Autos

¿A quién pide ayuda? Cuando un cliente choca y no encuentra su póliza

Era sábado, específicamente la 1:10 a.m., cuando sonó mi celular. Al ver de quién se trataba, lo único que pasó por mi mente fue que esta persona no me llamaría a esa hora a menos que hubiera tenido un siniestro. Estaba en lo cierto. Apenas unos meses antes había contratado una póliza de auto para su Mazda; ahora, efectivamente, había chocado. Al contestar, me dijo: “No tengo la póliza que me entregaste, la dejé en mi oficina. ¿Me puedes dar el número de la póliza y decir a quién debo llamar?”.


Cabe mencionar que, además de entregar la versión impresa, había enviado la póliza por WhatsApp a mi cliente, pero él estaba muy nervioso en ese momento y no sabía qué hacer. Su desesperación aumentó cuando los policías le explicaron que tendría que acompañarlos, a petición del tercero perjudicado, para que respondiera por los daños.

Cuando mi cliente me informó esto, le pedí que me comunicara con uno de los policías. Éste me señaló que debían llevarlo, así que pregunté la razón de esta decisión, a lo que respondió: “Nos lo pide el tercero dañado porque el señor no hace nada”. Solicité al policía que me comunicara con el afectado. De inmediato, le expresé a Dante, el tercero: “Disculpe a mi cliente por el daño que le causó. Yo soy su agente de seguros y le afirmo que el auto cuenta con una póliza que responderá por los daños. Sólo le pido que espere la llegada de la aseguradora. Yo llamaré a ésta en un momento”. Mis palabras afortunadamente lo dejaron más tranquilo.

Unos días más tarde llamé al señor Dante para que me narrara los hechos y saber qué tipo de servicio le habían otorgado:

“Mi auto es un Polo 2019, que tenía apenas cinco días de haber sido estrenado. Ya casi llegaba a casa. Iba sobre Gustavo Baz y di la vuelta en Morelos. En ese momento vi que el Mazda venía de reversa, pues su conductor notó que se trataba de una calle cerrada, pero, por más que toqué el claxon para que me viera, no lo hizo y me impactó”.

De acuerdo con él, pasaron entre 30 y 40 minutos para que llegara la aseguradora, en este caso Chubb, y tomara el reporte de los hechos. Una vez que mi cliente narró lo sucedido, el afectado recibió un pase de valuación y le explicaron que, después de examinar los daños, sería canalizado a una agencia para hacer las reparaciones necesarias o, si lo prefería, recibiría el pago correspondiente.

El señor Dante comenta que prefirió ir a la agencia. Al llegar, dejó su auto y le dijeron que confirmarían el pase. Dos días fueron suficientes para obtener la autorización; una semana más, para entregar el auto reparado.

Él ha quedado satisfecho con el servicio que le ofrecieron, pero piense usted, estimado lector, que de cada diez autos sólo siete tienen seguro, así que no todos tienen la fortuna de ser dañados por un vehículo asegurado.

Mi cliente aplicó la cobertura de daños a terceros y, alrededor de las 2:30 a.m., me llamó para darme las gracias por el apoyo.

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