Los cambios hormonales, metabólicos y emocionales, las taquicardias, los dolores articulares y musculares, los trastornos del sueño, las sudoraciones y los bochornos son los síntomas de la menopausia que marcan el término de la etapa reproductiva de la mujer.
Roxana Vélez Pérez Coordinadora editorial, Revista Siniestro
En México, alrededor de 6 millones de mujeres entre 45 y 65 años se encuentran en la menopausia. Aunque esta etapa es distinta para cada una, los cambios que produce impactan su salud física y emocional debido a la disminución de estrógenos, lo cual las vuelve más vulnerables a distintos padecimientos, como las enfermedades cardiovasculares. Durante la 3.ra edición del Women’s Health Event organizado por el Baylor St. Luke’s Medical Center en la Ciudad de México, conversamos con el doctor Enrique Garcia-Sayan, director médico de Cardiología no Invasiva en el Baylor St. Luke’s Medical Center, y con la doctora Cristina Boccalandro, especialista en Endocrinología, Diabetes y Metabolismo y CEO del Texas Endocrinology Group, para conocer la relación que existe entre la menopausia y las enfermedades cardiovasculares.
Los trastornos del corazón y los vasos sanguíneos afectan de manera importante a las mujeres durante la menopausia y son la principal causa de muerte de mujeres en los países desarrollados. ¿Qué sucede con esta enfermedad y cuáles son los mitos que la rodean? Se creía que las enfermedades cardíacas solo afectaban a los hombres y que las mujeres solo debían preocuparse por el cáncer, pero las enfermedades cardiovasculares matan a más mujeres que todas las clases de cáncer combinadas. También se pensaba que no era necesario preocuparse si no había ningún síntoma, pero dos terceras partes de las mujeres que fallecen por una enfermedad cardiovascular no presentaron síntomas hasta el día en que sufrieron un infarto masivo por embolia cerebral. Si bien la mayoría de las mujeres diagnosticadas de infarto sufren dolores en el pecho, la población femenina puede presentar un síntoma más vago, como un dolor en la espalda o un tipo de indigestión, así que tiene más probabilidad de manifestar los síntomas llamados atípicos en relación con los hombres.
La doctora Boccalandro comentó que generalmente, después de los cincuenta años, las mujeres son más propensas a las enfermedades cardiovasculares debido a la baja de los niveles hormonales por la menopausia y a factores como el aumento de la presión arterial, los cambios en el cuerpo y el colesterol que empieza a presentarse en niveles altos. Ella dijo: “Hay mujeres que tienen factores de riesgo importantes y desarrollan una enfermedad cardiovascular antes de la menopausia, pero al entrar en esta etapa se acelera un poco el proceso. A medida que envejecemos, se tapan las arterias porque se forma una placa progresiva. Factores como la genética, la alimentación, el consumo de cigarro y los hábitos de ejercicio no se pueden aislar, pues forman un conjunto”. Además, mencionó que la parte psicológica y emocional está muy relacionada con las enfermedades cardiovasculares, porque al sufrir ansiedad o depresión la gente no come de la manera más sana y experimenta un aumento de peso, lo cual influye en la salud cardiovascular que, en el caso de las mujeres, también se ve impactada por los cambios causados por la menopausia.
El doctor Garcia-Sayan dijo que la historia familiar, los hábitos, el tabaquismo, el sobrepeso y la diabetes aumentan el riesgo cardiovascular tras la menopausia, pues al perderse los estrógenos la amenaza se acelera. De acuerdo con él, una de cada tres mujeres muere a causa de esta clase de enfermedades, en ocasiones sin presentar ningún síntoma. Él afirmó: “Esa idea de que a las mujeres no les pasa nada se ha enraizado mucho en la mentalidad de la gente, lo cual lleva a que ellas no se hagan un chequeo porque piensan que nada las puede afectar. Es importante la prevención y la identificación de los factores de riesgo como el colesterol, la diabetes y la presión alta, que no duelen ni causan ningún síntoma, pero son llamados asesinos silenciosos. Se debe identificar el riesgo individual para diseñar una terapia preventiva personalizada”.
Dentro de los cambios hormonales que afectan las funciones metabólicas del cuerpo durante la menopausia, se encuentra la disminución del nivel de estrógenos. Cuando estos se terminan se puede recurrir a una terapia de reemplazo hormonal, pero esta puede traer algunos riesgos, como el incremento de coágulos. Por eso, el doctor Garcia-Sayan considera que los cardiólogos, endocrinólogos y ginecólogos deben trabajar en equipo para determinar qué tipo de pacientes pueden recibir estrógenos para mejorar los síntomas menopáusicos y en qué pacientes es mejor no administrarlos por el riesgo que significan.
El doctor Garcia-Sayan comentó que muchas mujeres durante la menopausia no presentan los síntomas cardiovasculares “típicos”. Él afirmó: “Un infarto al corazón o el bloqueo agudo de una arteria se puede manifestar con una presión en el pecho, pero también con síntomas un poco más vagos y difíciles de describir, como un malestar en la boca del estómago o una indigestión que no se va, o con síntomas más sistémicos, como la sudoración, la falta de aire y el malestar general, por lo cual las mujeres no llegan al hospital a tiempo cuando sufren un infarto al corazón”.
Al ser las enfermedades cardiovasculares la causa número uno de muerte en las mujeres durante la menopausia, resulta esencial detectar los factores de riesgo y los síntomas, incluso los que no duelen o son “atípicos”, para salvar más vidas. También es importante que las mujeres se realicen chequeos frecuentes de la presión, los niveles de azúcar y el colesterol; visiten con regularidad al médico, y acudan al cardiólogo si es necesario. El doctor indicó: “Las pruebas de tomografía cardiaca para ver la placa coronaria son muy sencillas y fáciles de hacer, pues no requieren contraste y exigen una mínima radiación para identificar los pequeños depósitos de calcio que se forman en las arterias coronarias”.
El 80% de las enfermedades cardiovasculares son prevenibles si se tiene un control de los factores de riesgo y del estilo de vida.
