Responsabilidad Civil Y Hogar

Concurrencia de seguros de responsabilidad civil

En relación con la administración del riesgo, el empresario solía asumir que para proteger su organización era suficiente tener programas de seguridad industrial y contratar seguros, ya que esto le daba la impresión de transitar por una vía prácticamente exenta de contingencias. Pero ésta no suele ser la realidad debido a la aplicación de leyes y reglamentos que desconoce, y a la enorme interrelación de intereses económicos previstos en un contrato o emanados de su relación con clientes y proveedores.

De esta situación, se desprende la enorme responsabilidad del agente de asesorar al asegurado en su toma de decisiones respecto a qué productos contratar y cómo operar incluso ante los hechos más improbables, o bien, en caso de que se actualice un siniestro.

El asegurado, que desconoce cuántos especialistas estuvieron detrás del producto de seguros que adquiere, espera que en caso de un accidente se activen sus derechos contractuales, o bien, que los derechos a favor de terceros, en la muy lamentable condición de que les hubiese causado daños o lesiones, no tengan consecuencias adversas para él. En otras palabras, el cliente espera que el asegurador acuda como su garante que es, para evitarle afectación en su peculio, sacándolo avante de una situación gravosa, de forma expedita, por inusual que sea.

cabecera-ramo-rc-slide-1Por ello, se justifican los ejercicios técnicos (no tanto lúdicos) de análisis de los escenarios probables de siniestro, para que, una vez modelados, la solución esté al alcance y libre de obstáculos. Esto es particularmente importante en el caso de los siniestros de automóviles, ya que éstos deben resolverse en el momento, pero los ajustadores no suelen ser especialistas en derecho aunque lo apliquen, de manera que ya deben conocer los efectos de sus decisiones, las cuales tienen que ser congruentes con el contrato suscrito y la legislación en la materia.

Para el poco probable caso, aunque debidamente previsto en la legislación correspondiente, de un doble seguro de responsabilidad civil (RC), consideremos la posibilidad de que se causen daños o lesiones con nuestro automóvil durante las “pruebas” del taller de la agencia automotriz. La empresa seguramente tendría un endoso de RC de taller, que formaría parte de una RC general de actividades e inmuebles, que se incluye como parte de una póliza de tipo múltiple. Para este supuesto, consideremos también que se acordó un convenio expreso con el asegurador para indemnizar no sólo el daño material del auto sino también las lesiones y los daños causados con el mismo, ya que ello se conviene por separado, y que ese automóvil cuenta con una cobertura de RC.

Entonces, ambos seguros estarían suscritos de buena fe y muy probablemente con diferentes aseguradores, pero ambos serían válidos y obligarían a cada una de las empresas aseguradoras hasta el valor íntegro del daño causado, lo que está plenamente previsto en la Ley Sobre el Contrato de Seguro. Por tanto, se convalida esta concurrencia cuando el interés asegurado es indeterminado, así que, en caso de siniestro, ambas compañías deberían pagar la consecuencia dañosa.

La ignorancia de la coexistencia de los contratos podría dar lugar a que alguno de los aseguradores (una sola de las pólizas) se haga cargo enteramente de la atención e indemnización del afectado. En cambio, si se conoce el derecho de repetición, se deberá solicitar que la obligación sea a partes iguales, es decir, sin considerar las sumas aseguradas por cada una ‒algo que sí se toma en cuenta en el seguro de diversos, es decir, en los casos que no tratan la responsabilidad, donde la concurrencia se calcula en la exacta proporción que existe entre las sumas aseguradas de cada contrato‒. Por tanto, no debe causar confusión el contrato base sino la cobertura de la responsabilidad.

La regla prevista en nuestra legislación, para el supuesto de duplicidad en el seguro de responsabilidad, establece que el pago debe hacerse en partes iguales entre los aseguradores que formen el consorcio garante (50 y 50% si se trata de dos compañías), y que, en caso de agotarse la suma asegurada de alguna de ellas, el excedente queda por obviedad ya sólo bajo aquella que todavía conserve suma asegurada.

L-4Esta concurrencia no pactada de seguros se debe aplicar por ministerio de ley, incluso si el asegurado de alguna de las partes no está de acuerdo en la afectación de su contrato, lo que podría ocurrir en el caso del seguro directo del automotor, que parece suponer que el propietario del vehículo acepta de forma expresa la responsabilidad por hechos que le son ajenos en su causa origen, pero que finalmente son causados con el bien material del seguro.

Otro aspecto que debe considerarse es que, para el caso del taller automotriz y por el convenio de aseguramiento, el propietario del vehículo se convirtió en un tercero, a pesar de estar vinculada contractualmente la relación entre ambas partes. Así pues, se debería presumir que primero se debe agotar, dentro de la responsabilidad asegurada, el daño causado al automóvil, por estar plenamente determinada, mientras que sólo los excedentes no afectados en suma asegurada deben agotarse como parte de la concurrencia para indemnizar a los terceros puros.

Una vez que se aplica de esta forma el ajuste en cuestión, la interpretación resulta armónica con la disposición plasmada en el art. 103 de la Ley sobre el Contrato de Seguro.

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