¿A cuántos de nosotros nos pone nerviosos el sonido de la alerta sísmica? Tras el sismo con magnitud de 6.5, ocurrido el 2 de enero con epicentro en Guerrero —que generó 4 299 réplicas hasta el 12 de enero, de acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional—, entrevistamos a Eduardo Reinoso, fundador y asesor científico de Evaluación de Riesgos Naturales (ERN), quien nos habló sobre los sismos y la importancia de la evaluación de riesgos.
Adrián Palacios Ramírez / Reportero, Revista Siniestro
En la Ciudad de México muchas personas sienten más miedo por las alertas sísmicas que por el movimiento en sí. Este nerviosismo o pánico puede poner en riesgo la vida al provocar, por ejemplo, infartos. Por ello, nuestro entrevistado recomienda mantener la calma y actuar de forma consciente, sobre todo cuando se está dentro de edificios altos. Señaló que, si una persona se encuentra dentro de un edificio mientras ocurre un sismo, debe evitar salir, ya que es poco probable que los edificios bien construidos colapsen. Los derrumbes suelen ocurrir en inmuebles no supervisados, no reforzados o no atendidos de forma adecuada. Advirtió que muchas veces, al ampliar una casa u oficina, se derriban muros de carga, lo que debilita de manera grave la estructura, volviéndola más vulnerable ante un sismo de gran intensidad.
También mencionó que, según observaciones empíricas, los sismos de magnitud similar al del 2 de enero se presentan, en promedio, cada cinco años, mientras que eventos como los de 1985 o 2017 ocurren aproximadamente cada 30 años. Aclaró que no existe otro lugar en el mundo con una frecuencia tan alta de sismos y destacó la importancia de estar preparados para movimientos telúricos intensos y destructivos.
Reinoso advirtió que, cuando un edificio presenta daños, se debe actuar de manera oportuna. Estos deterioros, aunque sean menores, no deben ignorarse, como ocurrió en el caso del Hospital de La Raza, donde las afectaciones son una alerta de debilitamiento estructural. Cuando un inmueble sufre daños, se convierte en un foco rojo. Por otro lado, hablamos sobre ERN, empresa encargada de realizar estudios y análisis de los posibles riesgos a los que estamos expuestos, como inundaciones, sismos, huracanes, erupciones volcánicas y tsunamis. Eduardo comentó que las inundaciones representan uno de los mayores retos, ya que es muy complejo predecir el comportamiento del agua debido a factores como la lluvia, la topografía, los ríos y múltiples variables que influyen en su desplazamiento. Señaló que una de las principales misiones de ERN es disminuir las pérdidas humanas y materiales. A futuro, espera que se cuente con bases de datos muy precisas, don- de se tenga identificado cada elemento de un edificio —materiales, cristales y estructuras— y su posible afectación ante distintos riesgos. Esto permitiría que personas y negocios retomen sus actividades en pocos días, pues agilizaría la valuación real y precisa de los daños por parte de las aseguradoras. Eduardo afirmó que muy pocas compañías en el mundo pueden realizar cálculos completos de pérdidas. En América Latina, no hay empresas que realicen todo el proceso de inspección y cálculo, por lo que ERN apoya a diversas compañías con estos servicios especializados.
