Ajustes, Daños e Indemnizaciones

Busquemos que todos ganemos más con los seguros

Alfredo Levi Penhos / Equity Ajustadores

Para que el mercado de seguros crezca y todos ganemos más, debemos crear pólizas que cubran más siniestros, indemnizar de manera justa a los asegurados, aumentar tanto los ingresos de las aseguradoras como las comisiones de los agentes e incrementar las reclamaciones que atienden los ajustadores.

No todos los asegurados pueden costear mayores primas, así que debemos enfocarnos en dar mejores pólizas a quienes sí pueden, para que reciban más indemnizaciones y estén dispuestos a pagar más. No sirve la guerra de tarifas, por la cual las aseguradoras venden pólizas más baratas, los corredores y los agentes reciben menos primas o comisiones, las pólizas tienen más exclusiones o limitaciones, los deducibles son más altos y los asegurados resultan cada vez más perjudicados con el rechazo de sus reclamaciones. Hoy se rechaza un 30% más de siniestros que hace 40 años.

Por falta de técnicos, cada vez existen más giros o zonas no asegurables. Esto provoca que se deje de captar negocios, se reciban menos primas y se den menores comisiones. Considero que todo es asegurable si se cobran primas adecuadas y el cliente está dispuesto a pagarlas. En tal caso, difícilmente los asegurados, las compañías o los agentes perderán. Además de la prima, se pueden establecer deducibles, coaseguros y dividendos por buena siniestralidad, entre otros mecanismos, para garantizar la rentabilidad del negocio.

Antes de la guerra de tarifas, había textos únicos y no existía ningún giro que no se pudiera asegurar, ya que todas las compañías cobraban lo mismo. Sin embargo, cumplir con la Ley de Competencia actual no nos impide cubrir todo a un costo adecuado. Antes un cliente solo podía reducir el costo de su póliza al implementar diversas medidas o protecciones para reducir el riesgo, tras lo cual la aseguradora disminuía la prima, pues así el usuario tenía la tranquilidad de contar con una buena póliza a un menor costo y la compañía asumía riesgos asegurables.

En la actualidad, los textos unificados despertarían en los agentes el interés de estudiar y vender pólizas de daños, ya que muchos no lo hacen por la dificultad de entender las grandes diferencias entre las coberturas homónimas o las múltiples definiciones en las condiciones generales. Un ejemplo de esto: por el terremoto de 2017, se determinó la necesidad de pólizas que amparen los departamentos en condominio a valor comercial –algunas cubren hasta el terreno–, pero hay más de diez textos diferentes y ninguno es claro con respecto a cómo se establece dicho valor.

Debería haber una fuente de información confiable, como el Libro Azul en Autos, que ayude a fijar una suma asegurada correcta y permita calcular una indemnización justa. Además, un comité técnico integrado por aseguradoras, corredores, agentes y ajustadores debería desarrollar, revisar, mejorar y actualizar los textos básicos unificados y entendibles de las pólizas de todos los ramos de daños, buscando que cualquier término técnico signifique lo mismo para todas las compañías y evitando que, al ocurrir un siniestro, se obtengan diferentes resultados.

Las pólizas deberían incluir un resumen ejecutivo de una o dos cuartillas, que describa de forma breve las coberturas, las exclusiones, los deducibles, los bienes asegurados y el resto de los puntos clave, ya que así el agente explicaría todo con mayor facilidad y el asegurado estaría más dispuesto a leer, lo cual permitiría lograr un mayor entendimiento de las protecciones adquiridas. Además, las pólizas deberían dejar claro que prevalecerán las condiciones generales y especiales y no deberían tener textos tan extensos que nadie lee o entiende y que en muchas ocasiones se contradicen.

Debemos revisar los seguros a primer riesgo, ya que en determinadas circunstancias se castiga con deducibles altos a quienes pagan más y se beneficia con mayores indemnizaciones a quienes pagan menos. Si se protegen dos inmuebles de 5 millones de pesos, uno por el valor de la propiedad y otro por solo el 10% de este, cuando se aplique el deducible de terremoto y fenómenos hidrometeorológicos, quien pagó 10 veces más cubrirá un deducible 10 veces mayor y, cuando los daños sean menores a 500 mil pesos, quien pagó menos recibirá una mayor indemnización.

Nunca se debe renovar las pólizas con las mismas sumas aseguradas. Es necesario al menos aumentar el porcentaje de la inflación en todas las coberturas, incluyendo la de responsabilidad civil. Si se ha mantenido por varios años las mismas sumas aseguradas, es vital incrementarlas de acuerdo con el periodo, para lo cual se recomienda ver la calculadora de inflación del Inegi. Estas acciones no solo aumentarán las primas y comisiones, sino también permitirán en caso de siniestro una indemnización más justa.

