Sector Asegurador

Marco regulatorio mexicano, ¿facilidad u obstáculo para las insurtech?

Jorge Aarón Bonifacio Flores / Corrector, redactor y traductor / celerisfugatemporum@gmail.com

El 13 de octubre, dentro del México Insurtech Summit 2021, se presentó el panel “Marco Regulatorio Mexicano”, integrado por la abogada Tania Rojo Palavicini, directora jurídica de Súper.mx, el economista Luis Villalpando Vanegas, director general de Desarrollo e Investigación en la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF), y el abogado Miguel de la Fuente, presidente de la Asociación Mexicana de Derecho de Seguros y Fianzas (Amedesef), quienes fueron moderados por Victoria Albanesi, fundadora y socia de Albanesi Tech Legal Consulting. A lo largo de una hora, ellos expusieron las debilidades de las leyes mexicanas vigentes que inciden en la operación de las insurtech. Entérate en esta nota de las ideas más relevantes que se discutieron.

En 2016 se aprobó una ley para regular las empresas fintech mexicanas, pero su enfoque en la banca no atiende la realidad de todos los participantes de este sector, por lo que resulta inútil en materia de seguros. A pesar de que las cuestiones relacionadas con los modelos novedosos entraron en vigor hace un año, la participación de las insurtech en el sandbox regulatorio ha sido nula, lo cual se atribuye a la ausencia de una correcta legislación y no a la falta de interés.

Además, como las insurtech van más allá de los modelos novedosos mencionados por la Ley Fintech, pues buscan cómo aplicar y aprovechar las tecnologías en todos los procesos relacionados con los seguros, exigen una actualización mayor. Debemos recordar que la Ley sobre el Contrato del Seguro (LCS) data de 1935, por lo que no contempla el contexto actual. Así pues, en México, las insurtech enfrentan no solo mentalidades cerradas a la innovación e incorporación de tecnologías, sino también obstáculos regulatorios.

Una regulación ordenada y adecuada de la innovación, que no obstaculiza el desarrollo, permite un crecimiento sano y beneficia a todos. Desafortunadamente, la legislación mexicana presenta contenidos reciclados y frases ambiguas, que ni llevan a nada ni dejan claro qué se permite y qué no. Para obtener resultados diferentes, debemos hacer algo distinto. Al trasladar a los seguros de una manera forzada y casi idéntica la Ley Fintech, no se consigue un avance real. La regulación debe partir de principios, riesgos ponderados y resultados, para entender mejor a las insurtech, ofrecer alternativas modernas de respuesta y erradicar tanto los sesgos como las limitaciones.

Sabemos que el marco regulatorio mexicano es insuficiente, pero olvidamos que el mercado está en pañales. Uno de los problemas que se presentan con frecuencia en nuestro país es el deseo de regular mercados poco desarrollados con las propuestas vanguardistas de otras naciones donde las industrias ya han evolucionado bastante, pues al hacerlo se colocan barreras y zonas de incertidumbre. Con la adopción de modelos muy avanzados, como Solvencia II, la Ley de Instituciones de Seguros y de Fianzas (LISF) ha endurecido aún más los requisitos de participación, lo que ha impedido que en el sector asegurador mexicano exista un libre mercado, pues no hay facilidades para la entrada o salida de compañías.

Por tanto, una regulación muy rígida (sobrerregulación) obstaculiza la innovación, la incorporación de tecnología, la proliferación de alternativas, la sana competencia, el crecimiento del mercado, la inclusión financiera a través de las pólizas, la facilidad para comprender o usar los productos y la penetración del seguro en México. De aquí la necesidad de que el sector privado y los reguladores trabajen en conjunto.

En la actualidad, las insurtech enfrentan problemas prácticos muy particulares, como encontrar el vehículo adecuado para convertirse en un nuevo competidor; conseguir el respaldo de una aseguradora, a pesar de que el volumen del negocio aún no sea atractivo para esta; cumplir con los requisitos regulatorios para obtener la autorización; abrir mercado al ofrecer un servicio o producto que no existe, y familiarizar al consumidor con el uso de los dispositivos y las tecnologías.

A pesar de los desafíos, hasta julio de 2021 se identificaron 352 insurtech en Latinoamérica, que representan 501 millones de dólares. El 32% de estas compañías se encuentra en Brasil y un poco más del 20% está en México. Nuestro país cuenta con 82 insurtech que equivalen al 13% del total de la inversión en la región.

Más que reformar una ley secundaria, se requiere una regulación diferenciada que imponga menos requisitos de entrada a los nichos de mercado (microseguros). Las compañías tradicionales sí deben someterse a propuestas como Solvencia II, pero las insurtech no. Sin embargo, para que se den cambios reales y trascendentales, los participantes interesados tienen que fortalecerse, actuar de manera más determinante y seguir trabajando, por ejemplo, en ciberseguridad, confidencialidad, manejo de datos, inclusión, personalización de productos y protección al consumidor. Además, es esencial que el sandbox regulatorio esté abierto a los esquemas nuevos, aunque estos no impliquen una tecnología disruptiva o inexistente, para identificar problemáticas y dar soluciones, y que ofrezca incentivos fiscales o de otro tipo a los participantes, ya que estos están abriendo el mercado.

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