Ajustes, Daños e Indemnizaciones

Actos vandálicos y crisis estacionales

Carlos Zamudio Sosa/ México Claims and Risk Management, S.C./ carlos.zamudiososa@gmail.com

La educación tradicional en gestión del riesgo por medio de los seguros de daños probablemente ha mutado, de administrar la severidad del siniestro como un mecanismo de continuidad de los negocios, a gestionar nuevamente la frecuencia de los eventos y pretender así que un garante con mayor liquidez se haga cargo de las inminentes pérdidas.

El sentido común nos dice que habrá ciclones o temblores que, por su naturaleza catastrófica, afectarán masivamente las propiedades y, por tanto, potencialmente los bienes. Las aseguradoras tienen previstos estos riesgos y generan las condiciones para tornarlos asegurables. Sin embargo, existen otros peligros que se recrudecen en épocas de crisis o incluso ante la sola percepción de ella, como el robo y el asalto. Estos delitos son un mal endémico de las sociedades gregarias, especialmente cuando las personas encuentran en tales actividades ilícitas una forma de vida consistente de poco riesgo y gran beneficio.

Los seguros de daños consideran asegurables los riesgos sociales que están bajo la denominación de actos vandálicos o, en otros países, de malevolencia, los cuales no requieren análisis porque su causa originaria o disparador es un acto social. Solo en hechos derivados de terrorismo tendría que probarse plenamente la relación causal para discriminarlos como no asegurados.

En los contratos de seguro, este tipo de eventos cubiertos son nombrados de varias formas, algunas sinónimas y otras que claramente precisan su origen. En ellos encontramos que se amparan las consecuencias dañosas provocadas por quienes participan en huelgas, alborotos populares, conmoción civil y vandalismo. En otras palabras, de manera genérica, se cubren los “daños por actos de personas mal intencionadas”. De esta frase se desprende, a falta de un glosario, que el perjuicio puede ser provocado de forma individual o tumultuaria.

Observemos que no hay límite para que el siniestro se actualice cuando, por malevolencia se afecta el patrimonio asegurado, puesto que no se obtiene un beneficio por el actuar. Con respecto a esto, se debe tener en cuenta las excepciones que se insertan en los contratos y que universalmente corresponden al robo de bienes o de dinero y valores contenidos, pues, para ellos, operan sus propios límites asegurados.

Al hablar de actos de malevolencia, no se pretende cubrir los daños causados por los propios empleados ni otras consecuencias de segundo orden, como la pérdida de ingresos, utilidades, mercado y, en no pocas pólizas, los cambios de temperatura en bienes susceptibles o los daños que sufran los equipos, como maquinarias y calderas, por su falta de mantenimiento o insuficiente operación, ya que estas afectaciones son el terreno de coberturas especiales y tienen sus propios límites.

Por supuesto que, en épocas de crisis económica, los eventos cubiertos se multiplican, pues la población civil o parte de ella encuentra en las manifestaciones un punto de fuga para expresar su descontento y, al no encontrar un freno que le haga frente, se convierte en Fuente Ovejuna deseosa de confrontación y saqueo. Así que es previsible que, de continuar extendiéndose los conflictos sociales por la pérdida de empleos y la caída de las economías familiares, consecuencias del confinamiento por coronavirus, los seguros de daños vigentes serán afectados por los actos de malevolencia.

La gestión de este riesgo está dejando de ser incertidumbre para convertirse en certeza. Cada vez son más claros los corredores de las grandes urbes para los cuales se terminará limitando la suscripción y las compañías de seguros deben estimar el tiempo por el cual pueden retener las coberturas o incluso denegar las renovaciones.

Cuando los disturbios se masifican, como sucedió en Estados Unidos, las cosas son muy diferentes y el estado de derecho termina imponiéndose. El riesgo termina, a largo plazo, amoldándose a las estimaciones de recurrencia y severidad, las cuales pueden ser administradas por el seguro y el reaseguro. Esto significa que habrá años en los que se generen reservas y otros donde estas retornen al asegurado después de un siniestro. Esperemos que el sistema asegurador mexicano considere que estamos en este mismo supuesto.

Financiera y estadísticamente hablando es imposible dar equilibrio cuando la incertidumbre deja de serlo para tornarse en hecho recurrente en zonas específicas de las ciudades, ya que se afecta el historial de siniestralidad individual y de área. Esto a su vez supone automáticamente medidas restrictivas a la asegurabilidad, ya sea por precio o eventualmente por deducible e incluso límite de responsabilidad. Todo ocurre mientras que la población civil que participa en los hechos dañosos asume con miopía que no hay perjuicio porque los negocios están asegurados.

Es tan predecible el actuar social que, desde hace años, las aseguradoras excluyen expresamente este tipo de riesgo y manifiestan que el robo no está cubierto cuando se realiza durante o después de la ocurrencia de algún fenómeno meteorológico o sísmico. Hace muy poco se adicionó a las posibilidades nombradas la elusión de responsabilidad ante “cualquier fenómeno catastrófico” que propicie que el robo se cometa en perjuicio del asegurado, quizás porque el asegurador, teniendo en cuenta la Ley de Murphy, ha pensado: “¿Qué tal si nos cae un meteoro y no lo teníamos contemplado en las exclusiones para este riesgo?”.

El seguro también implica un costo para el empresario, tanto por lo que paga en cobertura como por lo que no recupera. Finalmente, él debe valorar la conveniencia de su inversión y decidir si debe cerrar en caso de no poder trasladar los costos a sus productos o servicios. Todas las pérdidas, aun en parte aseguradas, terminan convirtiéndose en un nuevo costo social por la potencial pérdida de empleos derivada del cierre de las fuentes de trabajo y la depauperación de los valores inmobiliarios, entre otros factores. Por tanto, los efectos negativos multiplicadores en la economía social, que causan que la gente se manifieste y provoque destrozos, son solo parte de una cadena de hechos que se acentúan cuando el empresario decide no seguir tolerando las pérdidas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s