto estado. La aseguradora pagó más de 600 mil pesos por la hospitalización y las cirugías y reembolsa cada año el costo del encefalograma.
Tras la traumática experiencia, Mariana buscó a Javier para asegurarse ella, pues sabía que no estaba exenta de peligro. Después de un tiempo de haber adquirido su póliza de GMM, esta joven decidió casarse y luego embarazarse. Todo marchaba bien hasta que se detectó a través de un ultrasonido que el corazón del bebé era muy grande, por lo que se le realizó un estudio de cromosomas para saber qué ocurría. El médico informó que existía una probabilidad de 1 entre 6 de que el bebé naciera con síndrome de Down y señaló que era posible realizar un legrado.
Mariana no solo se informó sobre las condiciones en las que vive una persona con esta enfermedad y los tratamientos o las cirugías que su hijo quizá necesitaría, sino también habló con Javier para conocer hasta qué punto el seguro cubriría al bebé y cuáles eran las condiciones para contratar una póliza nueva para cuando este naciera. Ella quería conocer todas las opciones y posibilidades. Una vez que estuvo muy bien informada, Mariana decidió continuar con el embarazo. El bebé nació con un excelente estado de salud, sin ninguna condición o síndrome, así que su mamá estaba muy feliz.
Dos años más tarde, la asegurada decidió embarazarse por segunda ocasión, así que la historia se repitió, pero esta vez el niño sí nació con síndrome de Down, por lo que estuvo hospitalizado tres meses, mientras alcanzaba el tono muscular apropiado. Este pequeño ha necesitado terapias semanales, cuyo número disminuyó de tres a una, y requerirá una cirugía de corazón, que todavía no ha sido programada y costará alrededor de medio millón de pesos. Después de siete años, este siniestro sigue abierto, así que Mariana ha contado con el apoyo económico del seguro, pues ni la compañía ni el agente han dejado de responderle y estar al tanto de la salud de su hijo.
Para Javier, adquirir y vender una póliza es una obligación compartida, ya que el agente se compromete tanto a acompañar como a asesorar al cliente y el asegurado adquiere la responsabilidad tanto de leer como de comprender las condiciones generales, las coberturas, los periodos de espera, las causas de rechazo y las implicaciones de su producto.
