Ajustes, Daños e Indemnizaciones

Eduardo Vargas Sanders

Solidaridad y resiliencia, el mayor reto para los ajustadores de daños

Adriana Oropeza Flores / Directora Editorial, Revista Siniestro

La Asociación Mexicana de Ajustadores de Seguros, A.C., nos regaló una entrevista con su presidente, Eduardo Vargas Sanders. Aunque su despacho apenas tiene ocho años de antigüedad, él proviene de una familia de ajustadores con amplia trayectoria. Su papá fue fundador del Consorcio de Algodón y estableció junto con otros colegas la tarifa del algodón, algo que posteriormente dio pie al seguro de esta fibra textil, que aún existe, y además, fue galardonado con el Guerrero Azteca de la AMIS.

Eduardo nos habló sobre la profesionalización del ajustador, que involucra la preparación académica a través de, por ejemplo, diplomados y cursos, y el carácter multidisciplinario de la actividad, puesto que en un siniestro convergen cuestiones de ingeniería, contabilidad, economía, finanzas y muchas otras áreas.

Entre un ajustador de daños interno y uno externo, según su opinión, no debería existir ninguna diferencia, puesto que, “quien se llame ‘profesional’ tiene que ser imparcial”, ya que debe realizar su trabajo con base en el contrato de seguros y facilitar tanto la gestión del siniestro como el establecimiento de términos justos que permitan conciliar los intereses del cliente con los de la compañía de seguros.

El ajustador de daños ante la Covid-19

Eduardo asegura: “El papel más importante del ajustador es ser un ente social, es decir, servir a la sociedad, no solo al sector financiero, las aseguradoras o los brókeres. Nosotros coadyuvamos a que, con base en un contrato de seguros, las personas que pierden su patrimonio sean resarcidas lo antes posible”.

Para él, los retos que están en puerta se centran en cuidar la salud, ejercer la profesión de manera segura, conservar la actitud de servicio, mantener la actividad y desarrollar como asociación tanto la resiliencia como la solidaridad con el sector y el gobierno, acatando las medidas que se han establecido.

La voluntad no es lo único necesario para hacer frente a los siniestros que se presentarán en los siguientes meses, ya que, de acuerdo con Eduardo, también se requiere de una base financiera, sin importar donde nos encontremos. Al respecto, él piensa: “Estar confinados no significa que no realicemos nuestra actividad al cien por ciento. Nuestros clientes deben tener la posibilidad de contactarnos, aunque haya una larga distancia de por medio”.

Él comentó que se han registrado, derivados de la pandemia y la cuarentena que se vive en el país, múltiples robos y asaltos debido, por una parte, al desempleo y la falta de recursos, y por otra, a que algunas personas aprovechan las circunstancias para cometer estos ilícitos.

Además, manifestó que el sector debe poner mayor atención en los siniestros simulados, es decir, en aquellos que no son ni súbitos ni imprevistos, sino previstos o provocados, ya que probablemente se detonarán por la situación que atraviesa el país y por el quebranto de la economía.

“Los 36 años que tengo en este negocio me han enseñado que hay siniestros claramente provocados, como algunos incendios, cuya mala fe es difícil de probar. Hay quien, sin importar la industria, busca la salida por medio del seguro. Difícilmente las empresas grandes y más conocidas se prestan a este tipo de prácticas; sin embargo, muchos negocios presentan siniestros cuyo origen no necesariamente era imprevisto. Acuérdense que a veces, en las malas épocas, los finales de año y las fechas festivas, hay casos muy raros”, señala.

Por otro lado, respecto a los vientos tempestuosos registrados a mediados del mes de mayo en Apodaca, Nuevo León, los cuales registraron velocidades de entre 180 y 220 kilómetros por hora, Eduardo advirtió que se trata de un fenómeno no muy común en nuestro país, pues es más frecuente en planicies, por lo que representa un parteaguas para la suscripción de riesgos en esa zona.

Finalmente, en cuanto al agente de seguros que coloca pólizas de daños, él asegura que su labor es tan importante como la de un ajustador y que suele poseer la información y los conocimientos necesarios para asesorar a su cliente, por lo que es necesario un trabajo mancomunado entre ambos tipos de servidores.

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