Elizabeth Ortiz / Directora comercial, LinZsurance contacto@linzsurance.com
Durante mucho tiempo, el amor se asoció casi exclusivamente a la idea de protección mutua. Amar era cuidar del otro, hacerse cargo y responder. Sin embargo, en los tiempos actuales, esa noción ha cambiado. Vivimos en lo que Zygmunt Bauman llamó amor líquido: vínculos más frágiles, relaciones más breves y una profunda resistencia al compromiso a largo plazo. Amamos, sí, pero con reservas. Nos involucramos, pero con miedo. Este cambio no solo afecta el modo en que nos relacionamos emocionalmente, sino también la manera en que asumimos nuestra responsabilidad personal. Hoy, más que nunca, el verdadero acto de amor comienza por uno mismo.
Cuidarse no es un gesto egoísta, sino un acto de madurez. Encargarnos de nuestras posibles eventualidades —una enfermedad, un accidente o una pérdida patrimonial— es una forma concreta de amor hacia nosotros y hacia quienes nos rodean. Cuando no prevemos, el impacto no se queda solo en nosotros, ya que se traslada a nuestra familia —pareja, hijos y otros parientes— o a quienes dependen emocional y económicamente de nosotros.
En un contexto de vínculos líquidos, donde nadie quiere cargar con deudas ajenas ni con decisiones que no tomó, la previsión se convierte en un blindaje silencioso y sumamente eficaz. Contar con un seguro no es desconfiar del futuro, sino reconocer que este existe y es incierto.
Regalar una póliza parece poco romántico a primera vista, pues no viene envuelta en un papel brillante ni se acompaña de una cena a la luz de las velas. Sin embargo, pocas cosas hablan tanto de amor como decir: “Si algo me pasa, no quiero que tú cargues con las consecuencias”. ¿No es acaso ese el compromiso más honesto que podemos ofrecer? Eso es amor adulto y responsable.
Un seguro de gastos médicos mayores, por ejemplo, protege no solo la salud física, sino también la estabilidad emocional y financiera de una familia, pues evita que una enfermedad se convierta en una crisis económica. Una póliza de vida garantiza que, incluso en nuestra ausencia, el amor siga expresándose en forma de respaldo y tranquilidad. Los seguros de hogar, auto o responsabilidad civil protegen el patrimonio construido con esfuerzo y previenen conflictos derivados de accidentes o daños a terceros. Incluso los seguros para pequeños negocios son una vía para preservar sueños, proyectos y fuentes de ingreso.
Todos estos instrumentos comparten un mismo principio: asumir la responsabilidad de nuestras decisiones y riesgos. En una época donde los vínculos pueden disolverse con facilidad, la previsión no busca atarnos al otro, sino liberar a quienes amamos de cargas innecesarias.
Amar en tiempos líquidos no significa renunciar al sentimiento, sino redefinirlo y entender que el compromiso no siempre se expresa con palabras, ya que muchas veces se manifiesta en acciones. Prever no es vivir con miedo, sino con conciencia. Cuidarnos a nosotros mismos es una manera profunda y honesta de cuidar a los demás. El amor no siempre se dice; a veces, solo se asegura.
