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Dióxido de cloro, Covid-19 y los GMM

Dr. Enrique W. Alarcón Mtz. Dir. Médico Nocrala Selarom/Dictamed enrique.alarcon@nocralaselarom.com / Twitter: @EnriqueWAlarcn1

El dióxido de cloro es una sustancia de color amarillo o amarillo-rojizo que comúnmente se emplea en la fabricación de papel como blanqueador y también en plantas públicas de tratamiento de agua, entre otros usos.

El daño al cuerpo por la ingesta de dióxido de cloro puede dividirse en dos formas: aguda y crónica; de forma aguda puede causar irritación en la boca, el esófago y estómago, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea e intoxicaciones severas. Las crónicas pueden ser trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales, disminución de la presión arterial y fallas respiratorias debido a la modificación de la capacidad de la sangre para transportar oxígeno; su inhalación puede, así mismo, generar complicaciones respiratorias.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) ha recibido informes sobre eventos adversos graves en pacientes que han consumido dióxido de cloro.

El Covid-19 es una enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2 que afecta a las vías respiratorias bajas y produce síntomas similares a los de la gripe o catarro, entre los que se incluyen fiebre, tos, disnea, mialgia y fatiga. En casos graves se caracteriza por producir neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda, sepsis y choque séptico que conduce a la muerte, según la OMS.

La transmisión del SARS-CoV-2 se produce mediante gotas de Flügge (microgotas de saliva que se emiten al hablar, estornudar, toser o espirar), que al ser despedidas por un portador pasan directamente a otra persona mediante la inhalación de estas microgotas, o quedan sobre objetos y superficies que rodean al emisor, y luego son recogidas a través de las manos por el nuevo huésped al tocarse la boca, nariz o los ojos. Esta última vía se creía era el principal camino de propagación, ya que el virus puede permanecer viable por días en los fómites (cualquier objeto que si se contamina con algún patógeno es capaz de transferirlo de un individuo a otro), sin embargo, la evidencia actual nos dice que la principal fuente de contagio son las microgotas de saliva que emite un enfermo con o sin sintomatología aparente.

Los síntomas aparecen entre el día dos y el día catorce después de la exposición; el promedio es en el día cinco después del contacto y a la exposición al virus. Existe evidencia que sugiere que el virus podría transmitirse uno o dos días antes de que se tengan síntomas, ya que la viremia alcanza un pico al final del período de incubación, lo que significa que, si tomamos el día cinco como promedio, una persona que estuvo en contacto con el virus y desarrolla la enfermedad, podrá transmitirla dos o tres días antes de iniciar síntomas, lo que puede explicar tantos resultados falsos negativos y la rapidez con que esta infección se convirtió en pandemia.

El virus pasa por la nariz y la boca, llega a los pulmones a través del tracto respiratorio y entonces penetra las células de órganos que sintetizan o construyen la enzima convertidora de angiotensina 2 (ECA2), pues el virus tiene una gran afinidad con los receptores de esta enzima, órganos como los pulmones, el corazón, el sistema renal y tracto gastrointestinal.

El espectro clínico de Covid-19 varía de formas asintomáticas a condiciones clínicas caracterizadas por insuficiencia respiratoria severa que requiere ventilación mecánica y apoyo en una unidad de cuidados intensivos (UCI), manifestaciones en varios órganos y sistemas produciendo sepsis, shock séptico y falla orgánica múltiple.

Los GMM, como todos sabemos, son un contrato de buena fe en donde la aseguradora pagará todo el tratamiento de un asegurado hasta el límite monetario fijado, siempre y cuando la enfermedad esté cubierta por las condiciones generales. Sin embargo, desde hace algunos días empezó a surgir una confusión al respecto de esta cobertura y la administración de dióxido de cloro.

La confusión planteaba que las aseguradoras no pagarían el siniestro de Covid-19 si se demostraba que el asegurado había ingerido aquella sustancia; la confusión creció cuando varios agentes participaron sugiriendo que se debía pagar por ser un tratamiento de la enfermedad y otros apuntando que no porque no estaba autorizado por la FDA.

Cuando las compañías y la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) dieron su posicionamiento éste era poco claro, pues nada advertían acerca del dióxido de cloro.

A partir de aquí es donde vienen los problemas, pues muchos gastos pueden cruzarse entre la atención de la infección y el tratamiento por la utilización del dióxido.

Las aseguradoras deben de comprometerse con sus clientes y con el trabajo de los dictaminadores y ser claros en los rechazos, pues el siniestro se abriría y se pagaría por infección de SARS-COV2 y las lesiones por dióxido no tendrían relación con el padecimiento pagado, por lo que el asegurado podría abrir una nueva reclamación pagando deducible y coaseguro para que pudiera la aseguradora pagar el gasto realizado, sin embargo, al ser el dióxido de cloro potencialmente perjudicial, podría ser un rechazo, pues el asegurado se infringe un daño y se produce a sí mismo lesiones y una enfermedad, esto por condiciones generales, y nada tendría que ver que no estuviera autorizado por la FDA o la COFEPRIS.

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