Necesitamos sublímites adecuados y primas justas para las coberturas indemnizatorias de daños estéticos por siniestro, reforzamiento de estructuras requeridas por la autoridad tras un siniestro, daños por filtraciones, daños a bienes a la intemperie, daños a bienes asegurados por convenio expreso, valor de reposición a tres o cinco años y compensación entre incisos en la misma ubicación. También faltan pólizas de edificios que cubran los cimientos, para que las sumas aseguradas y las primas suban hasta un 15% y la siniestralidad, salvo la de sismos, aumente en menor porcentaje.

En los siniestros de terremoto y de fenómenos hidrometeorológicos, la pérdida suele quedar absorbida por el deducible o rebasar este por montos mínimos, ocasionando que muchos asegurados cancelen la póliza o no la renueven. Además, en los siniestros de edificios en condominio, donde hay diferentes valores de seguro y tipos de deducible, los condóminos que no sufren daños o tienen pequeñas afectaciones no están de acuerdo en pagar el deducible para que los más perjudicados realicen sus reparaciones. Por tanto, debemos revisar estos asuntos.

Para mejorar las coberturas de terremoto y de fenómenos hidrometeorológicos y reducir su costo, podríamos unir ambas protecciones bajo el nombre de riesgos catastróficos. Al reducir el precio, propiciaríamos un mayor aseguramiento, una mayor cantidad de primas y una diversificación del riesgo. En zonas donde difícilmente llueve, los asegurados no cuentan con la cobertura de fenómenos hidrometeorológicos y no reciben ninguna indemnización cuando se presenta una lluvia extraordinaria, pero con la cobertura de riesgos catastróficos sí recibirían una indemnización.

En el ramo de transportes, más del 90% de los pronósticos de embarques son menores a los reales. Esto sucede porque los asegurados y los agentes buscan reducir el costo de la prima, pero al final, como las aseguradoras no reciben el dinero suficiente, el seguro se encarece, provocando que algunos no adquieran una póliza por el alto costo o que las compañías no cubran a otros por la alta siniestralidad. Si hubiera pronósticos de embarques más reales, mayores primas y ajustes al final de la vigencia, el ramo de transportes sería más costeable y rentable.

También es necesario unificar las coberturas de rotura de maquinaria y equipo electrónico, para evitar que la gente dude sobre qué protección debe adquirir. Al amparar los bienes, incluyendo las calderas, contra los mismos riesgos contemplados por la cobertura de equipo electrónico, que abarca el incendio, se evitan los bajoseguros declarados, donde la suma asegurada de rotura de maquinaria es superior a la de incendio de contenidos y donde se aplica la cláusula proporcional.

En la póliza de equipo de contratistas, se puede incluir y mejorar la cobertura adicional de responsabilidad civil por daños a terceros. Cada día hay más reclamaciones relacionadas con este riesgo, pero las sumas aseguradas suelen ser bajas y no actualizarse de acuerdo con lo que establecen los códigos civiles, las cuales parten del salario mínimo que ha subido más del 100% en los últimos años. Por ejemplo, en la Ciudad de México, la actual indemnización por muerte supera los 9 millones de pesos por persona, pero las sumas aseguradas contratadas no consideran este valor y muchas son muy insuficientes.

Debemos cambiar hasta el nombre de la cobertura de inmuebles y actividades, pues en la mayoría de los casos se requiere la contratación de protecciones adicionales para cubrir las actividades de los asegurados. Si en un restaurante se intoxican los comensales y en la protección básica no está cubierta la actividad de vender comida, el siniestro será improcedente y el asegurado quedará molesto; sin embargo, si sí estuviera cubierta, la aseguradora cobraría más primas y la reclamación sería procedente. Algo similar sucede con talleres, estacionamientos y otros negocios.

También hay que analizar las coberturas donde se pide al asegurado dar avisos, como la de responsabilidad civil de contratistas o de responsabilidad civil asumida, ya que en más del 95% de los siniestros no se cumplió con esta obligación. Como no es practico para la operación de los asegurados dar los avisos y como al no hacerlo la reclamación se vuelve improcedente, ¿qué pasaría si se considera un porcentaje de la suma asegurada y se amparan siniestros de bajo monto?

Si mejoramos las pólizas e indemnizaciones, disminuirá el prejuicio de que no pagamos y aumentarán tanto las primas como las comisiones. Así todos saldríamos ganando.

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