Elisabeth Vogt
Elisabeth Vogt jamás imaginó que una pregunta de sus compañeros de licenciatura —“¿a qué se dedi- ca tu papá?”— la llevaría a formar parte de un sector del que se enamoró desde el primer momento, hace ya 36 años.
La egresada del ITAM se matriculó inicialmente en la licenciatura en Computación; sin embargo, al no gustarle esa carrera, se cambió a Contabilidad, donde sus compañeros le preguntaron por la profesión de su padre. Ella respondió que era agente de seguros, pero nadie comprendía esta actividad, ni siquiera la propia Elisabeth, quien admiraba a su papá porque veía que siempre ayudaba a la gente y porque en casa las conversaciones giraban en torno a lo que sucedía en su oficina. Así que, al llegar de la escuela, preguntó a su padre a qué se dedicaba y él respondió que, si quería entenderlo, debía acudir al IMESFAC y estudiar.
Sin pensarlo dos veces, se inscribió en los cursos del IMESFAC y obtuvo su cédula. Luego habló con su papá para decirle que le encantó su labor y que “ayudar al cliente a que él, su familia y sus bienes estén bien protegidos provoca un sentimiento que ningún dinero da, pues implica sentirse útil y contento”. Así inició en el mundo del seguro a los 19 años, bajo la guía de su padre, Erich Vogt.
Una de las actividades que más le gustaba era realizar inspecciones y observar cómo estaban establecidos los procesos y las líneas de producción. Esto le permitió ampliar sus conocimientos para asesorar a los clientes y visualizar situaciones que los llevarían a disminuir riesgos.
En 2009, su padre la puso al frente del área financiera de su despacho, donde después tomó el cargo de directora de Finanzas. Posteriormente entró a la AMASFAC como Tesorera Nacional y llegó a ser su Presidenta Nacional. Después se integró a la COPAPROSE, donde fue Consejera Titular, Vicepresidenta y Presidenta, cargo que dejó en 2025. Su padre tuvo la visión de darle todas las herramientas para ser la Directora General de su empresa, por lo que, en 2020, cuando él falleció, ella tomó su lugar como CEO de PRODISA.
Su profesión le ha dado grandes satisfacciones, como ayudar a la gente —para ella el cliente es lo más importante— y ver tanto a su esposo como a sus hijos crecer en el sector. Con respecto a sus hijos, afirma: “Ellos solos se han interesado en estar aquí. Esto para mí es un regalo enorme, porque he logrado trascender en ellos”.
Entre las grandes enseñanzas que su padre le inculcó están: visualizar, empujar y reconocer al equipo; enfocarse en una meta; cultivar la honestidad, un valor muy importante en su despacho, y “siempre estar cerca del cliente, porque él pone toda su confianza en tus manos y porque un asesor profesional no debe olvidar esa responsabilidad”. Elisabeth invita a las mujeres a hacer las cosas con pasión y no dejar de soñar, porque todo es posible: “Debemos creer en nosotras mismas, somos capaces y estamos preparadas. Cuando se llega a la meta, la satisfacción es enorme”.
