Ajustes, Daños e Indemnizaciones

La cuesta de enero en los siniestros

Damnun Ajuster por Carlos Zamudio Sosa / México Claims and Risk Management, S.C. / carlos.zamudiososa@gmail.com

Los negocios tienen estacionalidad financiera, es decir, momentos de bajo y alto inventario o de baja y alta utilidad, así que sus necesidades de cobertura gravitan a veces sobre el seguro de daños materiales y en ocasiones sobre el de pérdidas consecuenciales. Como consumidores, asociamos instintivamente el último trimestre del año a una mayor liquidez, así que los bolsillos llenos y las fiestas nos vuelven propensos a gastar con singular alegría, lo cual representa muchas ventas para algunos negocios que en enero ceden la oportunidad de bonanza a otros cuya temporada apenas comienza.

De acuerdo con mis cuatro décadas en el medio de las pérdidas aseguradas, los siniestros que ocurren unos meses antes de que acabe el año tienen la constante de sufrir mayores consecuencias, lo cual asumo que se debe a una mala selección de los seguros contratados o a una insuficiencia. Como sea, las consecuencias son muy malas para la continuidad de cualquier negocio, porque ante la pérdida de los activos, aun estando asegurados, bastan unos cuantos meses de demora de la indemnización para que los efectos negativos se multipliquen, ya que la falta de liquidez para acelerar la recuperación obstaculiza el retorno a las condiciones que se tenían antes del siniestro.

Muchos comercios adquieren inventarios y se comprometen a cubrir sus créditos en diciembre o enero, por lo que un siniestro puede convertirse en una pesadilla incluso si fueron conscientes de la amenaza y suscribieron un seguro anticipadamente, ya que este podría estar limitado por los pocos riesgos contratados o por la insuficiente suma asegurada que no se actualizó y se calculó con base en los números obtenidos 10 meses antes, ya que no se consideró la estacionalidad y, me consta, se pidieron promedios al cliente.

En infinidad de ocasiones he vivido siniestros ocurridos entre octubre y noviembre, en los cuales simplemente era imposible recabar la documentación que acreditara las pérdidas y permitiera cobrarlas en el mismo año. Además, desde la primera semana de diciembre, las aseguradoras ralentizan e incluso dejan de atender obligaciones a efecto de prepararse para su cierre fiscal, por lo que los reclamos suelen resolverse a partir de enero y el empresario se ve imposibilitado para pagar sus obligaciones fijas o créditos, a menos que obtenga anticipos, lo que es poco usual.

Sin importar que los intermediarios se sientan aludidos o eximidos respecto de las insuficiencias del contrato y la incorrecta transferencia de consecuencias, me interesa que aquí hagan un alto los empresarios que quieren un respaldo integral para cubrir los daños físicos y las pérdidas de segundo orden, ya que en la mayoría de las veces compran más una expectativa que una garantía. Quien nunca ha tenido que probar una pérdida no imagina cuán arduo es probar los daños y perjuicios, sobre todo cuando se trata de satisfacer a la aseguradora, y desconoce que los resultados todavía pasarán por el tamiz del contrato y por un tiempo que no controla.

Ojalá que, cuando adquiera una póliza empresarial, el asegurado imagine los escenarios de estacionalidad o de mayor vulnerabilidad o exposición, para que dimensione de manera correcta sus necesidades de cobertura, como si el evento dañoso fuera inevitable, y no priorice la prima a pagar, sino los requerimientos que dan certeza de recuperación plena.

Deja un comentario