Gastos Médicos Mayores, Usuario

Seguro de gastos médicos mayores… ¿No se saben la tonada?


Gianco Abundiz Cabrero

Menudo problema tenemos en la actual generación. Por un lado, la esperanza de vida aumenta todos los días —aún con el retroceso marcado por la pandemia—, lo cual suena magnífico, pero en realidad tiene muchos “asegunes”, pues hoy la gente fallece menos de enfermedades infectocontagiosas y más de padecimientos crónicodegenerativos, lo que implica forzosamente un incremento gigante de la atención médica. Por otro lado, nos encontramos con los grandes avances de la tecnología, los cuales categóricamente menciono como algo negativo desde el punto de vista de la salud y el dinero porque son altamente costosos —quienes patrocinan estas investigaciones ganan mucho dinero, pero no a tal grado que recuperen millones de veces lo que invierten, lo cual es un tema regulatorio, sin duda, y parte del llamado libre mercado—. Los servicios gubernamentales están rebasados y no pueden atender a la población enferma, lo que se hizo patente cuando llegó la maléfica covid-19. Entonces, la atención privada debería dar soporte a las carencias de la seguridad social. Como dijera el gran Arquímedes: “¡Eureka! ¡Encontré la solución!”. Sin embargo —siempre hay varios peros—, ¿cuánta gente puede pagar servicios privados de salud? Muy poca y cada vez menos… Ah, bueno… ¿y si compro un seguro de gastos médicos mayores? Parafraseando lo ya dicho: ¿quién tiene lana para uno? La cosa se complica.

La situación se torna peor todavía cuando a la auto- ridad se le ocurre que el impuesto al valor agregado (IVA) relacionado con el uso de este tipo de coberturas al sufrir la persona asegurada un accidente o enfer- medad ya no será acreditable para la aseguradora, es decir, que no podrá reducir este impuesto al hacer un balance entre lo que cobró y lo que pagó, como sucede con algunas figuras tributarias tanto de las personas físicas como de las morales (empresas) —por favor, no confundan moral con ética—. En otras palabras: las aseguradoras deberán “tragarse” el dinero que no podrán compensar. ¿Escribí “las aseguradoras”? ¡Qué torpe soy! Dios, todo se pega…

Vayamos al origen. Cuando los seres humanos empezaron a hacer comunidad notaron que “echando montón” era más fácil cazar un mamut. Así, llegando a nuestros días, todos sabemos que si hacemos una “vaquita” entre muchas personas será más sencillo comprar un entero de la lotería… o una caguama. Este es el principio asegurador y se llama mutualidad: “Las primas de los muchos pagan los siniestros de los pocos”. La cantidad de dinero que las aseguradoras tienen que indemnizar cuando alguien sufre un percance sale del bolsillo de todos los que compramos seguros… ¡Todos! Por tanto, ya adivinas la pregunta que te tengo: ¿Quién pagará el IVA que el gobierno no reconozca? ¡Sí!, le atinaste: ¡todos!

Me parece increíble que algo tan simple no lo entiendan… En otras palabras: “El riesgo se comparte”. Si no, no existiría la figura financiera llamada seguro. Así de fácil… “De veras, de veritas… ¿No se saben la tonada?”. Recuerda que “no es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.

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