Un desastre se origina cuando las amenazas se materializan e impactan a las personas de forma adversa con efectos de largo plazo. Los desastres no necesariamente se originan por causas naturales.
Dra. María de los Ángeles Yáñez Acosta Departamento de Actuaría y Seguros, ITAM yanez@itam.mx
“La gestión del riesgo de desastres está orientada a la protección de las personas y sus bienes, salud, medios de vida y bienes de producción, así como de los activos culturales y ambientales, al tiempo que se respetan todos los derechos humanos, incluido el derecho al desarrollo, y se promueve su aplicación” (véase https:/ rebrand.ly/7lbj9kl).
Como parte de los esfuerzos de las Naciones Unidas para impulsar la resiliencia ante desastres, en 2015 se adoptó el Marco de Sendai, que es el primero en enfatizar la gestión del riesgo de desastres, no la gestión de los desastres, y orienta esta en relación con las amenazas al desarrollo en todos los sectores y niveles. Dicho marco consta de cuatro prioridades que sientan las bases para los esfuerzos de los países firmantes:
1. Comprender el riesgo de desastres. Esto implica entender las características de las amenazas y del entorno, la vulnerabilidad y la exposición de bienes y personas, para diseñar tanto la prevención y mitigación antes de la ocurrencia del desastre como las medidas de respuesta una vez ocurrido este.
2. Fortalecer la gobernanza del riesgo de desastres para una gestión eficaz de este en todos los niveles. Se requiere impulsar las colaboraciones y alianzas entre los mecanismos e instituciones, así como definir los indicadores, las acciones y los presupuestos para la prevención, la mitigación, la preparación, la respuesta, la recuperación y la rehabilitación.
3. Invertir en la reducción del riesgo de desastres para salvar vidas, prevenir y reducir las pérdidas y acelerar la recuperación y rehabilitación. A esto le llamamos resiliencia económica, social, sanitaria y cultural de las personas, las comunidades, los países, sus bienes y el medioambiente.
4. Aumentar la preparación para desastres. Esto implica dar una respuesta eficaz y mejorar la recuperación, la rehabilitación y la reconstrucción.
Algunos de los objetivos del Marco de Sendai para 2030 son:
• Reducir considerablemente la mortalidad mundial y el número de personas afectadas por los desastres.
• Reducir las pérdidas económicas causadas directamente por los desastres en relación con el producto interno bruto (PIB) mundial.
• Disminuir de manera significativa los daños causados por los desastres en las infraestructuras vitales y la interrupción de los servicios básicos, como las instalaciones de salud y educativas.
• Incrementar considerablemente el número de países que cuentan con estrategias de reducción del riesgo de desastres a nivel nacional y local.
• Aumentar contundentemente tanto la disponibilidad de los sistemas de alerta temprana de amenazas múltiples, de la información y de las evaluaciones del riesgo de desastres transmitidas a las personas como el acceso a esto.
Para alcanzar exitosamente dichos objetivos se requiere trabajar de manera más insistente en comprender el riesgo y tanto el involucramiento como la colaboración de toda la sociedad. Podemos ver esto como algo muy lejano o un buen deseo, pero en la práctica no lo es. Por ejemplo, cuando se construyen los atlas de riesgos, se hacen inventarios de amenazas, vulnerabilidades y exposiciones que nos permiten gestionar el riesgo, así que estos atlas deben alimentarse constantemente con lo que las personas identifiquen a diario.
Otro ejemplo de nuestra posible participación en la gestión del riesgo de desastres tiene que ver con el financiamiento de este. Tradicionalmente se deja la responsabilidad de financiar las pérdidas derivadas de un desastre al gobierno. Es importante tener una gestión eficiente del riesgo público y unos programas sociales que apoyen a las personas con menos recursos, pero una política pública que impulse el aseguramiento de casa habitación a nivel nacional ayudaría a contar con recursos económicos para la recuperación y rehabilitación posterior a la ocurrencia de un desastre. Pensemos en los terribles incendios en Los Ángeles, que han reducido a cenizas miles de hogares y dejado a más de 180 mil personas bajo órdenes de evacuación. Aunque la reconstrucción de estos hogares y el retorno a la normalidad tomará tiempo, el vecino país del norte tiene la ventaja de que el 85% de las viviendas están aseguradas y, aunque en Los Ángeles no es obligatoria esta cobertura, existe un porcentaje alto de casas y negocios asegurados precisamente por la alta exposición histórica a los incendios.
¿Qué hay de las implicaciones económicas y financieras para las aseguradoras? Existen regulaciones para garantizar la solvencia de estas; sin embargo, ante los riesgos de desastres, especialmente de los que se intensifican con el cambio climático, debemos mejorar los modelos capturando las nuevas características de estos riesgos. De aquí que el actuario, como experto en riesgos, debe mantenerse actualizado con las metodologías pertinentes.
