Sector Asegurador

Laura Islas: 32 años de periodismo en seguros

Hace unas semanas, Jorge Carbajo entrevistó con gran orgullo y alegría a Laura Islas, nuestra directora general, a quien conoce desde hace muchos años y admira profundamente por ser, entre otras cosas, una gran mujer empresaria, agente de seguros, periodista y publirrelacionista, que fundó, dirige y vende su propia revista y que se ha ganado el reconocimiento del sector asegurador. En esta ocasión, te compartimos el diálogo de estos dos grandes amigos y exitosos emprendedores.

Has cumplido 32 años en la carrera de periodismo, más de tres décadas de ser una periodista especializada. ¿En qué momento se te ocurrió combinar tu profesión con la industria de los seguros?

No se me ocurrió. Yo buscaba empleo para seguir pagando la escuela y estuve a punto de ser cajera de un banco, pero llegó a la Escuela de Periodismo Carlos Septién García una vacante de auxiliar de redacción. Asistimos alrededor de veinte interesados a la entrevista, pero solo fuimos seleccionadas dos personas. Me aceptaron a pesar de que todavía era estudiante y no tenía experiencia. Fue así como conocí el sector asegurador y, debido a ello, mi tesis fue de periodismo especializado en seguros.

¿Qué sentiste cuando pisaste por primera vez la sala de redacción?

Una conexión muy especial con los seguros. Al principio apoyaba el área administrativa, realizaba labores de archivo y aprendía sobre qué atendía cada uno de los ramos. Después, me desempeñé verdaderamente como auxiliar de redacción y comencé a escribir sobre las asociaciones de seguros, por lo que realizaba llamadas a cada una de ellas para obtener la información sobre los eventos o conocer sus opiniones en relación con algún tema y después entregaba mis notas al coordinador editorial. Cierto día, cuando me enviaron a cubrir un evento de incendios y prevención de riesgos, me pregunté qué hacía allí, ya que el tema parecía muy difícil de abordar y más siendo mujer. Mi primera nota me la tiraron a la basura ocho veces antes de que fuera aceptada y publicada un año más tarde.

Además de las desventajas de ser mujer y muy joven, ¿qué dificultades enfrentaste en tus inicios?

No sabía moverme en la ciudad, así que me perdía. Además, aunque desde el principio me gustó mucho la administración de riesgos y trabajé demasiado en campo, desconocía el tema y me resultaba muy complicado entenderlo, por lo que tomaba a distancia un curso de seguros, advertía a los entrevistados que apenas comenzaba a involucrarme en este mundo y les solicitaba a los expertos que me explicaran con peras y manzanas para transmitir su conocimiento a los lectores.

¿En qué momento decidiste dar el siguiente paso?

Siempre he pensado que debemos avanzar cuando ya no somos felices en un lugar, ya no disfrutamos lo que hacemos y ya nos invade a diario la pesadez. Así que, aunque tenía mucho miedo a lo desconocido y resultó muy difícil tomar la decisión, finalmente me independicé como lo había planeado, entre los 40 y los 42 años, para convertirme en agente de seguros, porque veía que los asesores tenían buenas oportunidades, mantenían un contacto cercano con los clientes y acudían al lugar del siniestro. Esto último siempre me atrajo, porque quería saber si era cierto o no el mito de que el seguro no paga, ver cómo se atendía a los usuarios y conocer cómo eran los procesos.

Mi elección de volverme agente me llevó a estudiar mucho más que en la carrera de periodismo, ya que estaba acostumbrada a ser una alumna con promedios altos y, aunque conseguí mi cédula A, reprobé el primer intento para la B que necesitaba para un negocio, lo cual fue muy frustrante. Además, vender seguros y entender de manera plena los conceptos para explicarlos no resultó tan fácil como parecía. Todo ello, además de mi intención de asesorar bien a las personas y no solo colocar pólizas, de manera que la promesa realizada durante la venta se cumpliera al ocurrir el siniestro, me impulsó a evolucionar.

Entonces, mientras estaba en un entrenamiento vivencial que me desafió a proponerme algo en tres meses y cumplirlo, se me ocurrió fijarme la meta de lanzar una revista en marzo de 2015. Tenía la idea, pero no el dinero. Por fortuna, hubo gente que creyó en mí y me apoyó. Redacté mi primera nota en un negocio de comida rápida, pues en este seminario había un equipo que hacía un seguimiento de mi progreso y no me dejó ir hasta que finalicé mi tarea. Gracias a esta experiencia aprendí que uno se impone barreras limitantes, las cuales suelen comenzar con un “no tengo”. Mi graduación fue la primera edición de Revista Siniestro, cuya circulación contó con el apoyo de treinta personas del curso, quienes salieron conmigo a repartirla. Ahora sigo distribuyéndola en distintos corredores con la intención de que la población sepa más de los seguros; solo pausé un poco esta práctica durante la pandemia.

¿Qué sentiste al tener el primer número de la publicación en tus manos?

Felicidad y angustia, porque ahora venían el segundo, el tercero y los demás, pues el sueño se había hecho realidad y no moría con la primera edición. Además, sentía la enorme responsabilidad de transmitir lo mejor posible el mensaje de que el seguro adquirido de forma adecuada e informada sí ayuda y paga cuando cumplimos las condiciones y entregamos los documentos solicitados.

