En el contexto empresarial actual, donde los proyectos son cada vez más dinámicos y complejos, las empresas necesitan instrumentos que acompañen su crecimiento y garanticen el cumplimiento de sus obligaciones.
Mtra. en Derecho Karla Patricia Nieto Contreras nieto.karla2@gmail.com
En este escenario, la fianza de empresa se ha transformado en una verdadera habilitadora de negocios, ya que brinda diversos beneficios:
• Permite asumir nuevos proyectos sin comprometer la liquidez. A diferencia de otras garantías que exigen inmovilizar los recursos, la fianza respalda las obligaciones contractuales sin frenar el flujo de efectivo. Esto resulta especialmente valioso en sectores como la construcción, la energía, la infraestructura y los servicios especializados, donde los montos de cumplimiento suelen ser elevados y la liquidez es determinante para la continuidad operativa.
• Ayuda a ordenar el ecosistema de proveedores y contratistas. Al exigir una evaluación previa de la afianzadora, la fianza impulsa la contratación de empresas con una capacidad técnica y financiera acorde con el tamaño y la complejidad de los proyectos a ejecutar. Esto reduce el riesgo de incumplimiento y eleva la calidad de la ejecución, lo cual favorece al contratante y al contratista, pues contribuye al objetivo principal: terminar los proyectos en tiempo y forma. • Refuerza la cultura de responsabilidad contractual. Desde la óptica del compliance, los criterios ESG y la sostenibilidad, la fianza no solo cubre un posible daño económico, sino también incentiva la disciplina en las prácticas empresariales con procesos bien documentados y obligaciones claramente delimitadas. Esta garantía formal fomenta relaciones comerciales más transparentes y alinea los intereses de las partes con los principios de buen gobierno corporativo.
• Ofrece mayor certeza jurídica y patrimonial tanto al beneficiario como al fiado. La fianza es respaldada por una institución financiera autorizada, que tiene acreditada solvencia y está sujeta a una regulación específica. El respaldo de un tercero especializado, que responde frente al incumplimiento del fiado, convierte a la fianza en un instrumento confiable para las empresas privadas y las entidades públicas.
Las ventajas mencionadas son, sin duda, relevantes; sin embargo, la eficacia de la fianza depende en gran medida de saber cómo se utiliza. Los beneficiarios deben dar un seguimiento real a los proyectos; documentar los avances e incumplimientos conforme al contrato fuente; en caso de celebrar modificaciones, solicitar los endosos correspondientes a la fianza, y conocer tanto los plazos como los requisitos para presentar una reclamación conforme a la obligación garantizada.
Además, resulta indispensable revisar de forma cuidadosa los términos y condiciones de la póliza con el apoyo de agentes o brókeres especializados, para comprender el alcance de la cobertura, los supuestos de procedencia y los plazos de caducidad. Una correcta interpretación contractual puede marcar la diferencia entre una reclamación exitosa y la pérdida del derecho a exigir el pago.
En conclusión, la fianza de empresa es, más allá de una garantía, un instrumento estratégico que fortalece el cumplimiento, impulsa la sostenibilidad financiera, mejora la selección de proveedores, se alinea con los estándares modernos de gobernanza corporativa, fortalece la confianza entre las partes y promueve relaciones comerciales más responsables. Utilizada de manera informada y adecuada, se vuelve una verdadera aliada para la continuidad y solidez de los negocios.
