Ajustes, Daños e Indemnizaciones

Las cláusulas de 72 horas.

Carlos Zamudio Sosa / México Claims and Risk Management, S.C. / carlos.zamudiososa@gmail.com

No hay nadie en la industria del seguro que no sueñe con formatos de ajuste menos complejos. El intermediario y, sobre todo, el cliente lo anhelan. Por eso las cláusulas de 72 horas son un enorme beneficio que, por ahora, revisaremos en relación con el seguro de terremoto y erupción volcánica (TEV).

Cuando los temblores verdaderamente grandes nos acometen, se presentan las omnipresentes réplicas como una de sus secuelas. Algunas de ellas son tan lesivas que terminan por derrumbar las construcciones recuperables o causar más daños en las ya afectadas estructuras, lo que significa un perjuicio para sus propietarios.

Las coberturas que, a través de la cláusula de 72 horas, aglutinan en un solo evento lo que antaño correspondía a varios, cuya progresión económica de los daños es compleja de probar —sobre todo cuando en la mayoría de las ocasiones ni se aconseja ni se permite penetrar en las construcciones para certificarlos y, a veces, son imperceptibles—, sugieren un gran avance en beneficio del asegurado, ya que fijan límites temporales en daños muy sucesivos.

Este gran corte temporal de perjuicios, aun con las dificultades propias asociadas a los terremotos, nos permite realizar un levantamiento de daños en 72 horas, susceptible de evaluar, y aplicar un solo deducible en lugar de varios, lo que constituye una ventaja para el asegurado.

Aunque el asunto parece muy sencillo, en la práctica no lo es porque, si acontecen más réplicas de la misma falla después de ese lapso, se debe descontar el deducible las veces que sea necesario y no hay regla para ello. Durante los eventos de septiembre de 2017, en Chiapas y Oaxaca, donde se presentaron severos daños los días 9 y 19, las afectaciones en las ya de por sí dañadas estructuras aumentaron y la aplicación de la cláusula se actualizó, lo que implicó el descuento de un nuevo deducible que seguramente se calculó erróneamente. ¿Por qué?

En el mercado asegurador mexicano, los deducibles se computan sobre distintas bases, tanto por el valor asegurado de los bienes, ya sea de reposición o real, como por la suma asegurada. En el primer caso es indispensable realizar un avalúo de lo amparado, mientras que en el segundo solo se computa el porcentaje convenido.

El sentido común nos llevaría a pensar que el último esquema es mucho más sencillo para el ajuste, con la salvedad de que es necesario confirmar que no aplica un bajoseguro; sin embargo, no fue así. En prácticamente la mayoría de los casos que conocí, el segundo deducible descontado por las afectaciones en Chiapas y Oaxaca se calculó con base en la suma asegurada original o el valor real o de reposición determinado para el primer evento. Aquí es donde yace la falacia, ya que no debe descontarse el deducible sobre la misma base, pues esto significa un detrimento para el reclamante.

Imaginemos un primer siniestro donde los bienes están amparados al 100%, por lo que tanto el valor asegurable como la suma asegurada son iguales, y los daños estimados y reportados por el ajustador a la aseguradora son del 50%. Si los valores de pérdida y la confirmación de valor de lo amparado son tan fácilmente comprobables como para tenerlos valuados en solo 48 horas y pagados antes de 72 y si el siniestro ha reducido a la mitad el valor de los objetos amparados, la indemnización también debe disminuir la suma asegurada. Por tanto, en un nuevo siniestro, el deducible, la participación de pérdida y, si hay, el bajoseguro cambian de igual forma.

Pensemos que un nuevo ciclo de temblores ocurre a partir de la hora 73 posterior al primero y que, por tanto, debe aplicarse un nuevo deducible. Si la suma asegurada disminuyó, ¿por qué se descuenta otra vez el deducible al 100%? La cláusula de 72 horas, que nació para ser un paliativo que aporta agilidad, no supone dejar de calcular las cifras del primer siniestro y, por ende, no realizar los ajustes correctos para el segundo.

En resumen, en la mayoría de los casos de Chiapas y Oaxaca, relacionados con los terremotos de septiembre de 2017, se descontó dos veces un deducible basado en la pérdida final, incluso sin que se hubiera pactado tal regla en los contratos, aglutinando dos eventos en uno, pero sin aplicar la base técnica correcta. Estamos frente a un clásico ejemplo de rapidez contra exactitud. Esperemos que esta explicación sirva para terminar con la posibilidad, ya acontecida en 2017, de reducir incorrectamente las prestaciones aseguradas para un segundo siniestro.

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