Ajustes, Daños e Indemnizaciones

Infórmate y no repitas la historia: ¿Qué debes hacer en caso de sufrir un accidente laboral? (Parte I)

Lic. Iván Manuel Navarro Morales / Twitter @NMIM4218

Estimado lector, te invito a que analicemos la historia verídica de una mujer trabajadora que acudió a nuestras instalaciones para resolver un problema sumamente complicado.

Usaremos el nombre de Wendy Vital para mantener su privacidad. Ella había trabajado en una compañía manufacturera por más de 10 años y percibía un salario mensual de diez mil pesos. Ella siempre había sido puntual y cuidadosa con sus labores, pero un desafortunado día, mientras se dirigía a la empresa, sufrió un terrible accidente de trabajo. Debido a un choque automovilístico perdió la movilidad de las manos y de la cintura.

Tras sufrir el accidente, Wendy fue llevada a un hospital del IMSS para que recibiera atención inmediata. El médico extendió a sus familiares un documento llamado ST‑7 y les pidió que lo presentaran en el lugar de trabajo de la afectada, para que la compañía lo llenara. Después de un análisis detallado del estado de salud de la paciente, se estableció una incapacidad de 200 días, a lo largo de los cuales la empresa no accedió a llenar el oficio.

La vida de Wendy cambió por completo. Ella se dio cuenta de que no podría seguir trabajando en lo que tanto amaba y de que probablemente no volvería a caminar. A partir de ese fatídico día comenzó a padecer una serie de sinsabores que le aquejaron en gran medida.

Wendy se percató de que no estaba registrada en el seguro social cuando sufrió el siniestro, ya que por error de la empresa causó baja unos días antes. Debido a ello, el IMSS no reconocía el evento como un accidente laboral. Esto significaba que ella no recibiría el 100% de su salario como pago de la incapacidad por riesgo de trabajo, sino el 60% por considerarse una enfermedad no profesional. Por si esto fuera poco, se enteró de que durante toda su vida laboral estuvo asegurada con el salario mínimo, pues así fue como la mantuvo registrada su patrón.

Así fue como ella descubrió que en los 200 días de incapacidad inicial y en los momentos más difíciles de su vida recibiría como pago el 60% de un salario mínimo, es decir, el 30% de sus ingresos habituales, lo que pondría en jaque sus finanzas y su estilo de vida.

Por supuesto que la empresa se negó a pagar la diferencia entre la incapacidad real y la obtenida, prometiéndole que la volvería a dar de alta en el IMSS y la reinstalaría en su puesto cuando recuperara su salud. Ella se vio obligada a aceptar al no tener otro camino.

El IMSS, a pesar de haber declarado el caso como un accidente no profesional, le extendió una incapacidad de 365 días por concepto de enfermedad general, para que alcanzara su efectiva recuperación. Sin embargo, aunque Wendy logró salir adelante gracias al apoyo de su familia y amigos, no logró recuperarse por completo y desde entonces utiliza un bastón, ya que no puede caminar de manera autónoma.

La tragedia no terminó allí. El IMSS ya no extendió más incapacidades por enfermedad general, ya que se había llegado al máximo permitido y los médicos de salud en el trabajo habían dictaminado que ella no estaba inválida y sí podía seguir laborando. Por tanto, se pidió a Wendy que solicitara a la maquiladora tanto su reinstalación en un área donde no necesitara estar de pie por mucho tiempo como el pago de la indemnización por los años de servicio.

Cuando Wendy se presentó en la maquiladora, el dueño alegó que el puesto ya había sido ocupado y que no sería reinstalada porque su situación física le impedía desempeñar alguna función en la compañía. Además, le advirtió que, como el IMSS no calificó su accidente laboral a través del oficio ST‑7, la empresa no estaba obligada a pagar alguna indemnización, salvo un mes de salario si el IMSS la había declarado inválida.

Así de grave era la situación de Wendy cuando la conocí. Por un lado, el IMSS se había negado a seguir pagando las incapacidades, a pesar de que ella no estaba recuperada por completo y aún necesitaba atención médica; por el otro, la empresa también le había cerrado las puertas, ya que tenía una ventaja procesal porque nunca se calificó el accidente laboral como lo establece la norma y porque también podía alegar abandono de trabajo para operar la prescripción.

A pesar de todo, Wendy salió airosa. La ley prevé múltiples considerandos en materia de seguridad social, gracias a los cuales nuestra trabajadora obtuvo la reinstalación, una pensión vitalicia acorde con sus ingresos reales y el pago de la diferencia entre las incapacidades.

Te invito a analizar en la próxima edición el esquema legal que se implementó para ayudar a Wendy. Abordaremos qué podemos hacer en caso de encontrarnos en una situación similar.

Hasta pronto.

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