Sector Asegurador

Impactos negativos a consecuencia de los estereotipos de género

Adriana Oropeza Flores

Directora editorial, Revista Siniestro

Conocimos a la Dra. Judith Zubieta, actuaria e investigadora titular de la UNAM. Ella nos platicó sobre cómo nos afectan los estereotipos de género, en especial a las mujeres.

Los procesos de socialización empiezan con una carga fuerte de estereotipos, que afecta la percepción de hombres y mujeres sobre sí mismos. Los adultos transmiten a los menores una serie de juicios sobre qué es bueno o normal para ellos, de acuerdo con su género, y qué no. Al nacer una persona, se le impone una secuencia de roles, según la cual debe comportarse. No solo la familia juega un papel muy importante en los estereotipos de género, sino también la escuela, los amigos y el resto de los individuos. Cada uno de ellos influye en nuestro autoconcepto y moldea las percepciones que tenemos. Durante la infancia y la adolescencia, desarrollamos o inhibimos ciertas habilidades intelectuales o sociales, para satisfacer las expectativas de la sociedad, lo que afecta nuestros intereses, aspiraciones, autoestima, desarrollo intelectual, logro escolar y motivación.

La brecha de género limita el conocimiento y privilegia el cuidado de la salud de la población masculina. La farmacocinética no toma en cuenta la importancia del sexo biológico al desarrollar un medicamento, así que prueba la mayoría de las medicinas en animales machos u hombres y se limita a realizar aproximaciones para los perfiles femeninos, bajo el pretexto de que las hembras o mujeres tienen mucha actividad hormonal. Esto provoca un sesgo en los estudios e incluso atenta contra la salud de las pacientes. A pesar de que las mujeres presentamos una inmunorrespuesta más fuerte que los hombres, el diseño de las vacunas no considera esto y las estrategias de vacunación nos dejan en segundo lugar.

Los sesgos en la generación de conocimiento, por no incorporar el enfoque de género, se observan en la ciencia y la innovación, creando beneficios y riesgos desiguales para hombres y mujeres. Judith comenta que ninguna actividad humana, ni siquiera la académica, está libre de estereotipos y que las dimensiones culturales del mercado laboral limitan la posibilidad de acelerar su erradicación. Por eso, además de los cambios que todos debemos impulsar a diario dentro de la familia y la sociedad, ella señala que los profesores y académicos deben ser formados con un enfoque de género, para que, mediante sus conocimientos, competencias y habilidades, contribuyan a cerrar la brecha.

Los estereotipos de género en ciencias, tecnología e innovación determinan, obstruyen o dificultan las carreras académicas y profesionales de la población femenina. En 2019 y a nivel licenciatura, las mujeres representaban el 28% de los estudiantes mexicanos del área de Ingeniería y Tecnología y el 68% de la población estudiantil mexicana de las áreas de Educación y Humanidades y de Ciencias de la Salud, porque de estos tres campos de conocimiento solo los dos últimos están asociados con las labores tradicionales de las mujeres. La mayor presencia femenina en la matrícula escolar y el profesorado no ha significado cambios en los estímulos que reafirman las habilidades, pues solo los hombres siguen beneficiándose de ellos y accediendo con mayor facilidad a los niveles educativos superiores. Por tanto, hay una necesidad urgente de visibilizar el talento femenino y modificar las dinámicas sociales, como el culto a las celebridades masculinas, que fortalecen y perpetúan los estereotipos de género en el salón de clase.

Mantener a la mujer fuera de los espacios de decisión y alejadas de las oportunidades no solo es injusto, sino también un desperdicio. En la actualidad, el desarrollo y avance profesional de la población femenina todavía está marcado por un techo de cristal, que promueve nuestra ausencia en puestos directivos y nos vuelve invisibles cuando se trata de premios y distinciones; un piso pegajoso en el que conviven las dobles o triples jornadas, la inseguridad, la aversión al riesgo y los antecedentes frustrados, y una escalera rota que implica una falta de oportunidades y una mayor invisibilidad.

La ausencia de hombres o mujeres en algunas profesiones o actividades tiene graves consecuencias. La división del trabajo en función del sexo biológico genera brechas profesionales con múltiples impactos negativos. Debemos incorporar la perspectiva de género en nuestras vidas, respetar al otro sin importar su sexo biológico y eliminar los estereotipos, como el de “las niñas son bonitas y los niños fuertes”. Ya es hora de entender que los hombres también lloran y que las mujeres estamos más que capacitadas para ser excelentes líderes naturales.

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