Lili López / IG: lilylopez.mentaltrainer
Hablar del 8M no se reduce a mencionar una fecha, pues implica conversar sobre un proceso mental, emocional y social en movimiento. El 8M representa una pausa reflexiva y, al mismo tiempo, un impulso para avanzar, ya que es, además de memoria histórica, metapensamiento en acción.
La mujer actual no solo está rompiendo techos de cristal en el sector empresarial, sino también está cuestionando los cimientos invisibles sobre los que se construyeron durante décadas muchos de sus roles, culpas y silencios. Hoy la mujer no solo asciende posiciones, sino también se reconstruye por dentro.
Carga invisible:
Entre expectativas y culpas Durante generaciones, muchas mujeres han cargado un mandato cultural arraigado de manera profunda: ser las principales cuidadoras, las sostenedoras emocionales del hogar y las responsables de que todo funcione, incluso a costa de sí mismas.
Cuando una mujer decide crecer en el ámbito profesional, emprender, liderar o priorizar su desarrollo, no pocas veces aparece una emoción aprendida: la culpa por no “estar suficiente”, por no “hacer suficiente” o por no cumplir con un molde perfecto.
Aquí aparecen dos preguntas que nos ayudan a reflexionar: ¿De quién es esa voz que juzga? ¿Es propia o heredada? El metapensamiento —pensar sobre lo que pensamos— nos permite detectar que muchas de esas creencias no nacieron de la experiencia directa, sino de narrativas culturales repetidas por décadas. Por fortuna, lo que fue construido puede ser deconstruido.
Techos de cristal y pisos emocionales
En el mundo empresarial se habla de techos de cristal: barreras invisibles que limitan el ascenso de las mujeres. También existen pisos emocionales: creencias internas que frenan la expansión, como “no soy suficiente”, “no debo incomodar”, “no debo destacar” o “no debo fallar”. Romper un techo externo requiere competencias; eliminar un límite interno exige conciencia.
Por eso el desarrollo de la mujer en el ámbito profesional implica no solo un desafío de oportunidades estructurales, sino también un proceso de independencia emocional y financiera, que debe darse no desde la dureza, sino desde la libertad de elección. La independencia no es el rechazo al vínculo, sino la capacidad de elegir desde la autonomía, no desde el miedo. El 8M como acto de metacognición colectiva e invitación a la metacognición social
Las nuevas generaciones necesitan menos instrucciones rígidas y más preguntas que generen conciencia y reflexión. Debemos revisar cómo pensamos, cómo educamos, cómo distribuimos responsabilidades y cómo definimos el éxito, el liderazgo y el cuidado. Entendamos que cuestionar no es destruir, sino evolucionar, y que metapensar implica cuestionarnos:
• ¿Qué creencias sobre el rol de la mujer sigo sosteniendo sin revisarlas?
• ¿Qué modelos de éxito femenino va- lido y cuáles juzgo?
• ¿Estoy educando para la obediencia o para el criterio?
• ¿Estoy formando niñas que piden permiso o que desarrollan criterio?
Otro punto a tratar, que se debe abordar cada vez más y sin tabúes, son las nuevas masculinidades. Recordemos que el proceso evolutivo y de conciencia no es exclusivo de las mujeres. Existe una invitación abierta a los hombres a resignificar su lugar y a construir una masculinidad contemporánea donde no se compita con la mujer, sino se colabore; donde el po- der no sea imposición, sino responsabilidad; donde la escucha no sea debilidad, sino madurez, y donde el diálogo reemplace la defensa automática. Una nueva sociedad no se construye con bandos enfrentados, sino con conversaciones valientes donde deconstruir implica elegir de manera consciente qué valores conservar y cuáles actualizar, es decir, dejar de actuar en automático, pero no significa perder la identidad.
La mujer actual no busca hacer “todo perfecto”, sino hacer las cosas de forma consciente; no busca encajar, sino coherencia, y no busca permiso, sino sentido.
El 8M nos recuerda que pensar distinto no es rebeldía, sino evolución, y que el cambio más profundo no empieza en las leyes ni en los discursos, sino en el diálogo interno que nos atrevemos a revisar.
Metapensar es el nuevo acto revolucionario porque cuando cambia la forma de pensar cambia la forma de construir la sociedad.