Mi ventaja fue que, antes del lanzamiento de la revista, ya tenía mi plan de negocios, pues sabía qué quería hacer y cómo. Aunque no tuviera muy claro qué vendría después, estaba consciente de que sería necesario ganarme una y otra vez la confianza de la gente y de que el problema no sería vender, porque había sido directora comercial por muchos años, sino escribir, porque en ese tiempo yo realizaba todas las funciones.

Después de siete años con la revista, ¿cómo te sientes?

Muy feliz, porque ya quedó atrás la etapa en la que algunas personas decían que mi publicación solo iba a durar tres ediciones por el nombre. Es verdad que la palabra “siniestro” no implica algo bonito, pero también es cierto que se refiere al momento en que las personas realmente valoran la importancia de tener un seguro: cuando fallece papá o mamá, pero deja una suma asegurada para sus niños chiquitos, o cuando entras al hospital y recibes una cuenta demasiado grande, pero solo debes pagar un deducible y un coaseguro, o cuando afectas con tu vehículo a otra persona y no tienes cómo responder por el daño, pero tu póliza te respalda. Por eso, mi sueño se llama Revista Siniestro y es muy satisfactorio que, después de siete años, no haya muerto esta publicación que recuerda a la gente por qué es indispensable contar con un seguro.

Pasamos años muy complicados como empresa, en los que dudé entre seguir o no, y 2020 fue el más difícil, porque llegó la pandemia cuando comenzábamos a respirar y porque no estábamos preparados para ella; sin embargo, echamos mano de todo lo que teníamos y no solo salimos a flote, sino también resultamos fortalecidos. Tengo un equipo pequeño, pero cada integrante cree en lo que hacemos y ha desarrollado tanto el gusto por el seguro como el compromiso con este. Aquí aprovecho para mencionar de manera especial a Adriana Oropeza, quien ha estado conmigo casi desde la fundación de la revista y está enamorada del seguro, como yo, pues para nosotras no se trata de redactar una simple nota periodística sobre una póliza, sino de hablar de algo que funciona, y por eso, cuando entrevistamos a alguien, cubrimos un evento o preparamos un contenido, pensamos en cómo eso será de utilidad para la gente.

¿Ha habido momentos en que digas “hasta aquí, ya no más”?

Sí, claro. Me han ofrecido trabajo como directora comercial en los momentos más críticos de la revista, pero he pensado “si ya me aventé, ¿por qué me voy a regresar?” o “si ya vendí una póliza a alguien que confió en mí, ¿cómo le voy a decir que ya no seré su agente y allí se queda?”. Hay una cuestión de compromiso y honor, que me motiva a cumplir mi palabra y no echarme para atrás cuando ya comencé algo. Yo recuerdo mucho una frase del licenciado Joaquín Brockman (q. e. p. d.), que escuché cuando se festejó los 20 años de Quálitas: “Solamente puedes dar un paso hacia atrás para tomar vuelo, pero no se vale echarse para atrás en lo que estás haciendo”.

Consideré al licenciado Brockman como mi mentor desde que lo conocí, mucho antes de que yo emprendiera con la revista, y sus frases siempre me han sacado adelante. Estoy segura de que, ahora que ya se encuentra en el cielo, me sigue mandando mensajes de ánimo para que no me dé por vencida, porque sí ha habido momentos en los que he estado a punto de detenerme. En abril de 2020, cuando lo vi por última vez, él me recordó que había comenzado en ceros y que debía preguntarme qué más necesitaba hacer para seguir. Tuve el privilegio de que, cuando estuve a punto de caer, me levantó.

Si tuvieras la oportunidad de regresar en el tiempo, ¿qué cambiarías?

Nada. Es perfecto lo que uno hace en el momento, y el hubiera no existe. Yo podría decir que me gustaría haber tenido tres inversionistas, pero no fue así y, cuando alguien se interesó en aportar capital y ya estábamos frente al notario para firmar la sociedad, Dios intervino para que no ocurriera, lo cual fue bueno, ya que una semana más tarde unos sucesos confirmaron que eso no debía pasar. Por supuesto, tener más experiencia hubiera sido útil, pero creo que he hecho lo que podía con lo que tenía y me siento muy bien con ello.

¿Cómo has lidiado con este mundo tan machista?

He conocido a muchísimos hombres y unas pocas mujeres que han sido difíciles. Sí me pega que me digan “aquí no vas a estar”, pero me he secado las lágrimas y he seguido adelante, porque quienes te cierran las puertas no te las van a abrir nunca, sino harán lo posible para obstruirlas más. Al final del día, seguiré cumpliendo mi sueño, aunque haya quien intente bloquearme o piense que las mujeres no somos inteligentes. Creo que lo importante es hacer lo que se debe, trabajar cada día, no dejar de aprender, tener la humildad para reconocer los errores y abrir paso a las nuevas generaciones de mujeres, porque ellas seguirán enfrentándose a muchos obstáculos y cuestionamientos, a pesar de que ya han cambiado algunas cosas.

Si tuvieras enfrente a una Laura que apenas va empezando, ¿qué le dirías?

No desistas de tus sueños, ya que puedes construirlos si tienes la actitud para hacerlo y te preparas, pues detrás de los logros hay mucho estudio y la frase “vacía tu bolsillo en tu mente, y tu mente llenará tu bolsillo” es cierta. Además, no olvides el agradecimiento y la presencia de Dios en todo lo que haces.

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