Mtra. en Derecho Karla Nieto / Nieto.karla2@gmail.com
En el contexto empresarial contemporáneo, la fianza de empresa se posiciona como un instrumento que va más allá de la garantía jurídica tradicional. En la actualidad, frente a la creciente relevancia de los criterios ESG (environmental, social and governance) y de la responsabilidad tanto corporativa como social, la fianza se percibe como una herramienta estratégica que contribuye a fortalecer la cultura de cumplimiento, mejorar la gestión de riesgos y consolidar prácticas de buen gobierno corporativo. En un entorno donde la sostenibilidad y la responsabilidad empresarial adquieren cada vez mayor importancia, la fianza de empresa puede y debe entenderse como un aliado estratégico para el desarrollo empresarial responsable en México.
La exigencia de una fianza en relaciones contractuales relevantes impone al fiado estándares más elevados de disciplina financiera, transparencia operativa y responsabilidad en la ejecución de sus compromisos. Este efecto disciplinario no se limita al momento del incumplimiento, pues incide desde las etapas de planeación y ejecución contractual.
En términos de compliance, la fianza opera como un mecanismo de control preventivo al ayudar a anticipar problemas y no solo a reaccionar cuando estos se materializan. Además, incentiva el cumplimiento y reduce el riesgo desde antes de la celebración contractual, pues el fiado sabe que un incumplimiento puede generar consecuencias económicas y legales relevantes.
Para su otorgamiento, las instituciones afianzadoras o aseguradoras de caución realizan procesos de evaluación que incluyen el análisis de la solvencia financiera, la capacidad técnica y operativa, la estructura organizacional, los antecedentes de cumplimiento del fiado y, en su caso, las contragarantías. Este proceso de suscripción funciona como una debida diligencia que no depende de los análisis realizados por el beneficiario o el contratante ni los sustituye y que se basa en criterios técnicos y regulatorios propios, alineados con las mejores prácticas de gestión de riesgos corporativos y con los principios de prevención de incumplimientos y malas prácticas.
La debida diligencia preventiva es un proceso sistemático de análisis previo que busca identificar riesgos, evaluar capacidades reales y detectar contingencias legales, financieras u operativas, para prevenir incumplimientos futuros. En diversos casos, la institución identifica debilidades que no fueron advertidas por la contraparte contractual, lo que tiene consecuencias reales para la empresa: la negativa a la emisión de la fianza, la exigencia de contragarantías adicionales y la limitación de las obligaciones o del monto garantizado funcionan como señales claras de riesgo.
Desde la perspectiva de los criterios ESG, la fianza impacta principalmente en dos componentes:
1. En el eje social, la fianza promueve el cumplimiento responsable de las obligaciones que suelen tener efectos directos en terceros —como usuarios de servicios, trabajadores, proveedores o comunidades vinculadas a proyectos empresariales o de infraestructura—, y la garantía del cumplimiento contractual contribuye a reducir las consecuencias negativas derivadas de incumplimientos, retrasos o abandono de proyectos.
2. En el ámbito de la gobernanza —que se refiere a la estructura y funcionamiento de los órganos de administración, los procesos de toma de decisiones, los controles internos, la supervisión, la rendición de cuentas y la prevención de conflictos de interés—, la fianza refuerza la rendición de cuentas y la responsabilidad de los órganos de administración al vincular la toma de decisiones corporativas con consecuencias jurídicas y económicas concretas. La existencia de una fianza obliga a implementar controles internos efectivos, supervisar de manera activa el cumplimiento contractual y asumir una gestión responsable del riesgo. La posible ejecución de la fianza y la subsecuente subrogación de derechos a favor de la institución, para lograr la recuperación del monto pagado por la póliza de fianza, constituyen un incentivo real para adoptar políticas de cumplimiento sólidas y monitorear de forma constante las obligaciones contractuales.
Por otro lado, la Ley de Instituciones de Seguros y de Fianzas (LISF) impone a las instituciones estrictos requisitos de solvencia, administración de riesgos y control interno. Esta regulación no solo protege al beneficiario de la fianza, sino también eleva de forma indirecta los estándares de cumplimiento exigidos a las empresas fiadas, lo cual genera un ecosistema contractual más robusto y confiable.
En conclusión, la incorporación de la fianza de empresa en una visión de sostenibilidad y largo plazo permite revalorizar este instrumento más allá de su función tradicional de garantía. Integrada estratégicamente a los sistemas de compliance y los criterios ESG, la fianza fomenta el cumplimiento responsable, la continuidad de los proyectos y la protección de los intereses de todas las partes involucradas. Desde esta perspectiva, la fianza contribuye a la creación de valor sostenible, fortalece la gobernanza corporativa y reduce riesgos legales y reputacionales, lo cual la consolida como un elemento clave para el desarrollo empresarial responsable y sostenible en México.
