Hace unas semanas tuve el placer de conversar con Mauricio Arredondo, director general del Centro de Evaluación para Intermediarios (CEI) y presidente del Colegio Nacional de Actuarios (CONAC).
Laura Edith Islas Yáñez / Directora general, Revista Siniestro
La charla giró en torno a los viajes internacionales que ha realizado recientemente y, sobre todo, a lo que estos representan para la actuaría mexicana en un entorno global cada vez más interconectado.
Para Mauricio, estos viajes no responden únicamente a una agenda institucional. Representan una oportunidad para entender cómo evoluciona la profesión actuarial en distintos contextos sociales, económicos y culturales, así como para posicionar a México como un actor relevante dentro de la comunidad actuarial internacional, en un momento especialmente significativo: este año el CONAC cumple 60 años de historia, consolidándose como una de las asociaciones profesionales más sólidas y con mayor trayectoria en América Latina.
Uno de los principales espacios de representación internacional del CONAC es la Asociación Internacional de Actuarios (IAA, por sus siglas en inglés), organismo que agrupa a asociaciones actuariales de todo el mundo y que celebra reuniones periódicas dos veces al año. En ellas sesionan distintos comités especializados y se lleva a cabo el Council, órgano en el que participan los presidentes de las asociaciones miembro y donde se discuten y validan las decisiones estratégicas que marcan el rumbo de la profesión a nivel global.
La reunión más reciente de la IAA, celebrada en Marruecos, fue particularmente significativa. Además de la elección del presidente de la Asociación para el periodo 2026, se desarrolló el Council, en el cual Mauricio Arredondo participó como representante del CONAC, reforzando la presencia y la voz de México en los espacios de toma de decisión internacionales. Asimismo, se revisaron los avances de comités clave como Climate & Sustainability, Insurance Regulation, Strategic Planning, Advance y Education. Este último resulta especialmente relevante, ya que define el syllabus internacional que establece los conocimientos mínimos que deben acreditar los actuarios en cualquier parte del mundo.
Más allá de las sesiones formales, Marruecos representó un punto de encuentro entre realidades muy distintas. Europa, África, Asia y América Latina compartiendo preocupaciones comunes —cambio climático, solvencia, regulación, longevidad e inteligencia artificial— desde contextos pro- fundamente diversos. Para Mauricio, este contraste confirma que la actuaría es una profesión global, pero con soluciones que deben adaptarse a las particularidades económicas, sociales y demográficas de cada país.
Además de su trabajo permanente a través de comités —en varios de los cuales participa activamente el CONAC—, la IAA organiza un congreso global cada cuatro años, cuyo próximo encuentro se celebrará en Tokio. Este foro permite no solo la presentación de ponencias técnicas, sino también el intercambio directo de experiencias entre asociaciones y profesionales de todo el mundo, enriqueciendo la visión sobre el desarrollo y futuro de la profesión.
En la reunión de Marruecos participaron cerca de cien actuarios. México destacó por la presencia y participación activa de la Act. Norma Alicia Rosas en el Insurance Regulation Committee, el Act. Jesús Zúñiga en el Advance Committee y el Act. Pedro Pacheco en el Strategic Planning Committee. Adicionalmente, otros actuarios mexicanos participan de manera constante en distintos comités de la IAA, lo que refleja un involucramiento amplio y sostenido del gremio nacional en la agenda internacional.
Gracias a este tipo de intervenciones, el CONAC goza hoy de un alto reconocimiento global. De hecho, México y Brasil son los países latinoamericanos con mayor participación y visibilidad dentro de la IAA.
La actuaría mexicana se distingue como la más desarrollada de América Latina, resultado del número de profesionales, la solidez de su formación académica y la trayectoria institucional del CONAC, que desde hace más de cinco décadas ha contribuido de manera decisiva al fortalecimiento del gremio y que este año celebra seis décadas de trabajo continuo. A nivel internacional, el actuario mexicano es reconocido como un profesional bien preparado, con una participación constante y comprometida en los espacios globales.
