Sector Asegurador

El ajustador y la administración del riesgo.

Por: Carlos ZAMUDIO SOSA

México Claims and Risk Management, S.C.

Hace poco me encontré Siniestros de daños y pérdidas en la industria, un título publicado por la Asociación Española de Gerencia de Riesgos y Seguros (Agers) y escrito por Roberto Revenga. Aunque no he podido obtenerlo por ser tan novedoso, he leído que su autor destaca algunas recomendaciones para el gerente de riesgos en relación con la atención del siniestro: apoyarse en el corredor; nombrar un perito para preparar y defender la reclamación a los aseguradores, y acordar medidas con el perito de la aseguradora para minimizar los daños y las pérdidas al dejar que un experto dirija estas situaciones.

Estas sugerencias suponen varios hechos: a) el ajustador de la aseguradora es perito, b) el reclamante debe contar con su propio perito ajustador, c) ambos peritos, junto con el administrador de riesgos, coadyuvan en el tratamiento de la pérdida reclamable, y d) el bróker es otro intermediario necesario pero usualmente ajeno a la preparación, calificación y defensa de las pérdidas indemnizables.

consulting-a-lawyer_645x400El esquema tradicional de la gestión de riesgos ha superado posiciones, como considerar que el seguro es la única o principal medida de control de daños. Ahora se diferencia claramente la posición de ambos ajustadores (peritos, según la práctica española), se entiende que éstos son parte importante del proceso de la continuidad del negocio o de la recuperación de la pérdida parcial y se justifica su participación en la determinación y defensa de la indemnización emanada del contrato.

Esto trasciende más allá, porque ya no existiría limitante alguna para que el asegurado o cualquier tercero, en caso de convertirse en reclamante, pudiese nombrar, en forma posterior al evento dañoso o incluso al suscribir la póliza de su interés, a su perito ajustador de confianza.

El seguro es un mecanismo de atenuación de pérdidas eventuales, basado en la confianza de las partes y pactado en un contrato para el cumplimiento de las obligaciones, que contiene consideraciones precontractuales no solamente para identificar y señalar los riegos que se desean transferir sino también para plantear otras formalidades relativas al cumplimiento de todas aquellas cargas que en forma activa o pasiva nacerán con el siniestro.

La expectativa del reclamante es acceder al máximo posible de indemnización. Esta esperanza debe basarse no sólo en la fe que el interesado deposita en el contrato y su intermediario sino también en la inagotable condición de confianza que tanto él como la aseguradora deberán conceder con igual reciprocidad al ajustador nombrado por cada uno.

Entonces, podemos considerar que ambas partes son piezas clave de la conciliación de los alcances del contrato o elementos estratégicos de la resolución de un eventual conflicto no litigioso, como el proceso de reclamo-ajuste. Por tanto, sería ingenuo asumir que tal función no puede ser identificada como parte de la administración del riesgo.

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