Laura Edith Islas Yáñez / Directora general, Revista Siniestro
Las coberturas de eventos del sector asegurador no siempre son en tacones y esta ocasión, Adriana Oropeza, directora editorial de Revista Siniestro, y su servidora fuimos invitadas al Centro de Capacitación La Posta, ubicado en Tizayuca, Hidalgo, para participar en el curso Prevención y Combate de Incendios, dentro del evento Práctica de Fuego en Vivo que organizaron Pi&Go, Consultoría en Siniestros; Alfa Ajustadores Especializados, y Covasa, Salvamentos y Remociones.
Los participantes, tanto representantes de aseguradoras y reaseguradoras como algunos clientes de diversas empresas, nos reunimos a las 8:30 a. m. en el metro Potrero. Desde allí fuimos llevados en dos autobuses a La Posta, donde nos esperaban dos escenarios (una recámara y una sala) que pusieron a prueba nuestra capacidad tanto de observación como de análisis y fueron incendiados para que notáramos ciertas cosas.
El fuego de la recámara fue apagado en tres o cuatro minutos por los bomberos, sin necesidad de ninguna técnica, pero el de la sala, donde había un cesto de basura y colillas de cigarro, que permitían suponer que el incendio no había sido provocado, sino causado por un descuido humano relacionado con el hábito de fumar, requirió más tiempo y una técnica, lo que dejó vestigios para proceder con la investigación.
Los bomberos nos explicaron que, aunque se presume que los incendios suelen ser ocasionados por un cortocircuito, el motivo más frecuente de estos es un error humano y que en muy pocas ocasiones los cortocircuitos provocan incendios. También nos comentaron que, aunque algunas personas piensan que colocar detectores de humo es una inversión innecesaria, estos pueden salvar vidas al detectar de manera oportuna un incendio y permitir que se llame a los expertos desde los primeros minutos del siniestro.
Hasta ese momento Adriana y yo solo habíamos sido observadoras, pero la hora de brillar se acercaba, así que nos dieron un espacio para descansar e hidratarnos mientras esperábamos nuestro turno y veíamos cómo los participantes de otros grupos aprendían a apagar incendios. La emoción crecía conforme el tiempo avanzaba, pues no sabíamos cuándo nos tocaría hacer lo mismo.
De pronto, un especialista en incendios comenzó a capacitarnos, llevándonos de la mano y guiándonos de manera cuidadosa. El primer paso consistió en ponernos el uniforme de los bomberos, que abarca el casco, los guantes y las botas y pesa aproximadamente cinco kilos, pues usaríamos este equipo a lo largo de la capacitación. Luego aprendimos cuáles son las posiciones de los bomberos al atacar un incendio y para qué se utilizan los tres tipos de chorro de las mangueras (directo, en cono y en defensa).
Todo iba bien hasta que prendieron un tanque, pues yo ocupaba la posición de pitonera (bombero uno), es decir, estaba al frente para guiar la manguera y apagar el incendio y solo al colocar el brazo, sin voltear, en el hombro de mi compañero de apoyo (bombero dos) podía pedir a este que me relevara. Debo confesar que cuando vi el fuego me pasmé y olvidé por unos segundos lo que había aprendido del manejo de la manguera, pero la voz del instructor me sacó de este estado catatónico.
Cuando las ideas fluyeron y abrí la manguera como se me pedía, me di cuenta de que los bomberos necesitan nervios de acero y valoré que ellos se juegan la vida en cada siniestro, pues en muchas ocasiones solo tienen unos segundos para apagar el fuego y salvar las vidas de los demás y la de ellos. La gente a veces se queja de que mojan todo, pero así debe ser. Mi respeto y admiración para estos guerreros.
La primera práctica concluyó después de que cada integrante de mi grupo pasó por todas las posiciones de bomberos. Al final de esta experiencia, Adri y yo estábamos muy cansadas y sedientas, ya que nunca habíamos hecho algo similar. Sin embargo, no había tiempo para detenerse, pues el curso todavía no acababa y nuestras ganas de aprender no se habían desvanecido.
Antes de comenzar la segunda práctica, conocimos los tipos de fuego que existen y nos enseñaron a usar los extintores, para lo cual aprendimos a quitar un seguro, realizar disparos cortos e incluso respirar de forma adecuada durante un incendio. Como estaba un poco asustada por el fuego de la práctica anterior, tenía pensado no participar en la siguiente, pero Adri me animó y convenció. Recuerdo que por mi mente pasó una idea: “Si no aprovecho la oportunidad y un día necesito usar un extintor, me arrepentiré de no haber aprendido. Ya estoy aquí, así que a darle”.
Una vez preparadas, quitamos el seguro y atacamos el incendio de frente, sujetando la manguera e intentando utilizar disparos cortos. Cuando apagamos el fuego, Adriana y yo estábamos cubiertas de hollín, así que el instructor nos explicó que esto sucede cuando se emplean disparos largos. Él también nos recordó que saber respirar en los incendios es fundamental, porque muchas personas que ignoran cómo hacerlo fallecen por asfixia debido a los gases que circulan durante estos eventos.
Cuando fuimos a la tercera práctica, yo ya me había familiarizado con el fuego. Así que, una vez que nos enseñaron la técnica que debíamos aplicar, puse manos a la obra.
Considero que pasar de la teoría a la práctica es de gran utilidad y que todos deberíamos aprender a usar un extintor y conocer varios detalles relacionados con la prevención y el combate de incendios, porque esto podría salvar nuestra vida y quizá la de alguien más. Adriana y yo estamos agradecidas con las empresas que nos invitaron a este curso y esperamos seguir participando en este tipo de prácticas.
