Lyndsay Garnica / Mayday Consultoría Internacional lgarnica@maydayintl.com
La desolación que ha dejado Otis es imposible de describir. No encuentro las palabras para expresar lo doloroso que es. Aunque el primer huracán de mi vida, Wilma (2005), fue impresionante, Otis fue muy diferente. Antes de que piensen que es una percepción sesgada, quiero aclarar que viví Wilma desde las zonas más vulnerables de Cancún, desde sus entrañas. Acapulco, después del huracán, es un ser vulnerable casi en su totalidad. Nunca podré sacarme de la cabeza los niños recorriendo descalzos la autopista en busca de agua. Por un lado, el dolor; por el otro, la incertidumbre.
La tormenta perfecta
Otis es un monstruo atípico, un mal presagio y una mezcla perfecta entre los exacerbados fe- nómenos hidrometeorológicos, la vulnerabilidad, la mala percepción del riesgo, la exposición a este y el exceso de confianza encarnado en el famoso “a nosotros no nos va a pasar”. Otis llegó como tormenta tropical y, en pocas horas, se perfiló como uno de los meteoros más destructivos de la historia.
Aunque nuestros vecinos del norte mandaron cazahuracanes, las alertas tempranas suelen actua- lizarse conforme se incrementa la fuerza del fenómeno. Para evitar una discusión porque ya sé que muchos aquí desconfían de nuestro propio sistema–, he decidido usar las notificaciones del sistema de alerta temprana de Estados Unidos (NOAH), que de un momento a otro pasó de reportar un huracán de categoría 1 en la escala Saffir Simpson a anunciar uno de 5, ya que la acelerada evolución del fenómeno no permitió que se reportara el aumento gradual de este. Así fue como Otis dio un salto abrupto de tormenta tropical a huracán de categoría 5.
Las embarcaciones
De acuerdo con las cifras de la AMIS al momento de escribir este texto, solo se han presentado 111 reclamaciones de embarcaciones en México. Aunque posiblemente esta cifra se incrementará con el paso de los días, no espero un gran aumento. Esto no significa que no se estén presentando reclamaciones en otros países, ya que el sistema de banderas y registros de embarcaciones, conforme al derecho marítimo y derecho del mar, así lo permite, aunque con sus bemoles y matices.
En cuanto a las embarcaciones aseguradas, la mayoría muy probablemente tenga una póliza que establezca una proporción indemnizable, lo cual podría dificultar el ajuste en varios casos. Otra problemática para el ajuste y pago del seguro serán las naves desaparecidas, ya que la Capitanía del Puerto contaba con un registro de 614 embarcaciones pérdidas, hundidas o desaparecidas, de las cuales solo alrededor de 70 ya se han recuperado.
¿Por qué se habla de estimados de embarcaciones y marineros desaparecidos?
Históricamente se ha adolecido del desinterés y hasta de la resistencia para proporcionar a la autoridad marítima nacional tanto el manifiesto de tripulación, pasajeros u ocupantes como el manifiesto de arribos y despachos. Además, las embarcaciones de recreo tienen muchas áreas grises. Esto no es un problema exclusivo de México, pues se trata de una situación muy generalizada en el mundo, aunque se han hecho constantes esfuerzos para resolverla. Por ello, no se sabe con exactitud la cantidad de embarcaciones y personas que se encontraban en la bahía cuando entró Otis. La comunidad marítima debe entender que las solicitudes de la autoridad se hacen por el bien de todos y son particularmente importantes cuando las cosas salen muy mal.
El ajuste
Una de las partes más complejas, importantes y sui géneris del proceso de ajuste del seguro marítimo es el papeleo, que abarca el reporte ante la Capitanía del Puerto para tramitar la respectiva baja o cancelación de la embarcación (bandera o matrícula). En vista de que la Capitanía se encuentra rebasada en este momento y también ha sufrido daños que debe atender, se generará un retraso considerable. En caso de que la bandera sea extranjera, la importación permanente también suele representar un reto para lograr adecuadamente el proceso. Por esto y por ley, lo idóneo siempre será el salvataje o reflotación de la embarcación una vez localizada, aun si es PT o PT implícita. Aunque sea incómodo y hasta abrumador, es indispensable realizar lo establecido por la ley nacional y, en su caso, también lo marcado por el Estado de la bandera. No hacer lo anterior puede traer repercusiones a largo plazo para el propietario de la embarcación, que pueden ir mucho más allá del proceso de indemnización y que varían según la bandera, sin dejar de lado las que puedan generar- se por la contaminación o el daño al medioambiente o las señaladas por el Estado rector del puerto. Aunque se argumente que Otis fue un caso fortuito o de fuerza mayor para lo respectivo a la contaminación, la mayoría de las jurisdicciones considera que esta no puede ser evitada y la tendencia en México es responsabilizar a los propietarios por el daño al medioambiente. Por eso, resulta de suma importancia la asesoría correcta sobre el tema, aun si la aseguradora paga la indemnización, para evitar malos sabores de boca. Además, en caso de que la embarcación contase con tripulación a bordo al momento del paso del huracán, es indispensable notificarlo cuanto antes a la aseguradora, puesto que esto puede tener un impacto directo en la póliza y el riesgo, que la aseguradora debe conocer lo antes posible.
Cuando la emergencia pase
Hay una cifra considerable de marineros desaparecidos en embarcaciones de pesca, turismo y recreo. Lamentablemente, ya se ha pasado a la fase de recuperación de cuerpos. No hay nada más difícil para una familia que pierde a un ser querido en este tipo de circunstancias que no tener una tumba en la cual llorarlo, por lo que podemos esperar un proceso muy doloroso en este rubro. Por desgracia, como sugirió el oficial de navegación de Acapulco, Alejandro Alexander González, según un artículo publicado en el Sur de Acapulco el 13 de noviembre de 2023: “Los dueños de las embarcaciones quisieron proteger su patrimonio y decidieron junto con los trabajadores que estos últimos se quedaran abordo”. Es muy probable que en diversos casos se abran las investigaciones competentes para comprender qué salió mal en diversos rubros. Más allá de esperar que algunas cabezas rueden y pensar en qué hicimos mal, debemos preguntarnos qué haremos para que una tragedia similar no vuelva a suceder.
