RC & Hogar, Responsabilidad Civil Y Hogar

¿Es asegurable el riesgo de tirador activo por responsabilidad civil?

En la memoria social se instalan acontecimientos negros que muchas veces son recordados a través de una sola palabra o frase, como los casos ABC, New’s Divine, Rébsamen y Tlahuelilpan, tragedias que tienen por constante la muerte, la lesión, el dolor de las familias, la culpa y la responsabilidad. A estas funestas historias, ahora se agrega la del niño tirador de Coahuila.

Hasta años recientes, la percepción de deber indemnizar a un tercero o estar expuesto a esta posibilidad era poco analizada e incluso considerada como irrelevante. Ciertamente este riesgo no se inserta en nuestro cálculo de exposición al daño hasta que surge una víctima que pretende compensación. Hoy los valores económicos que legalmente se imponen para reparar el perjuicio provocado a una víctima y sus familiares son muy cuantiosos. De aquí que surja la necesidad de trasladar la posible materialización de esos riesgos a una institución solvente.

En relación con el valor del daño, ya hemos traspasado el límite de las indemnizaciones que, lejos de incentivar el cuidado diligente de los terceros, se convierten en estratosféricos montos. En los tribunales, se reinterpretan cada vez más los hechos que antaño se tenían en minusvalía, con respecto a la cuantía de la obligación indemnizatoria, lo que ha llevado al límite las pretensiones de la víctima.

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En los Estados Unidos de América se impone a quien convoca a que se concentren personas la obligación de darles custodia y seguridad. Esta imposición jurídica aplica para escuelas, iglesias y centros comunitarios, lo que significa que estos lugares deben proteger a quienes asisten a ellos frente a hechos que en esa nación han dejado de ser novedosos, los cuales se relacionan con el tirador activo. Así pues, por norma expresa, estos sitios deben cumplir la obligación de proteger a las personas y, ante la falla y actualización de un evento que produzca un daño (se entiende que incluye lesión), compensar económicamente a la víctima. De aquí que se han generado seguros específicos para ese riesgo.

Dado que en México, como en otros países latinoamericanos, también se crea derecho mediante nuevas interpretaciones en los tribunales, no será inusual que los afectados por un tirador activo lleguen en muy corto plazo a comenzar una acción en contra de quienes consideren presuntos responsables, para requerir de ellos el resarcimiento de los daños. En tales casos, no será relevante si el responsable de brindar seguridad es una persona, una asociación sin fines de lucro o una empresa que persigue utilidad, así que las escuelas, sean públicas o privadas, no están exentas de este riesgo.

Así pues, no pasará mucho tiempo para que nuestros tribunales analicen recurrentemente las novedosas condiciones de los hechos que ocurren en el interior de, por ejemplo, una escuela. En el caso de Coahuila, el alumno de primaria no solo dio muerte a su maestra e hirió a varios de sus compañeros, sino que también provocó un trauma en mayor o menor medida para los demás educandos y sus familias, lo que despliega un gran abanico de consecuencias económicas y psicológicas para todos los que vivieron el horror de ese día.

Para encontrar en quién recae la responsabilidad del caso de Coahuila, debemos revisar el artículo 1920 del Código Civil Federal, en el que se indica que la responsabilidad que detenta quien ejerce la patria potestad sobre un menor cesa y se deposita temporalmente en quien en algún momento lo tenga bajo su vigilancia y autoridad.

Por tanto, por imposición legal, el director del colegio asumió una responsabilidad equivalente a la del pater familias en cuanto el menor ingresó al predio donde era resguardado. Aunque esto no significa que no exista una probable imputación en contra de quien permitió, por omisión, que el menor se apropiase de un arma de fuego, el director y sus subordinados tenían la responsabilidad temporal de ofrecer seguridad a los alumnos en el interior de la escuela.

Así pues, la responsabilidad que le pertenecía exclusivamente al padre o tutor fue transferida a terceros concretos. 

El mercado asegurador mexicano ya ofrece productos que cubren parte de esas responsabilidades, como el seguro de accidentes y, en épocas recientes, la póliza especializada de responsabilidad civil para instituciones educativas, con los cuales los contratantes transfieren al asegurador las consecuencias perniciosas de tener que defenderse en tribunales ante demandas, fundadas o no, por hechos derivados de la operación de una escuela. La presunción que debemos identificar es que la eventual imputación de responsabilidad se encontraría en el “no hacer”, por omisión, lo que se opone al “hacer”, en este caso, brindar seguridad a los alumnos.

En México, las variaciones entre estos seguros son significativas, pues cada asegurador oferta productos diferentes en cuanto al abordaje y el alcance de la responsabilidad transferida, y plasma en cada contrato los riesgos concretos que cubre.

Cabe recordar que los seguros de responsabilidad se activan ante la resolución judicial de lo controvertido, pero ha sido y será decisión de la aseguradora ceder ante la demanda cuando a partir de su análisis identifique que su exposición a la pérdida le obliga a intentar negociar una compensación de manera extrajudicial.

Como todo en este mundo, sobre todo lo nuevo, los productos comercializados por las aseguradoras son perfectibles, así que es preciso revisar si el riesgo de tirador activo se excluye o no de forma expresa en los contratos. Establecer esta delimitación contractual es lo mejor para las dos partes interesadas (asegurador y asegurado) que suscriben una póliza de responsabilidad, ya que así no se cae en la interpretación de que este riesgo es inherente a las responsabilidades propias que se amparan como parte de las actividades del contratante y, por tanto, se incluye en la cobertura básica.

Para finalizar, no está de más aclarar que el riesgo de tirador activo no es nuevo en realidad, pues lo que sucede es que no se había actualizado con la magnitud que ahora se manifiesta, por lo que seguramente ni siquiera se contemplaba como posibilidad el asegurarlo o excluirlo expresamente.

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