Agente, Sector Asegurador

Cuidados paliativos

Una deuda ética con las mujeres

Elizabeth Ortiz / Directora comercial, LinZsurance contacto@linzsurance.com

En el sector asegurador hablamos de manera constante de la protección del patrimonio y de la continuidad del negocio, pero pocas veces analizamos el activo más crítico y más vulnerable de la estructura social en México: la mujer cuidadora. Según el Inegi, el trabajo no remunerado de asistencia representa el 24.3 % del PIB nacional. Esta cifra sostiene silenciosamente la economía del país, pero descansa casi de forma exclusiva en los hombros femeninos: el 75.1 % de quienes cuidan son mujeres. Cuando esta labor se detiene por una enfermedad, la pérdida no es solo estadística, pues representa un colapso financiero y operativo para la familia que debe intentar sustituir ese valor. Al final, el riesgo más agudo no es la disminución material, sino el vacío que surge cuando la cuidadora enferma y se descubre sola en su dolor.

Esta realidad nos obliga a entender que abordar los cuidados paliativos en el marco del Día de la Mujer es no solo un tema de salud pública, sino también una deuda histórica de justicia social y una pieza clave en la planeación financiera. Se debe garantizar que la mujer enferma no sea la última en recibir la compasión y el soporte profesional merecido.

A lo largo de la historia hemos romantizado el sacrificio femenino, etiquetándolo como una “labor de amor” que no requiere presupuesto. Sin embargo, desde la óptica de la gestión de riesgos, el cuidado no remunerado es una infraestructura invisible que, si falla, genera un efecto dominó de insolvencia emocional y económica. La tesis de la ética del cuidado nos advierte que hemos construido un sistema basado en la disponibilidad infinita de las mujeres, ignorando la paradoja fundamental: ¿quién sostiene a la que sostiene? Cuando la cuidadora se convierte en paciente y requiere atenciones especializadas, se enfrenta a una “doble invisibilidad”. En México, el acceso limitado a expertos y el complejo control de medicamentos para el dolor obligan a muchas mujeres a postergar su alivio para no “descuidar” su rol en el hogar. Esta negligencia estructural es no solo una falla moral, sino también un riesgo patrimonial directo. Si el pilar de una familia o de una pequeña empresa se quiebra sin una red de auxilio pro- fesional, el costo de reposición de sus funciones puede devastar décadas de ahorro.

Como profesionales del sector, nuestra labor es transformar esta fragilidad en una estrategia de continuidad de vida. Las pólizas de gastos médicos mayores deben entenderse ya no solo como instrumentos para enfrentar crisis clínicas, sino también como mecanismos de acompañamiento integral. Coberturas como atención médica domiciliaria, manejo especializado del dolor, seguimiento clínico continuo y apoyo emocional profesional representan, en la práctica, componentes esenciales de una atención paliativa digna. No son beneficios accesorios, sino garantías de calidad de vida cuando la curación deja de ser el objetivo principal. Asegurar el acceso a cuidados paliativos para una mujer es, en esencia, un acto de justicia financiera. Significa garantizar que el alivio del sufrimiento y la atención profesional no dependan del azar económico, sino de una decisión consciente de protección. Implica reconocer que quien ha sido la salvaguarda cotidiana de otros también merece respaldo cuando su fortaleza se agota.

En marzo, la invitación va más allá de reflexionar. Se trata de replantear las prioridades. Una sociedad que, a pesar de estar sostenida por el cuidado femenino, no protege a sus cuidadoras descansa sobre una estabilidad aparente. Asegurar a una mujer es, más que cubrir un riesgo, un acto de dignidad.

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