RC & Hogar

Cuando los riesgos no caben en un paquete: la póliza feliz de casa habitación

Carlos Zamudio, México Claims & Risk Management

Cuando parece que todas las bondades de los seguros de casa habitación se han mencionado, sólo queda analizar los casos que, aunque no son tan inusuales, son complicados de suscribir. En esta ocasión, como ejercicio lúdico, proponemos un ejemplo de éstos, un asunto donde el ocupante no es el propietario del inmueble.

Antes de exponer el caso en cuestión, tenemos que hacer un paréntesis largo pero necesario para reconocer la increíble variedad de servicios que se ofrecen bajo el nombre de productos de seguro de casa habitación, en paquetes perfectamente estructurados que gozan de una excelente comercialización. En ellos, basta indicar el valor probable del inmueble o la suma asegurada deseada, cuando son de primer riesgo absoluto, para que el asegurador organice los valores amparables de los restantes activos y riesgos, como los contenidos de naturaleza electrónica o los bienes de valor, asignando cantidades a cada uno de ellos.

seguro-hogar-kOYF-U50410084510rQC-624x480@Las ProvinciasDe esta manera, podemos adquirir, cual si fuese una cajita felizde los expendios de comida rápida, una póliza feliz. Ésta abarca un atractivo abanico de servicios que, por supuesto, varían de acuerdo con cada asegurador. Entre los beneficios se encuentran desde tutores en línea, para orientar al ama de casa, hasta amplios servicios telefónicos, similares al concierge, para brindar ayuda en condiciones de emergencia que poco o nada tienen que ver con un daño material en los bienes asegurados, como traslados de grúa, asistencia de mecánicos, cambio de cerraduras y plomería. Por ejemplo, en mi caso personal me encontré con la agradable sorpresa de tener acceso a precios preferenciales en servicios dentales preventivos. Además, dentro de la póliza feliz se suelen establecer premios por fidelidad al producto.

Así pues, nos encontramos con un mundo feliz, como el título de la novela de Aldous Huxley. Sin embargo, he aquí que la vida me ha deparado el interpretar el riesgo de otra manera.

En mi experiencia personal, al tener que trasladar necesidades expresas a una compañía y al poder acceder al mercado por medio de potentes intermediarios, entre un universo de tal vez 25 aseguradores, elegí a uno para que me ayudara a satisfacer una necesidad específica: amparar simultáneamente, con un solo contrato, a mi esposa, arrendadora de una pequeña propiedad amueblada, y a su arrendatario. Mi objetivo subyacente era muy claro: evitar la subrogación cruzada o el embate de los vecinos contra mi esposa en caso de siniestro catastrófico atribuible al inquilino.

Gracias a mi experiencia como evaluador de riesgos, determiné que la explosión era el mayor de ellos, ya que daña los bienes propios, los del inquilino y los de los terceros colindantes. Por tanto, para cubrir el riesgo de responsabilidad civil, se requería al menos un 500% del valor conjunto de los bienes propios o de los del inquilino. Esto es así si consideramos que los vecinos tienen activos similares y si suponemos la exposición a lesiones o muerte ordinaria.

Debía tener en cuenta que, en relación con valuar la vida, el estado de Sonora es excepcional, pero ésa es otra historia. Además, si atendía las condiciones del código aplicable, el valor a suscribir para la responsabilidad civil tenía que ser, por fijar un parámetro, diez veces mayor a la inversión propia, ya que debe considerar una indemnización por muerte más próxima a la exposición al riesgo. Sin embargo, no quería complicar aún más la suscripción con valores aparentemente tan asimétricos. Así empezó la odisea.

No necesito una póliza feliz sino un producto que me permita trasladar el riesgo con una buena suma asegurada para la responsabilidad civil cruzada entre la arrendadora y el arrendatario, en caso de que no fueran suficientes las sumas para daño directo a edificio y a contenidos, y que, sobre todo, impida la subrogación entre las partes objeto del contrato de arrendamiento.

En otras palabras, la póliza debe, en caso necesario, pagar a cada parte su propia pérdida y defender indistintamente al propietario y al inquilino, incluso bajo una sola suma asegurada. Así tiene que ser porque se presupone que los vecinos no discriminan ni se detienen a investigar quién tiene la culpa originaria sino que demandan a ambas partes por igual, en pocas palabras, a quien resulte responsable. Además, se debe considerar que, en caso de demanda por parte de la arrendadora o del arrendatario, las directrices de la responsabilidad objetiva, en relación con poseer o usar activos, favorecen a la parte afectada.

Entre las sorpresas del mundo del seguro, me he encontrado con que, aunque conozco lo que se requiere, no podemos adquirirlo. La única opción que nos han ofrecido es contratar dos seguros, uno por cada parte interesada, el del inquilino obviamente por responsabilidad civil de arrendatario. Después de un mes de negociaciones, los brókeres no han encontrado una institución que acepte vincular los contratos para evitar la subrogación.

No quiero adelantarme a los hechos, pero parece obvio que el mercado masivo no tiene espacio para atender una solicitud aislada, lo que trae un detrimento a los intermediarios que cada día se esfuerzan en trasladar los riesgos de sus clientes. Claro que algunos somos muy necios y no nos conformamos con una simple negativa.

¿Podemos afirmar que trasladamos convenientemente un riesgo cuando el cliente tiene un crédito para adquirir una casa habitación y, como ocupante, todavía no tiene derechos plenos pero sí obligaciones? ¿O cuando el asegurado es el hijo que ocupa la casa construida por sus progenitores, quienes viven en otro domicilio pero podrían ser llamados a juicio? ¿O cuando la casa está ocupada temporalmente por la tía, el sobrino, la amistad o cualquier persona, independientemente de si paga o no una renta? ¿O cuando las casas se arriendan, completas o no, a través de plataformas como Airbnb?

¿Quién no conoce casos así?

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