Ajustes, Daños e Indemnizaciones

Terremoto: trauma social y riesgos no asegurables

Carlos Zamudio Sosa / México Claims and Risk Management, S.C. / carlos.zamudiososa@gmail.com

Cada septiembre, desde 1985, los mexicanos celebramos un memorial por los sismos catastróficos, pues en nuestro imaginario colectivo existe una ineludible correlación entre la ocurrencia de este tipo de siniestros y dicho mes. A pesar de que entre el terremoto de 2017 y el de 1985 hay 32 años de diferencia, en nuestra psique se encuentra la idea de que en septiembre tiembla y el miedo de que otro sismo ocurra y compruebe tal hipótesis. Por ello, los macrosimulacros anuales que se realizan los días 19 de este mes son no solo un recordatorio del peligro permanente, sino también una buena oportunidad para convertir en éxito la negativa asociación.

La memoria colectiva nos recuerda la amenaza, llevándonos del infructuoso deseo de solo olvidar la tragedia a la provechosa intención de estar preparados para otra posible calamidad. Las historias de desilusión, incertidumbre, terror y confusión deben ser el catalizador que nos motive para actuar y no solo para traer a nuestra mente los actos de heroísmo, altruismo y colaboración que nos permitieron superar las crisis. Hoy tenemos la oportunidad de generar propuestas, contribuir a la preparación e instalar en la sociedad la necesidad de actuar de manera preventiva, sin limitarnos al clásico simulacro de evacuación o la simple invitación de comprar un seguro.

En este mes recibirás o brindarás información sobre la importancia de suscribir una póliza de daños materiales y, tal vez, sobre la opción de complementarla con una cobertura de gastos fijos, escuchando o exponiendo casos de éxito. Es obvio que, al ocurrir un siniestro amparado, estas protecciones atenúan las pérdidas de quienes hayan contratado la protección –¡pobres de quienes ni eso tengan suscrito!–; sin embargo, hay otras pérdidas que se manifiestan en diversos grados y en casi todos los sectores de la población, por lo que de una u otra forma las experimentamos, y que difícilmente son asegurables, ya que son peligros excluidos en los contratos o ni siquiera están contemplados en estos, debido a su naturaleza o a la dificultad para calcular sus efectos financieros.

Entre los riesgos no asegurables subsecuentes a un sismo, aunque haya cobertura suscrita, se encuentran algunas formas de saqueo, que están expresamente excluidas, y la pérdida o reducción del mercado por la imposibilidad de producir un bien o de ejecutar un servicio, pues un comercio, por ejemplo, puede detenerse si sus instalaciones peligran por colindar con un edificio en riesgo de colapso. Hoy los empresarios consideran que tienen el derecho de reclamar todo, pero en realidad esto es imposible por las limitaciones de cada póliza.

Es normal que, después de un terremoto, las cadenas de suministro y distribución se vean obstaculizadas o de plano interrumpidas, aunque no hayan sufrido daños físicos. Por ejemplo, si quieres pedir una hamburguesa a domicilio durante el día del siniestro, pero no hay electricidad o internet, será muy difícil o incluso imposible lograrlo y recibirla, ya que no habrá ni mecanismo de comunicación que permita ordenarla ni la posibilidad de realizar una transferencia electrónica, sino muchos desafíos.

La interrupción y los peligros subsecuentes también afectan las cadenas de producción, aunque tampoco hayan sufrido daños, lo que provoca la pérdida de fuentes de trabajo y, por tanto, la falta de liquidez entre los empresarios y la población en general. Incluso si una persona cuenta con un seguro compensatorio por la pérdida del empleo, el dinero no circula, sino se vuelve un abono de su deuda hipotecaria.

Además, los terremotos afectan mentalmente a las personas, ya que les produce estrés, choques y niveles temporales o permanentes de histeria, reduciendo su capacidad productiva. Así pues, aunque las casas y los centros de trabajo queden indemnes, algunas personas son incapaces de reinsertarse en una actividad productiva. Los seguros de gastos médicos no cubren dichas enfermedades consecuenciales.

En conclusión, el seguro de daños materiales es una fabulosa herramienta para reducir las pérdidas de los empresarios y las personas al ocurrir un sismo; sin embargo, mientras no estudiemos y dimensionemos todos los posibles impactos tanto sociales como económicos de un temblor y mientras las aseguradoras no puedan modelarlos para ofrecer las coberturas correspondientes, las consecuencias secundarias o terciarias no serán transferidas a un asegurador y seguiremos a la deriva, en el vaivén del efecto negativo de los terremotos.

Deja un comentario