Gastos Médicos Mayores

El matrimonio no es garantía, tu póliza sí

Ariadna Fernández Madrid, promotora de AB Agente de Seguros #Somos868, está cerca de cumplir 19 años como asesora. Para que más gente reconozca la importancia de un seguro y una buena indemnización, ella nos compartió un siniestro muy triste, en el que la usuaria se encontró con una póliza mucho más fiel que su marido, pues este la abandonó cuando una enfermedad muy grave se presentó, mientras que el seguro le respondió hasta donde debía hacerlo.

A los 28 años de edad, Fabiola, asegurada de Ariadna, ya tenía tres años con una póliza de ahorro y un matrimonio. Ella trabajaba en una dependencia del gobierno, donde ocupaba un buen puesto y recibía un sueldo generoso. Fabiola y su esposo habían decidido dividir los gastos del departamento, así que él pagaba la hipoteca y ella se hacía cargo del resto.

Cierto día, Fabiola empezó a sentir un cansancio extraño y una serie de calambres en algunas zonas del cuerpo. Tras ser revisada por su médico, desafortunadamente recibió el diagnóstico de esclerosis, una enfermedad degenerativa que afecta el cerebro y la médula espinal, cuyo proceso puede ser lento o muy rápido, como en el caso de ella.

Resultaba muy extraño su caso, puesto que en su familia no había ningún antecedente de este mal ni de algún otro padecimiento grave.

Fabiola no solo notó la caída de su cabello y vio rápidamente afectada su movilidad, sino que también perdió la memoria de corto y mediano plazo.

Ariadna recuerda que en ese tiempo solo existía el fax para enviar documentos, por lo que se puso de acuerdo con Fabiola para visitarla y recoger algunos papeles necesarios para solicitar su indemnización total y permanente.

Mientras la asesora subía por las escaleras del edificio, vio a una persona que le llamó la atención por la forma en la que caminaba. Cuando solicitó ver a la asegurada, le dijeron que debía esperar. Después de algunos minutos, Ariadna fue al baño, donde se encontró con la persona que había visto antes, se trataba de Fabiola, cuyos movimientos eran tan lentos que, en todo el tiempo que la asesora llevaba ahí, solo había alcanzado a sacar un cepillo y comenzar a arreglarse el cabello. Cuando al fin estuvo lista, la asegurada recibió a Ariadna, pero debido a los síntomas de pérdida de la memoria no recordaba que había acordado con su asesora la entrega de los papeles.

Ariadna resalta con mucho sentimiento que Fabiola necesitó una hora para ir al baño y alistarse, y otra más para llenar los papeles con ella, y que uno de los aspectos más tristes e impactantes de este caso fue que, al poco tiempo, el marido de su asegurada solicitó el divorcio por discapacidad.

Hoy, a casi 15 años de que sucedió este siniestro, Ariadna recuerda que Fabiola, cuando contrató la póliza, había comentado que quería ser madre en unos años, por lo que el dinero de su ahorro lo usaría para la universidad de su hijo o algún negocio, y que su esposo estaría a su lado, encargándose de todo, si algo le sucedía. Ninguno de estos futuros se materializó. Con tan solo 28 años de edad, Fabiola quedó discapacitada de por vida y divorciada.

Ariadna advierte que casarse no significa necesariamente que tu pareja estará contigo siempre, pues un matrimonio no es garantía de nada. La vida sigue más allá del “amor”.

Hoy su asegurada vive con sus papás y trabaja en una inmobiliaria, donde se encarga de subir a la página web las propiedades disponibles. Su hermano se hizo cargo de continuar el proceso de la póliza.

Ariadna señala que la suma asegurada permitió que su clienta recibiera una mejor atención que la del seguro público, y que, aunque en ocasiones las cuestiones burocráticas atrasan un poco las cosas, las compañías de seguros siempre pagan lo acordado.

Finalmente, indica que el valor del agente radica en transformar un intangible en tangible cuando más se necesita, por lo que es muy importante realizar una buena detección de necesidades y arropar al asegurado de tal forma que no se pierda el espíritu de asesoría.

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