Las problemáticas que se discuten en México son, en esencia, las mismas que se abordan a nivel internacional: seguros, pensiones, seguridad social, administración de riesgos, cambio climático, solvencia, longevidad e inteligencia artificial. Sin embargo, Mauricio subraya una diferencia relevante: mientras que en muchos países el actuario se asocia casi exclusivamente con estos campos tradicionales, en México la profesión se ha diversifica- do hacia áreas como ventas, logística, marketing, investigación de mercados, capital humano, programación, planeación estratégica, economía y políticas públicas. Esta diversificación ha dado lugar a un perfil más integral y versátil.
Si bien los contextos demográficos varían —Europa enfrenta poblaciones envejecidas, mientras que América Latina mantiene una población relativamente joven—, el intercambio internacional resulta altamente enriquecedor. Permite identificar retos comunes, pero también aprender de realidades muy distintas. Existen países donde no hay una carrera formal de actuaría o donde el acceso a la profesión se da exclusivamente a través de exámenes. En contraste, México cuenta con una oferta académica sólida, con más de 38 universidades que imparten la licenciatura.
Esta percepción positiva se reforzó durante la participación de Mauricio en un evento de la Asociación Actuarial del Caribe (CAA, por sus siglas en inglés), donde fue invitado a formar parte de un panel de presidentes junto con representantes de asociaciones actuariales de Canadá, Estados Unidos y Reino Unido, así como de la propia IAA y de la CAA. En este espacio —como único representante de América Latina— compartió el trabajo del CONAC y dialogó sobre preocupaciones comunes, particularmente en torno al cambio climático. El intercambio evidenció que, más allá de las diferencias regionales, existen retos compartidos y una agenda actuarial global cada vez más convergente. Asimismo, Mauricio fue invitado a dialogar con estudiantes de los Pro- gramas de Ciencias Actuariales en Jamaica. Esta experiencia le permitió dimensionar con mayor claridad la posición de México en la formación profesional. Mientras que en nuestro país la licenciatura y la titulación otorgan el reconocimiento profesional pleno, en Jamaica solo tres universidades imparten la carrera y los egresados deben acreditar, adicionalmente, exámenes de asociaciones estadounidenses para ser reconocidos como actuarios. El contraste sorprendió a muchos estudiantes y puso en valor la tradición académica mexicana, que en 2027 cumplirá 80 años desde la autorización de la carrera de Actuaría en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Una constante identificada en estos encuentros internacionales es la necesidad de fortalecer las habilidades blandas de los actuarios. La formación técnica y matemática es sólida, pero resulta indispensable complementar- la con competencias como comunicación efectiva, liderazgo, trabajo en equipo e inteligencia emocional. Desde esta perspectiva, Mauricio considera que el CONAC debe ampliar su enfoque institucional. Más allá de los cursos de actualización técnica asociados a la certificación profesional en seguros, fianzas y pasivos laborales, resulta fundamental atraer a actuarios que hoy se desempeñan en disciplinas distintas, como finanzas, estadísticas, demografía, economía, políticas públicas, investigación de operaciones, capital humano o gestión estratégica. Aunado a lo anterior, es diversificar la oferta académica, no solo en términos técnicos, sino incorporando de manera decidida programas orientados al desarrollo de habilidades humanas y sociales. La visión es fortalecer una formación integral que reconozca al actuario no solo como un especialista técnico, sino como un profesional con impacto social.
En este proceso de transformación profesional, la inteligencia artificial ocupa un lugar central. Su creciente uso en seguros y pensiones —particularmente en procesos como la suscripción y el ajuste de siniestros— plantea oportunidades, pero también retos éticos. La IA se alimenta de datos generados por personas y puede reproducir errores o sesgos si no se utiliza con responsabilidad. Para Mauricio, la IA no sustituye al actuario; es una herramienta que debe alinearse a códigos de conducta y marcos regulatorios que refuercen el profesionalismo, la ética y la responsabilidad social. Mauricio Arredondo concluye que el actuario mexicano cuenta con una preparación sólida y una calidad profesional que le permite aportar al mundo. En el marco de los 60 años del Colegio Nacional de Actuarios, la presencia internacional del gremio confirma que México no solo participa en la conversación global, sino que tiene la capacidad de influir activamente en la evolución de la profesión, aportando rigor técnico, visión estratégica y compromiso social.
