Gastos medicos y de salud

Principio mutual vs seguro de GMM

Raúl Carlón Campillo / Director general, Tranquilidad y Proyección tranquilidadyproyeccion@gmail.com

Resulta de especial interés el momento por el que atraviesa Gastos Médicos Mayores (GMM), el cual ha sido abordado en varios foros y medios impresos como Revista Siniestro. En pasadas colaboraciones referí algunos aspectos que enmarcan la realidad de este ramo, centrando la atención en quien termina mayormente afectado: el asegurado.

Una de las bondades de las mutualidades reside en la lógica de sumar mutuarios para reducir sus aportaciones, pues una lógica inversa implica una mayor aportación. Por tanto, aumentar el número de personas que forman parte de las mutualidades aseguradas en una póliza médica es una de las soluciones para los inclementes incrementos tarifarios que no se resuelven con la leyenda premonitoria impresa en los contratos, pues advertir al asegurado que el costo de su seguro crecerá hasta ser impagable no remedia el problema.

Elevar la cantidad de personas y familias que cuentan con un seguro médico se complica ante las tarifas elevadas y las crecientes condiciones de participación (deducibles y coaseguros) por usar una red insaciable en su empeño por convertir las sumas aseguradas en facturas a cobro. Además, la estadística de participación en el ramo, publicada a finales de septiembre, alimenta el estupor al informar que tres aseguradoras concentran el 70% de las primas pagadas en GMM, a las cuales se suman dos más para acumular el 80% del total, de manera que el resto se distribuye en compañías de menor tamaño, cuyos costos y condiciones de contratación pueden ser incluso de mucho menor cuantía.

Ante la realidad de que las mutualidades se rigen por el principio de dispersión de riesgos entre un número grande de mutuarios, cabe la inquietud de la práctica de concentrar tan solo en cinco aseguradoras, cuyas tarifas son las más elevadas, las cuatro quintas partes del mercado. Esto despierta la preocupación de que el sector está inmerso en la veleidad de las primas y las ventas, yendo en contra de los resultados y la accesibilidad del seguro para que más mexicanos puedan protegerse. Quien tiene dinero para pagar primas elevadas usualmente puede afrontar cuentas iguales en un hospital; quien carece de capital para enfrentar una cuenta hospitalaria tiene mucho más interés en adquirir un contrato que le permita pagarla.

Ante la crítica realidad del seguro de GMM actual, cabe preguntarse si de alguna forma puede implementarse un modelo de dispersión similar al del mercado de las afores, donde la Consar impide la concentración al asignar cuentas individuales a administradoras de menor captación para evitar que una sola reúna una abrumadora mayoría. Si bien la operación de ambas instituciones es distinta, la CNSF podría al menos explorar una alternativa similar para atender el grave problema del ramo: una mutualidad que se reduce en número de asegurados, pero se eleva en la severidad de indemnizaciones concentradas en únicamente cinco compañías.

Subir las tarifas afecta a los asegurados, no a los proveedores que mantienen un incremento en sus honorarios y cuentas ni a los intermediarios, a pesar de que ven reducida su comisión, ni a los empleados, quienes mantienen su puesto de trabajo, salario y prestaciones. Sin embargo, todos dependemos de que los asegurados mantengan el pago de las primas. Concentrar el 80% de la captación en cinco compañías resulta técnicamente opuesto al sencillo principio de dispersión sobre el que debe operar una mutualidad. Abrir la competencia y regularla puede aportar una solución ante la crisis del ramo de GMM, pero solo subir primas está lejos de remediar la situación.

Elevar la cantidad de personas y familias que cuentan con un seguro médico se complica ante las tarifas elevadas y las crecientes condiciones de participación (deducibles y coaseguros).

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