Seguros

Pérdida consecuencial, un seguro que vale un kilo

Carlos Zamudio Sosa / México Claims and Risk Management, S.C. carloszamudiososa@gmail.com

Cuando era niño acompañaba a mi madre a la tienda donde compraba los granos para la comida. El producto se encontraba en sacos de varios tamaños. Yo metía la mano en cada uno de ellos para sentir las texturas. Los vendedores usaban una especie de cucharones metálicos de “kilo” y de “medio”, aunque todos los productos debían pesarse para satisfacción de mi madre. ¿Qué relación tiene esto con las pérdidas consecuenciales?

A pesar de mi edad, me daba cuenta de que había granos que pesaban más en el mismo espacio. Ponía mucha atención en el azúcar, ya que el cuenco nunca era llenado porque hacerlo habría dado como resultado mucho más que un kilo. Esos modelos o patrones eran más útiles para unas cosas que para otras, por lo que su función real era de envase, no de unidad de medida. Muchas cosas en la vida diaria funcionan así.

En las pérdidas consecuenciales hay cierto paralelismo con aquellos cucharones. Cuando fijamos la suma asegurada de la cobertura elegida, aunque nos digan que la fórmula matemática de siempre es invariable, no es así, por lo que siempre habrá que sopesar la compra.

Los empresarios o consumidores, que tienen la necesidad de transferir pérdidas financieras, usan un modelo estándar para pesar sus granos (riesgos) y obtener su kilo de seguridad, ese 100% de cobertura que encaje según los diferentes tipos de seguros de pérdidas consecuenciales.

Si lo tuyo es el seguro de daños, quizá quieres saber cómo debes seleccionar el molde para estimar los valores asegurables y cuál debe ser la báscula para sopesar correctamente el riesgo a asegurar.

Al hablar de consecuencias, más allá del daño material, nos referimos a las obligaciones financieras que le quedan al asegurado después de un siniestro. Imaginemos que, al momento de la suscripción, llenamos un costal de 12 kilos de costos fijos u obligaciones que por contrato continuarán, aunque los activos se tornen inútiles por el evento dañoso. Por supuesto que la cantidad varía, pues la mayoría de estos seguros son proporcionales y debemos contar con la bolsa que sea capaz de contener y resistir el peso total.

Además, en seguros, el cucharon que sirve de patrón para una fábrica no será el mismo que para otra, pues, aun siendo del mismo giro, una podría depender de una gran cantidad de mano de obra y la otra podría estar muy tecnificada. En la primera, las obligaciones por sueldos y gastos asociados serían muy altos, mientras que en la segunda serían mucho menores. La primera podría operar en un edificio rentado, mientras que la otra quizás ocupa una nave propia y paga intereses altos por la compra de automatizaciones.

Las necesidades de una empresa difieren de las de otra. No solo me refiero a la suma asegurada, sino también al tipo de seguro. Un cliente podría buscar un producto sencillo de operar, que lo respalde cuando no genere ingresos para cubrir sus gastos fijos y que le reintegre las utilidades. Otro podría considerar como contrato idóneo uno que responda por las ganancias brutas no devengadas, teniendo en mente la posibilidad de no poder trasladar eficientemente la depreciación fiscal.

Para ayudar al usuario a trasladar el riesgo, requerimos conocer muy bien los elementos indispensables, como los conceptos financieros a cubrir, el giro del asegurado y las diferencias entre las pólizas. Es importante no usar el mismo molde para todos los casos, ya que en algunos podríamos no alcanzar el kilo deseado y en otros quizá tengamos una cobertura de más o no tan útil.

Al presentarse el siniestro, cuando no nos queda claro cómo debe ser indemnizado el asegurado, suele darse una confusión que provoca controversias, porque en ocasiones queremos que la compañía de seguros restituya gastos que suman más del 100% de los necesarios, incluso cuando hay capacidad operativa después del evento dañoso.

Pretender más de lo necesario equivale a querer recuperar un kilo de gastos y utilidades cuando en nuestra bolsa todavía hay medio kilo de ingresos que pueden seguir generando, y no cabe en ella una cantidad extra.

Además, el asegurado está obligado, de acuerdo con la póliza, a no quedarse paralizado y seguir generando ingresos. Por tanto, el seguro recupera la diferencia necesaria para dejarle en condición similar a la que habría tenido de no presentarse los daños, es decir, lo que el siniestro efectivamente le ha impedido obtener lícitamente y sin utilidad mayor.

Según las necesidades de cada empresa, debe seleccionarse el molde (seguro) adecuado. Para ello es vital la detección de necesidades y el análisis de aversión al riesgo. Solo así, cuando el siniestro pase por la báscula, el resultado será un kilo. No más, pero tampoco menos.

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