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Pérdidas puramente financieras, responsabilidad civil en epidemias y pandemias

Carlos Zamudio Sosa / México Claims and Risk Management, S.C. / carlos.zamudiososa@gmail.com

Diferentes necesidades y riesgos inéditos impulsan nuevos seguros. Sabemos, por tradición, que solo es exigible una pérdida consecuencial ante la ocurrencia de un “riesgo amparado”, como un incendio, que dañe las instalaciones físicas aseguradas, pero esta situación podría estar cambiando.

3XZGJNZPLJCO3NSPGI5APH7BWMEl seguro ordinariamente se ha anticipado a los riesgos, generando nuevas ofertas para supuestos concretos, derivadas de eventos novedosos. Por ello, no sería ocioso suponer que los actuarios ya están haciendo números para considerar la categorización e individualización de pérdidas financieras que se pueden amparar en caso de parálisis por epidemias y pandemias. Si bien esto todavía no ocurre hoy, de manera limitada, desde hace décadas, ya se suscriben seguros de pérdidas financieras sin daño físico de la instalación asegurada.

Un ejemplo clásico de este tipo de productos es la cobertura por impedimento de uso de las inversiones productivas, derivado de la “restricción de acceso” por parte de las autoridades cuando en la instalación aledaña ocurre un riesgo amparado por la póliza propia. De igual manera, es posible traspasar los efectos negativos de un siniestro ocurrido en las instalaciones de proveedores o empresas filiales, mediante los seguros contingentes o interdependientes, cuyo riesgo cubierto es el paro derivado de no recibir insumos en vertical u horizontal, respectivamente, siempre y cuando el evento paralizante de la proveedora sea un riesgo cubierto por la póliza propia.

Otro ejemplo de cómo las aseguradoras reaccionan ante las nuevas necesidades es el caso reciente de una institución que propuso una cobertura para amparar los efectos negativos financieros por paralización de negocio derivada de la acción de un tirador activo, hasta por un lapso máximo equivalente al tiempo que duren las indagatorias y se reinicien las operaciones.

fuerza-mayorEstos ejemplos dejan claro que el sistema asegurador sí ha analizado amparar consecuencias financieras concretas, aun y cuando no existan daños físicos a las instalaciones amparadas. Así que no suena descabellado considerar algún mecanismo de cobertura de esta naturaleza ante una epidemia o una pandemia, sobre todo después de ver en televisión comercios totalmente paralizados, calles desiertas, y falta de insumos y alimentos. Por supuesto que es válido que el empresario quiera trasladar tales consecuencias negativas a un tercero con mayor capacidad financiera que la suya, con la finalidad de resistir pérdidas que de otra manera lo obligarían a cerrar definitivamente. Un riesgo así podría tener el nombre de coronavirus o de cualquier otro evento.

Sin embargo, hoy no se aprecia factible obtener una indemnización por pérdidas consecuenciales. Aun con un contrato de “todo riesgo”, que cuente con la cobertura de paralización por acto de autoridad, el asegurado de todas formas debe enfrentar una pérdida de mercado, que es un evento excluido. Aunque no menos cierto es que la exacta redacción de cada contrato, ya sea por error o diligente estrategia jurídica, daría o no la posibilidad de accionar para tratar de obtener una compensación en aras de evitar un litigio.

A propósito de diligentes estrategias, en el rubro de la responsabilidad civil, donde los supuestos son más complejos y la cobertura se activa ante el reclamo, sobran ejemplos de partes que intentan presionar a cualquier empresa mediante acciones que desgastan y fuerzan a negociación. Esto no debería ser motivo de análisis, si no fuera porque siempre hay hábiles pescadores que, por ejemplo, ante el desconocimiento del mecanismo de trasmisión y latencia del virus, así como frente a la complejidad de probar el nexo causal, encuentran oportunidades y tratan de aprovechar el río revuelto.

Finalmente, no perdamos de vista que la responsabilidad del empresario es ilimitada, dentro de los supuestos legales, pero la del asegurador está constreñida por el contrato de seguro.

Demasiado supuesto, lo sé, pero mejor adelantarse. Aquí cabe un dicho muy coloquial: “Por uno que se levanta temprano, otro que no se acuesta”.

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