Sector Asegurador

“Conviviendo con el mamut”, una guía para tomar el estrés por los colmillos

Jorge Aarón Bonifacio Flores / Corrector, redactor y traductor /celerisfugatemporum@gmail.com

Imagina que estás disfrutando tranquilamente de alguno de los placeres de la vida, cuando de repente aparece ante ti un enorme mamut. Entonces, por supuesto, su imponente presencia te impacta, así que te sacudes y volteas hacia todos lados con la mirada atónita, esperando que el animal desaparezca, pero sin importar lo que hagas el mamut está allí. Además, por si esto fuera poco, ya no está solo, pues ahora hay uno, dos, tres, cuatro o más como él. Tú corres y ellos te siguen. No hay forma de que te escondas ni de que los borres. Han llegado para quedarse. Lo único que puedes hacer es intentar domesticarlos, pues con algo de voluntad y ayuda quizá logres lo que el personaje de Jim Carrey consiguió en la película Los pingüinos del señor Popper y aprendas a vivir con tus mamuts sin morir en el intento. Esto es lo que te propongo hoy. Por eso te comparto algunas de las ideas que nuestro amigo Ángel Gómez Terrazas, coach ejecutivo, especialista en habilidades blandas y fundador de Recreando Vidas, presentó durante su conferencia “Conviviendo con el mamut”, dentro del evento del VII Aniversario de Revista Siniestro.

Los mamuts representan el estrés provocado por todas aquellas cosas que nos amenazan a diario, que pueden ponernos tensos, llevarnos a tomar malas decisiones o provocarnos enfermedades y accidentes. Aunque el hombre primitivo intentaba cazar a los mamuts y, cuando no lograba su objetivo, sentía miedo, huía y se escondía, nosotros ya no somos cavernícolas obligados a ello. No venimos a sufrir, sino a aprender. Y uno de los mayores aprendizajes que debemos buscar es la sana convivencia con los mamuts que se nos presentan de manera inevitable cada día.

La alarma que no sonó, la falta de agua para bañarte, el café derramado en la ropa, los niños llorando, el tráfico, la calle cerrada, la llanta ponchada, la junta olvidada, el dinero perdido, el accidente ocurrido, el seguro vencido y cada suceso que no puedes controlar se convierte en una invitación abierta para los mamuts, que de inmediato aparecen diciéndote cada uno: “Ya llegué y estaré contigo todo el día”. Sin embargo, aceptar esto, hacerles espacio a todos y ofrecerles tu amistad no es nada sencillo, porque en realidad no los invitaste y han echado abajo tus planes.

El estrés no es ansiedad, tristeza, depresión o pereza, sino un conjunto de reacciones fisiológicas a la exigencia de un rendimiento superior al normal, es decir, la respuesta natural a un cambio de ritmo que altera nuestro flujo. Por eso, cuando el mamut toma el control de tu vida (estrés demasiado alto), tu barco naufraga, y cuando no está para prevenirte de algo (estrés aceptable), tu nave pierde el rumbo y es arrastrada por la corriente del océano. Por tanto, el estrés puede ser bueno o malo, dependiendo de si aprendemos o no a convivir con él, controlarlo y aprovecharlo.

Para domesticar al mamut debemos, además de erradicar el comportamiento cavernícola, trabajar en la capacidad de reinventarnos; aceptar que hay una gran diferencia entre lo que planeamos o queremos y lo que sucede; reconocer que el amor y la oxitocina ocupan un rol muy importante porque nos permiten desarrollar empatía y conectar mejor tanto con los demás como con nosotros mismos; fortalecer nuestras redes sociales de apoyo, dando y recibiendo ayuda cuando sea necesario, y saber identificar nuestra clase de estrés.

Hay cuatro constantes que convierten una situación en un mamut: la novedad que nos saca de la zona de confort, aunque esta no sea lo mejor, porque nos da miedo conocer algo más, evitamos el aprendizaje y pretendemos ganar sin perder; la impredecibilidad que rompe las estadísticas o va en contra de lo que esperamos, aunque ignoremos si las consecuencias serán buenas o malas; la sensación de que todo está fuera de control, la cual genera pensamientos negativos y crea un problema mayor de uno menor, y la amenaza que pone a prueba la capacidad de superar todo lo anterior y sobrevivir a un hecho.

El estrés puede ser absoluto si atenta contra nuestra existencia y presenta las cuatro constantes, como la pandemia y los desastres naturales, o relativo si solo altera nuestra cotidianidad, sin importar que tenga algunas constantes o todas, como un divorcio o un cambio de escuela. En ocasiones, podemos padecer estrés absoluto y relativo al mismo tiempo; en otras, quizá ninguno. Sin embargo, nadie se salva de pasar por momentos incómodos, pues estos son parte de la vida, así que debemos seguir cuatro recomendaciones para que el mamut no tome el control:

  1. Identificar la causa del estrés y las características de este, así como analizar si ya se ha superado una situación similar, para generar las estrategias adecuadas.
  2. Diseñar varios planes, utilizando la creatividad y confiando en uno mismo, que establezcan objetivos, metas y redes sociales de apoyo, pues es vital no culparse ni quedarse inmóvil ni aislarse.
  3. Observar al mamut completo, para evitar las falsas soluciones que no atienden el origen del problema.
  4. Utilizar herramientas y técnicas para disminuir los niveles de estrés, de acuerdo con nuestro perfil, como la respiración consciente, la práctica de algún deporte, las redes sociales de apoyo, la socialización, el cambio del entorno o ambiente, el mejoramiento de la autoimagen, la terapia de la risa, el canto, el baile, la mente positiva y el estado de gratitud.

Para finalizar este artículo, te comento que, cuando era adolescente, estaba de moda Un mamut chiquitito, una pícara canción que narraba las absurdas andanzas de un elefantito prehistórico que no resplandecía por tomar decisiones inteligentes. Admito que, mientras escuchaba la conferencia de Ángel, la letra de aquella satírica pieza pasó por mi mente y me hizo pensar que quizás su sufrido protagonista padecía altos niveles de estrés y no había aprendido a convivir con los humanos. Tú no seas como el pequeño mamut ni mucho menos dejes que un animal tan loco te controle, mejor domestica tu estrés, aprende a vivir con él y conviértelo en tu Manfred, el bonachón mamut de la franquicia Ice Age.

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