Agente, Sector Asegurador

Tu pensión también depende del país en el que vives

Mauricio G. Arredondo Fernández Cano* / Director General, CEI marredondo@examencei.com.mx

En los artículos anteriores hemos analizado cómo nuestras decisiones individuales y el mercado laboral influyen en el ahorro para el retiro, así como el impacto del envejecimiento poblacional en los sistemas previsionales. Ahora toca abordar una dimensión más amplia: el desarrollo económico y la equidad. Porque la pensión que una persona recibe no depende únicamente de cuánto ahorró o de cuántos años trabajó, depende también del país en el que nació, de las oportunidades que tuvo y del nivel de desigualdad que marcó su trayectoria.
Las pensiones no operan en el vacío. Son el reflejo de la estructura económica y social de una nación. México es un país de contrastes: una de las economías más grandes del mundo y, al mismo tiempo, una sociedad con profundas brechas de desigualdad. El desarrollo económico no se mide solo por el tamaño del Producto Interno Bruto, sino por cómo se distribuyen sus beneficios y por la calidad de vida que genera. Ingreso, educación, salud, movilidad social y acceso a protección social son dimensiones inseparables del verdadero desarrollo.

Cuando estas variables son desiguales, el sistema de pensiones tiende a reproducir esas mismas brechas. La desigualdad no comienza en la vejez, se acumula a lo largo del ciclo de vida. Trayectorias laborales informales, salarios bajos, interrupciones por cuidados, falta de acceso a servicios financieros y educativos, todo ello se traduce en menor densidad de cotización y en ahorro insuficiente. La vejez se convierte entonces en el punto donde convergen décadas de vulnerabilidad.

La pobreza, entendida no solo como falta de ingresos sino como privación de derechos sociales, guarda una relación di- recta con la seguridad social. En México, la falta de acceso a la seguridad social es una de las carencias que definen la pobreza multidimensional. Es decir, la exclusión previsional no es únicamente un problema financiero, es parte del problema estructural del desarrollo. Cuando más de la mitad de la población trabaja en la informalidad, el sistema contributivo deja fuera a millones de personas y perpetúa la desigualdad intergeneracional.

Aquí aparece otro concepto clave: la movilidad social. En una sociedad con baja movilidad, el origen determina el destino. Las oportunidades educativas y laborales no están distribuidas de manera equitativa, y las desventajas iniciales se amplifican con el tiempo. Si el sistema de pensiones está estrictamente vinculado a trayectorias laborales formales y continuas, tenderá a consolidar esas diferencias. Quien tuvo estabilidad y buenos ingresos accederá a una pensión suficiente; quien no los tuvo enfrentará la vejez con precariedad. Sin embargo, el sistema previsional también puede convertirse en un instrumento de redistribución y justicia social. Mecanismos como pensiones mínimas garantizadas, es- quemas no contributivos y políticas de inclusión financiera pueden mitigar desigualdades acumuladas. No se trata de sustituir el esfuerzo individual, sino de reconocer que las trayectorias laborales son diversas y que no todos parten del mismo punto.

La inclusión financiera es otro componente esencial. Sin acceso a servicios formales de ahorro, crédito y seguros, planear el retiro es una aspiración distante. La seguridad económica en la vejez forma parte de una arquitectura más amplia de bienestar financiero. Además, contar con mecanismos de protección reduce la incertidumbre y mejora el bienestar subjetivo. No es solo un asunto monetario, es también una cuestión de tranquilidad y dignidad.

Reducir la desigualdad en la vejez no es únicamente una meta social, es una condición para el desarrollo económico sostenible. Una población envejecida sin ingresos suficientes representa no solo una injusticia, sino también una presión fiscal creciente y un freno al consumo interno. No hay crecimiento inclusivo sin seguridad económica en el último tramo de la vida.

Un sistema de pensiones justo no solo protege a quienes cotizaron más, sino también a quienes más lo necesitan. Si la vejez es una etapa inevitable, la dignidad en la vejez debe ser una decisión colectiva. Porque tu pensión no empieza cuando te retiras, empieza en el país que construimos todos los días.

* Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la posición institucional del Centro de Evaluación para Intermediarios, S.C. y del Colegio Nacional de Actuarios, A.C.

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