AJUSTES, DAÑOS Y RC

Clarividencia y sismos

Carlos Zamudio Sosa Claims Manager, México Claims and Risk Management carlos.zamudiososa@gmail.com czamudio@mexicoclaims.com

Me divierte ver las publicaciones que hacen los múltiples “visionarios” de TikTok o de redes similares cuando salen a gritar a los cuatro vientos “que sus auspicios se cumplieron”, pues estos nuevos adivinos y nigromantes de 30 segundos conjeturan tantos y tan variados eventos que por estadística le tienen que pegar a alguno. El seguro también augura y presagia, pero no mediante las místicas artes de la adivinación que pronto serán incluidas en el catálogo del SAT, sino a través del análisis estadístico de la recurrencia y el conocimiento adquirido en los eventos del pasado.

El actuario analista estima con cierto grado de fiabilidad que ciertos siniestros ocurrirán de forma inevitable, aunque no sepa quién será el afectado ni cuál será la intensidad del daño. Estos profetas del presente, modernos Baba Vanga y vaticinadores usan las matemáticas depuradas para conocer el futuro, no los elíxires exóticos que alteran la conciencia, y saben con mediana certeza cómo se comportarán las pérdidas derivadas de los eventos catastróficos, como los temblores. En vez de quemarlos en leña verde y a fuego lento, las reaseguradoras y las aseguradoras reclutan a los mejores para convertirlos en pieza clave del modelado estadístico de esas pérdidas potenciales.

Detrás de un escritorio y una computadora, estas personas generan modelos con la información suficiente y las fórmulas que han depurado a lo largo de los años. Ellas pueden tirar los dados con el entendimiento suficiente para que el azar deje de ser el decisor preponderante y, en cambio, lo sean los datos duros, los cuales permiten calcular las contribuciones que nosotros, los humildes mortales, debemos pagar como cuota de entrada (prima o premio) para tener la protección que de otra manera la diosa fortuna, convertida en infortunio, nos cobraría como tributo pleno en caso de carecer de un seguro de daños.

Dice el canto Carmina Burana al referirse a la diosa fortuna: “El Destino está contra mí, en la salud y la virtud, empujado y lastrado, siempre esclavizado…, puesto que el Destino derrota al más fuerte, ¡llorad todos conmigo!”. Impresiona que hoy podamos combatir el negativo destino de quienes están en riesgo de, por ejemplo, sufrir un sismo, un peligro que no deberíamos asociar a septiembre, aunque este mes se ha instalado en la conciencia colectiva como signo de seguro infortunio, pues el evento catastrófico puede llegar hoy o en cincuenta años y, cuando eso suceda, será mejor tener vigente el seguro que los Nostradamus de hoy nos señalaron como tributo.

Ahora el oráculo, cuya mirada ancestral todo lo ve, incluyendo los destinos, se presenta tanto en la forma como en el conocimiento de los actuarios y no en la del compartido ojo de las Fórcides, descritas en las historias de Perseo. Estos diseñadores de contratos, calculistas de probabilidades, visionarios del futuro y modernos artífices de la protección económica contra los malos hados del destino nos resguardarán siempre y cuando tomemos el escudo que han diseñado. De lo contrario, sin la participación protectora de un seguro de daños –tributo necesario–, el riesgo seguirá presente y el peligro se mantendrá latente, por lo que podríamos perder todo nuestro patrimonio cuando la fatalidad llegue en forma de, por ejemplo, un terremoto.

Deja un comentario