Sector Asegurador

Murphy y el siniestro catastrófico en 2020

Carlos Zamudio Sosa / México Claims and Risk Management, S.C./ carlos.zamudiososa@gmail.com

Ordinariamente hablamos de la Ley de Murphy (“Si algo puede salir mal, sucederá”) como algo anecdótico, pero, si bien es poco factible, no es improbable. Para el grueso de la gente, este principio no es más que una percepción que enfatiza lo negativo de lo ineludible, pero prácticamente todo a nuestro alrededor debería funcionar bajo la idea de previsión que está detrás. Hay que tener en cuenta siempre que el Sr. Murphy se puede desbocar y salir en desbandada en cualquier momento, aunque eso sea verdaderamente poco probable.

En nuestro sector hay personas que tuvieron la precaución de asegurarse y aseguradoras que tienen planes muy bien aceitados para enfrentar prácticamente cualquier tipo de siniestro, incluso si es muy catastrófico. Estas compañías cuentan con ajustadores, peritos, sistemas informáticos y funcionarios experimentados. Los asegurados contaron con la asesoría de un agente de seguros que identificó y evaluó el riesgo a conciencia, realizó un estudio de aversión, expidió y corrigió una póliza (porque Murphy siempre se pasea entre los sistemas y la suscripción), y vigiló que la prima se pagara a tiempo. Todo marchaba bien hasta que, ¡zas!, de la mano del azar, la causa fortuita y la fuerza mayor, llegó el siniestro catastrófico en el peor momento. Bueno, siempre es el peor momento.

Nos ocurrió como a la dama que, pretendiendo la boda perfecta, organiza una recepción en la fecha con menor probabilidad de lluvia, después de revisar 20 años de estadística, y comprueba que el clima no tiene palabra porque llueve. Nos pasó como al turista que, al ir de vacaciones a un lugar soñado, se queda varado a medio camino por culpa de un atentado en el aeropuerto y pierde tanto reservaciones como conexiones. Por supuesto que, como vivimos en épocas de previsión, en el caso de la boda, se arma la fiesta en un salón anexo y de manera improvisada, libre de lluvia; en el caso del viaje, se renegocian ciertos aspectos, aunque se pierda un día y se invierta un poco más del presupuesto contemplado, para recuperar el orden en el cosmos y proseguir la travesía. En ambos casos, se manifiesta Murphy.

Sin embargo, un gran siniestro no es anécdota para citarla como un hecho gracioso, fantasioso o fabulesco que se pueda concluir con un mal chiste y la mención de Murphy, pues, ante una pérdida compleja o catastrófica, un personaje de ficción no tiene cabida. Detrás de un gran siniestro hay al menos un patrimonio, una fuente de trabajo y una cadena perdidos, así como la incertidumbre derivada de ignorar si existirá la posibilidad de permanecer en el mercado o si se perderá lo ganado en años o décadas de trabajo intenso. La Ley de Murphy no cabe en el ajuste del daño complejo, pero, ¡ah!, cómo lo intenta.

Hay cosas que fallaron durante la pandemia, eventos cuya sucesión parecen relacionarse no con un Murphy, sino con una convención de ellos. En estos terrenos, no hay espacio para culpas. Se trató de una condición ajena que afectó a todos por igual, tanto en procesos como en capacidad de reacción y toma de decisiones.

Funcionarios, ajustadores, peritos y demás especialistas debieron dejar de trabajar en su lugar habitual para irse a tratar de rendir igual en casa. No pocos pagaron el precio de la osadía de salir a enfrentar el siniestro. Hemos visto a varios amigos enfermar e incluso morir, y quizá veamos más.

Los asegurados experimentan la imposibilidad de promover y propiciar la realización de inspecciones ministeriales. Nada pueden hacer ante la paralización absoluta de las gestiones de los órganos encargados de dar fe de hechos, indagar la causa o el origen y resolver ejercicios o no ejercicios de acción.

Mientras tanto, las aseguradoras están relajadas relajadas relajadas. Estrictamente, no hay culpa que imponer, pues tristemente no importa si el afectado la imputa. ¿Qué se puede hacer si se requiere liberación para ingresar al área de siniestro? Poco o nada. ¿Cuál es el procedimiento paralelo para indagar la causa o el origen de un siniestro y acelerar el inicio del reclamo? No hay, se aplica el contrato. ¿Qué botón se debe presionar para interrumpir los tiempos pactados bajo la cobertura de pérdidas consecuenciales o gastos extraordinarios? Hay que revisar porque el reaseguro tiene que respaldar al particular.

Por supuesto que no ha sido fácil ni lo será, pues todo hace suponer que viviremos un año más en estas condiciones. Claro que hemos tenido una curva de aprendizaje, pero a veces parece una “curva Gattel”.

Por ahora, Mr. Murphy sigue suelto y haciendo de las suyas; luego, no faltará quienes se duelan de que el asegurado ha buscado asesoría para ejercer un reclamo.

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