Agente, Sector Asegurador

UN REGALO… SEGURO

Raúl Carlón Campillo / Director general, Tranquilidad y Proyección tranquilidadyproyeccion@gmail.com

El acto de regalar se asocia comúnmente a la decisión de halagar, premiar, reconocer o demostrar un afecto especial a una persona. En la mayoría de los casos, este acto produce una reacción positiva y el consecuente agradecimiento.

En el mundo consumista que padecemos, los regalos desvían recursos económicos que bien podrían tener otro destino. Prendas, calzado, adornos, accesorios, licores, gadgets y otros artículos preferidos por quien los compra para regalar con frecuencia incrementan el inventario de lo que el halagado ya tiene. No por ello este deja de agradecer los presentes, pero me pregunto: ¿por qué no obsequiar algo distinto, aunque no se ponga, no se unte, no se coma o no se presuma?

Alguna vez regalé kits de prevención de la salud que incluían un termómetro, un oxímetro, un baumanómetro,

Un vendas, un collarín y bandas para cubrir cortaduras o raspones. El kit, envuelto en papel navideño, fue recibido con sorpresa por los destinatarios. Más de uno lo alabó, aunque muchos también se mostraron reacios. Meses después, uno de ellos necesitó medirse la presión y, tras usar el regalo que le envié en Navidad, me llamó para agradecerlo.

En otra ocasión regalé a una amiga coetánea un seguro de servicio funerario. Cuando desenvolvió el regalo y lo vio, pensó que era una broma —de mal gusto, por cierto—, ya que regalar un seguro funerario a alguien de más de 60 años es… algo excéntrico. Valoró lo que tenía en las manos hasta que acudió a las exequias de una persona y escuchó las angustias de los deudos que debían pagar el servicio. Mi amiga tenía resuelto este tema en un contrato que hoy sigue conservando.

Regalar seguros de salud, gastos médicos, accidentes, servicio funerario o mascotas —ahora que estas han tomado una importancia capital— es un acto poco común que, sin duda, vale más que una prenda o un accesorio. Regalar un seguro de vida puede no ser bien visto si quien lo regala es el beneficiario; sin embargo, si el halagado es el beneficiario, el regalo llevará el sello de la promesa nupcial del propio asegurado: “Hasta que la muerte nos separe”.

El regalo siempre se agradece, pero obsequiar un seguro es un distintivo de una persona previsora que, además del presente, está dando algo muy especial: el ejemplo que perdura y se hace evidente al ocurrir el riesgo amparado en el contrato.

Febrero es un mes especial por el sentido que le damos al amor. Aunque compartir este sentimiento con el ser amado es suficiente para prescindir de cualquier regalo, obsequiar un seguro de vida a ese ser es la versión contractual y financiera de la máxima novelesca que inspira a los grandes poetas y escritores cuando representan a los enamorados: “Por ti doy la vida”. Este es precisamente el mensaje de regalar un seguro de vida. ¡Feliz Día del Amor y la Amistad!

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