Visión Empresarial Y Seguros

La era del desorden, el nuevo superciclo económico

Marcos Urarte / Director general de Pharos / murarte@pharos.es

La realidad se impone a las sesudas predicciones humanas. A principios del año pasado, el Global Risks Report 2020 del Foro Económico Mundial afirmaba que el principal riesgo al que se enfrentaría la humanidad durante 2020 sería el cambio climático, pero, como sabemos, esto no fue así.

¿Predicciones reales o ficticias?

Nassim Taleb, filósofo e investigador libanés, formuló en 2007 la teoría del cisne negro, según la cual un suceso sorpresivo para el observador y de gran impacto socioeconómico, se racionaliza por retrospección una vez pasado el hecho, haciendo que parezca predecible o explicable y dando la impresión de que se esperaba que ocurriera.

En este mundo incierto han ido apareciendo diferentes teorías complementarias que giran alrededor de la de los cisnes negros. Las más significativas son las de los rinocerontes grises, los elefantes negros y las medusas negras.

Ejemplos de cisnes negros son el inicio de la Primera Guerra Mundial; la gripe española que se originó paradójicamente en Estados Unidos y se transmitió a través de soldados norteamericanos que desembarcaron en un puerto francés en 1918, y los atentados del 11 de septiembre de 2001. En cambio, la pandemia de coronavirus SARS CoV-2 y la enfermedad que provoca, la covid-19,constituyen un rinoceronte gris, puesto que eran predecibles, pero no fueron enfrentadas de forma oportuna.

Ciclos y eras en la economía

La economía se mueve a través de ciclos que se agrupan en eras. Antes de la recesión económica causada por la pandemia actual y después de la Gran Recesión de 2007-2008, Estados Unidos vivió el ciclo económico expansivo más largo de su historia, que abarcó 129 meses seguidos de crecimiento, casi once años de expansión. Así como terminó este ciclo, 2020 marca el fin de una era y el comienzo de otra, cuyo sello es la reversión de la globalización y la transición demográfica. Esta nueva etapa venía gestándose desde hace unos años, pero el proceso se aceleró con la irrupción de la covid-19. El superciclo que ha terminado, la segunda ola de la globalización (1980-2020), se había ido desgastando gradualmente en la última media década.

Durante los últimos 160 años se ha identificado cinco superciclos: la primera era de la globalización (1860-1914), las grandes guerras y la depresión (1914-1945), Bretton Woods y la vuelta del patrón oro (1945-1971), el comienzo del sistema fiduciario y la era de la inflación elevada (1971-1980) y la segunda era de la globalización (1980-2020). A las cuales ahora se suma la era del desorden.

Antecedentes de la era del desorden

La segunda ola de la globalización impulsó la abolición de las regulaciones y los controles de capital, para dar lugar al libre comercio, los flujos globales de capital y un orden internacional más liberal. La demografía apoyó este fenómeno a través de la generación de los baby boomers, que aseguró un enorme aumento de la mano de obra. También China y otros países promovieron el cambio al ofrecer costes laborales inferiores a los de las economías avanzadas.

A mediados de la década de los ochenta, la segunda era de la globalización estaba en pleno apogeo. Había resultado muy beneficiosa para la mayor parte del planeta, porque la inflación disminuyó en gran parte por la enorme cantidad de trabajadores y la integración del mercado laboral mundial, lo que a su vez provocó una baja en la inflación salarial. Todo encajó a la perfección durante casi cuatro décadas, pero cada superciclo termina, aunque comience muy bien.

Durante años, las familias de clase media y baja habían mantenido su nivel de vida incrementando su endeudamiento. Las grietas fueron evidentes después de la crisis de 2007‑2008, tras el fin del ciclo crediticio, que sacó a la luz los problemas que la globalización había generado en los países occidentales. En el foco se encontraba el bajo crecimiento de los salarios reales, la subcontratación, los trabajos mal remunerados y el aumento de la desigualdad. Desde entonces, la globalización ha estado en entredicho. Debido a la pandemia, hoy el cuestionamiento es mayor.

Rasgos de la era del desorden

El nuevo superciclo estará caracterizado por la tensión política y el deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y China, así como por la reversión de una globalización desenfrenada. El país asiático ha estado en el corazón de la segunda era de la globalización y ha sido una potencia económica durante gran parte de la historia. Desde hace 2000 años y hasta principios del siglo XIX, China representó alrededor del 30% de la economía mundial. A principios de la década de los sesenta del siglo pasado, la participación de esta nación en la economía global alcanzó un mínimo histórico del 4%, pero ha recuperado terreno hasta llegar al 16%. El proteccionismo, la relocalización de sectores clave y el resurgimiento de China serán una realidad.

La nueva era coincide con una década decisiva para Europa, obligándola a caer en la fragmentación definitiva o consolidar una unión real. Los enfrentamientos son el pan de cada día en el Viejo Continente y el desorden parece inevitable; sin embargo, la pandemia podría promover una mayor integración si Europa aprovecha su progreso, reinicia su economía y avanza hacia un crecimiento sostenible. Por supuesto que, en caso contrario, se dirigirá hacia una mayor fragmentación y seguirá sumida en el estancamiento económico y la agitación política.

Además, existe el riesgo de que, en la era del desorden, la combinación de una mayor deuda y la normalización de la teoría monetaria moderna (sistema de moneda fiduciaria) genere futuras crisis financieras. A ello hay que añadir el impacto negativo de la pandemia en la inflación y la deflación, pues será mucho más difícil para las autoridades mantener el control de ambas fuerzas y la estabilidad experimentada en la segunda ola de la globalización.

Es claro que la desigualdad aumentará especialmente por los efectos de la covid-19. No todas las industrias y los trabajadores están viviendo la crisis con la misma intensidad y de forma similar. Las compañías tecnológicas y farmacéuticas se han visto muy beneficiadas, lo que ha disparado la riqueza de sus dueños. Sin embargo, existirá cada vez mayor presión en relación con la creación de impuestos digitales o de otro tipo, para contener a las empresas favorecidas por el contexto actual.

Los efectos económicos no solo ocasionarán conflictos entre países, empresas y clases sociales, sino también entre generaciones. Quienes entraron en el mercado laboral durante la última década ya han experimentado las dos crisis más grandes desde la Gran Depresión. Ellos podrían vivir peor que sus padres, pues están a la zaga de estos en cuestiones de propiedad de la vivienda y niveles de endeudamiento. Además, los jóvenes heredarán las grandes cargas de la deuda pública que se ha acumulado. Las diferencias entre sus preferencias y las de los jubilados actuales provocarán una lucha y ensancharán más la brecha intergeneracional.

El cambio climático es precisamente uno de los temas que seguirán enfrentando cada vez más a las generaciones. Por un lado, están quienes defienden el medio ambiente y el clima, que suelen ser los más jóvenes; por el otro, los que dan prioridad a un mayor crecimiento económico. Como se trata de un problema ideológico, será casi imposible evitar la división. Así que debemos prepararnos.

La era del desorden estará asociada a una revolución tecnológica e importantes avances que impactarán en cada una de las facetas de la vida. Estamos experimentando una rápida, positiva y disruptiva digitalización, pero en el proceso veremos no solo grandes ganadores, sino también grandes perdedores.

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