Sector Asegurador

11 rasgos clave de un líder inteligente

Jorge Carbajo Kalkach

“Hay que vender más y punto” es una idea recurrente en cualquier tipo de negocio; sin embargo, aunque no sea equivocada, enfocarnos solo en el resultado nos aleja del proceso y, por tanto, del objetivo. Las empresas que tienen un ebitda extraordinario se centran primero y ante todo en un tipo de liderazgo que suma para su causa a líderes que forman líderes y alcanzan metas. La ecuación es sencilla: si quieres lograr tus objetivos, revisa a conciencia y con absoluta honestidad el liderazgo de cada uno de los niveles de tu organización, para que promuevas solo las prácticas que impulsarán tu negocio. Para ello, es fundamental que los líderes se dejen asesorar y estén conscientes de que su perspectiva e información es limitada, por lo que poco o nada mejorarán sin ayuda externa. De acuerdo con diversos estudios, los verdaderos formadores de equipos (los líderes que forman líderes) tienen ciertas características, comportamientos y formas de utilizar el lenguaje, que les permiten impactar de manera positiva en la gente y, por ende, en los resultados de las empresas o instituciones. Aquí te comparto 11 rasgos clave de un líder inteligente:

  1. Es un excelente ser humano. Para ello, uno de los cambios fundamentales es dejar de usar el término “empleado” y comenzar a utilizar la palabra “colaborador”, teniendo la humildad de reconocer que ningún puesto nos da el derecho de no ser amables con los de más, ya que así hacemos cómplices a quienes integran nuestros equipos de trabajo.
  2. Da el ejemplo sin cesar. Esta es una regla esencial para ganar el respeto de los colaboradores. No debemos exigir lo que nosotros mismos no estamos dispuestos a dar o hacer.
  3. Comunica de manera correcta y clara todo lo que puede y debe. Esto implica asegurarse de que la gente entienda el mensaje, ya que suele suceder que la comunicación llegue de manera errónea al personal o no se transmita. Regla de oro: un correo electrónico no es suficiente y una aplicación de mensajería instantánea menos.
  4. Evita a toda costa que los procesos y procedimientos aletarguen al equipo. Las nuevas ideas y la mejora constante solo surgen al mantener dinámicos a los colaboradores.
  5. Delega, pero siempre supervisa. Para ello debe invertir tiempo y no gastarlo, lo que exige capacitar a la gente. Un error clásico es decir al colaborador “déjalo, yo lo hago” o “que se encargue alguien más” cuando no realiza una tarea como se le solicita; sin embargo, se debe saber hasta dónde se invierte el tiempo en enseñar y cuándo ya es necesario extirpar el “órgano dañado” antes de que contamine al resto del equipo.
  6. Aprende a escuchar. Quien sabe liderar equipos escucha por lo menos tres veces más de lo que habla. Conseguir esto es un verdadero arte, ya que no basta con fingir que se hace. Para comprender cómo otras personas piensan o ven las cosas, se debe emplear el tiempo necesario y formular las preguntas correctas.
  7. Se gana la confianza del equipo. Quien logra esto tiene un 60% del resultado garantizado.
  8. Reconoce los logros sin importar el tamaño de estos. Por desgracia esto se olvida muy fácilmente en muchas empresas o instituciones; sin embargo, los verdaderos líderes están conscientes de que cada escalón alcanzado es un paso más hacia la meta.
  9. Comparte y celebra con todos los colaboradores cuando algo bueno sucede dentro de la organización. Para ello, algunas empresas implementan los jueves de pizza o el timbre de las buenas noticias. Se trata de que todos los colaboradores comprendan qué se logró y no solo se enteren de quién lo consiguió, pues esto los estimula de manera directa para dar ese esfuerzo extra que muchas situaciones nos exigen, ya que sienten que la empresa está avanzando.
  10. Fomenta un ambiente laboral sano. Esto implica no tolerar las faltas de respeto y permitir que los colaboradores expresen sus dudas e inconformidades en un marco constructivo.
  11. Practica la impecabilidad. Sí se puede realizar una tarea bien a la primera cuando se pone toda la atención y el amor en lo que se hace, en el momento en que se realiza, y no se pone el foco en el resultado.

Si desarrollamos estos rasgos clave en nosotros mismos y en los líderes de equipo que formemos, llegaremos a nuestras metas y alcanzaremos nuestros objetivos. Si no realizamos cambios en el interior de nuestras organizaciones, los resultados pueden ser diversos, pero nunca conseguiremos dar el gran salto que deseamos en el tiempo correcto.

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