En entrevista, Gerardo Lozano de León e Ismael Gómez Gordillo y Ruelas, quienes son respectivamente el presidente y el director general de la AMIG, nos dijeron qué esperan para el mercado afianzador mexicano en 2023 y cuáles son los retos que este enfrentará.
Después de la caída generada por el inicio de la pandemia, 2022 representó una gran recuperación para el sector afianzador mexicano, pues este, de acuerdo con las cifras oficiales reportadas al cierre del tercer trimestre de dicho año, tuvo un crecimiento del 12% en términos reales y de más del 20% en términos nominales gracias a diversos factores que aumentaron la demanda de fianzas, como el crecimiento económico, la asignación de recursos a los grandes proyectos prioritarios del gobierno federal y la reactivación de proyectos regionales. De esta forma, 2022 fue el segundo año consecutivo que trajo crecimientos reales de más de dos dígitos.
De acuerdo con las previsiones generales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, el Banco de México, la OCDE y diversos especialistas del sector privado, en 2023 se espera un crecimiento económico de entre 1.2% y 3%, lo que significa una continuidad en los niveles observados en 2022 con una tendencia a la baja. Si la actividad económica presenta niveles adecuados de crecimiento y hay un mayor número de transacciones, habrá una mayor demanda de garantías, la cual podría reforzarse si los niveles de operación de los sectores seriamente afectados durante la pandemia (aviación, servicios, hotelería y construcción) alcanzan la estabilidad que reportaban antes de esta.
Genera optimismo que las cifras de inversión pública en infraestructura física contenidas en el Presupuesto de Egresos de la Federación presenten un crecimiento importante con relación a 2022, lo cual podría impactar de manera favorable al sector de garantías, aunque la inversión esté altamente concentrada en las zonas geográficas donde se ubican los proyectos prioritarios del gobierno. Se sabe que el dinero se destinará principalmente a la construcción del Tren Maya; el desarrollo del Istmo de Tehuantepec; diversos proyectos carreteros, hidráulicos y de conectividad, y tanto la construcción como el mejoramiento de caminos rurales en ciertos estados de la república.
Aunque 2023 puede ser un año de buenas oportunidades para el sector de garantías, debido al comportamiento económico, el incremento en la inversión pública y la recuperación de diversas industrias, se requiere fortalecer la presencia del sector en los mercados privados y buscar una mayor penetración de las diversas figuras de garantías que pueden operar. Por tanto, en relación con la emisión de garantías para operaciones entre particulares, existe el importante reto de fortalecer la fianza, innovar, crecer y penetrar.
Ahora bien, así como existen oportunidades de crecimiento, las empresas de garantías deben considerar que existen factores económicos que hoy representan importantes retos para la celebración de contratos y transacciones económicas. Por ejemplo, los altos niveles tanto de la inflación como de las tasas de interés; la falta de liquidez o el deterioro de la solvencia de algunos fiados o beneficiarios; la volatilidad de los precios de las materias primas, y la poca diversificación en los ingresos de algunas empresas.
Todos estos factores deben analizarse de manera adecuada en los procesos de suscripción de garantías. Hoy más que nunca debe examinarse la vulnerabilidad de las empresas con relación a su entorno, para tener un mejor entendimiento de los riesgos inherentes a sus operaciones. La labor conjunta de las instituciones de garantías y todos los que participan en la intermediación de las mismas se vuelve crucial para asegurar que los fiados y garantizados reciban la adecuada asesoría en cuanto a los riesgos que amenazan el cumplimiento oportuno y adecuado de las obligaciones avaladas con garantías propias o de terceros.
“Así pues, 2023 será un año de retos y oportunidades que deberemos enfrentar con inteligencia, prudencia y legalidad”, finalizan nuestros entrevistados.
